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Share blood. (Fic o intento de XD)
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1, 2, 3, 4 
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
es evidente que umi como ficmaster ni iba a tener errores jujujuju gran trabajo i sigo diciendo que pobre sam..... le pasa de todo
pd: tambien ay un bakayaroo un poco jerk...... jujujuju
umi no me dejes ese pais no te convieneeeeeeeeeeeeeeee....... yo te enseñare ingles quedate!!!!!!!
pd: tambien ay un bakayaroo un poco jerk...... jujujuju
umi no me dejes ese pais no te convieneeeeeeeeeeeeeeee....... yo te enseñare ingles quedate!!!!!!!
_________________
un mundo sin noches? como podria mataros a todos la esperenza sin ella? pronto muy pronto ju.....


kaizo katsu- Maid master
-
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Edad: 26
Localización: encima de tu cadaver mirandolo sin interes
Fecha de inscripción: 05/09/2008
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Las noticias vuelan, por lo que veo XD Kaizooo
Gracias por vuestros comentarios. La verdad es que en el cap si tnía puesta la definición de geek, pero la quité al postear...no se porqué XD
Que ha querido decir la pd? Explicamelo Kaizo!
Gracias por vuestros comentarios. La verdad es que en el cap si tnía puesta la definición de geek, pero la quité al postear...no se porqué XD
Que ha querido decir la pd? Explicamelo Kaizo!
_________________


umi_natori-
Cantidad de envíos: 75
Edad: 18
Localización: Ahora mismo Valencia, mañana quien sabe. EEUU in the future, I hope.
Fecha de inscripción: 08/09/2008
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Bueno! Después de una semana final de exámenes y unas preciosas vacaciones de navidad en las que estaré seguramente fuera de órbita solo me queda deciros MERRY CHRISTMAS A TODOS, o felicies fiestas, para que nadie se me ofenda XD. Y ya puestos feliz año para cuando lo sea.
Y como no estaré en bastante tiempo he pensado en postear un especial de navidad en el que ya veréis quienes leáis que se me fue bastante la pinza y mas que un especial de navidad, es capítulo muy raro. Quien quiera saber lo que significa Oprah ya que sale bastante veces, pues mejor lo pondré aquí en vez de al final, que sino es más pesado XD
Oprah The Oprah Winfrey Show (en español: El show de Oprah Winfrey) es un talk show estadounidense, presentado y producido por Oprah Winfrey.
Es el talk show de programación diurna más antiguo en los Estados Unidos, con más de 20 temporadas y cientos de emisiones desde que se estrenó el 8 de septiembre de 1986.
El programa es muy famoso por el público femenino y muchos discutidos penetran en la conciencia en la cultura norteamericana muy fácilmente. Los primeros episodios seguían una exploración mucho más sensacional a los problemas sociales al estilo de Phil Donahue, pero hoy en día Oprah se transformó eventualmente en un programa que levanta el espíritu que es bastante positivo, marcado por los clubes de libros, las entrevistas a celebridades, los segmentos de perfeccionamiento personal y eventos mundiales.
Sin más dilación os dejo con el capítulo.
ESPECIAL DE NAVIDAD DE SHARE BLOOD O algo así....
En un pueblo muy pequeño de Kansas había una familia que constaba de dos miembros. Una madre llamada Elisabeth y su hijo Alan, de nueve años. En plena época de navidad el pueblo se llenaba de nieve y una ola de turistas. Era temporada alta para el turismo y Alan se encontraba muy mosqueado. Odiaba que viniera tanta gente porque de esa forma su madre pasaba menos tiempo en casa y llegaba muy cansada del trabajo (era camarera en un bar-restaurante muy popular del pueblo).
Así que Alan, como era un niño poco sociable, se pasaba las horas muertes sentado en el sofá y viendo horrorosas películas navideñas. Estaba harto de ver la misma historia cada año, estaba seguro de que se volvería loco y empezaría a imaginar duendes o algo. Y además había un añadido, ya que no podía quejarse ni hacer travesuras para entretenerse porque sino Santa no le traería regalos este año. (Aunque él creía poco en Santa, todo hay que decirlo. Pero si su madre le había dicho que si no se portaba bien no tendría regalos, lo haría)
Creía que no tendría escapatoria para ese eterno aburrimiento. ¿Y si se volvía un viejo por estar tanto tiempo solo? O peor, ¿y si se enganchaba a Oprah?
El niño hizo una mueca de asco ante sus pensamientos,
Eran las siete de la mañana y su madre entró al comedor colocándose la chaqueta. Su madre era muy bonita, con el cabello rubio ondulado y los ojos azules, tenía también la piel muy blanca y una voz muy dulce.
-Alan! ¿Qué haces despierto a estas horas? –la mujer no se esperaba encontrarse al pequeño despierto a esas horas y se sorprendió, obviamente.
-Me aburría, mamá. Y quería despedirte –explicó cuando se madre se arrodilló y apoyó sus manos en las rodillas del niño. Elisabeth sonrió conmovida y besó en la mejilla a su niño.
-Es que tengo un niño que es un sol –dijo ella orgullosa. –bueno, cariño, si te aburres podrías empezar a escribir la carta para Santa y después venir al Bar, creo que Ellen va a traer a su hija Sophy
-Ya tengo la carta escrita, ¿no te acuerdas? –y Elisabeht recordó que su hijo siendo tan previsor como era la escribió el mismo día que empezaron los anuncios de juguetes en la tele y llegó un revista con multitud de cosas que podía pedir. Todavía la tenía bien guardada y lista para seleccionar de entre todos los juguetes el que iba a “traerle” Santa - y no quiero jugar con Sophy –añadió como si fuera una blasfemia que siquiera lo hubiera sugerido.
-¿Porque?
-Porque es una niña, mamá –y parecía una razón muy de peso para Alan –y siempre trae a sus muñecos y quiere que juguemos a las casitas y yo soy un niño! Y si le digo que no se pone a llorar, Sophy esa una llorica
La mujer rió ante la explicación del niño. Él se lo había explicado de manera muy seria y como algo muy importante y lógico.
-Bueno –repuso ella suavemente –entonces ve a dormir un rato, luego vienes al bar y si encuentro a alguien que pueda cuidar de ti te dejaré ir a jugar un rato con la nieve
-Pero yo soy ya grande, mamaaa –se quejó. – no necesito que nadie me cuide
-Ya lo se, cariño –le dio otro beso en la mejilla y lo llevó hacia su cuarto. Arropándolo con las mantas, añadió bajito –pero mamá se queda más tranquila si sabe que alguien está contigo –y revolvió cariñosamente sus lisos mechones rubios y partió a trabajar.
Alan se quedó dormido poco después que su madre se marchara.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
-Mamii! No quiero ir –lloriqueó un pequeño de siete años cuando el coche en el que viajaba la familia se detenía en el pueblo de destino. Sara (su madre) ignoró totalmente las quejas del menor como había echo desde que se pusieron en marcha desde Olathe.
-Ya sabes que la abuela está enferma y estará muy contenta de verte. –explicó por milésima vez para hacérselo entender al niño- ¡Te lo pasarás muy bien! –exclamó en un intento de animarle. Pero el niño infló sus cachetes y se cruzó de brazos, el largo flequillo ocultó sus ojos verdes cuando agachó la cabeza para no mirarla. Ella suspiró resignada y procedió a bajar del coche.
-¿Pero porque papá y Josh no han venido? –preguntó de nuevo quejicoso.
Sam presentía que iban a ser las peores navidades del mundo, también sabía que si seguía con su berrinche quizás Santa no le traería nada, pero no le importó en ese momento.
-Porque tu hermano tiene que ir de excursión con la escuela y tu padre trabaja. – y su tono no dio a opción a más quejas por lo que el niño decidió, sabiamente, callarse. Sara desabrochó el cinturón del niño y éste bajó del coche pegando un salto. Entonces caminaron hacia la parte derecha para coger las maletas.
Había sido verdadera mala suerte que su madre se pusiera enferma justo en esta fecha. No había tenido más remedio que desplazarse para cuidar que todo estuviera bien. A veces lamentaba ser hija única. Y encima debía cargar con el quejicoso de su hijo pequeño, lo que daría por haber podido traer a Josh, así al menos lo distraía.
Pero ya se encargaría ella de buscar una niñera o algo que se hiciera cargo del niño porque si por la abuela fuera Sam pasaría las navidades encerrado en casa sosteniendo el hilo entre sus manos mientras la mujer cosía. Y Sara no iba a permitir que se le arruinaran las vacaciones. Sólo debía esperar a que su marido cogiera vacaciones pronto y se viniera con su hijo mayor, y para eso quedaban muuuchos días.
Mientras haría lo que pudiera.
Quitando esos pensamientos de su cabeza (no quería deprimirse de buena mañana) cargó las maletas y agarró con la mano libre la mano de su niño, que se la cogió mientras bufaba.
-Ahora iremos a ver a la abuela y después a desayunar, vale? –intentó ser amable para animar a Sammy. Pero él ni le miró y soltó por lo bajo.
-Huele raro…
Y ella bien sabía a lo que se refería por lo que contestó.
-No se te ocurra decírselo a tu abuela. Es ya muy mayor, Sam.
-Valeee –y luego dijo bajito para que su madre no le oyera – pero huele raro
El pueblo no era muy grande, constaría de 10.000 habitantes o así, aunque doblaba su población en la temporada alta de turismo. Como estos meses.
Pero a Sam eso no le importaba ni lo más mínimo. No visitaba ese pueblo desde hacía mucho tiempo ya que era su abuela la que venía a Olathe a verlos. Y ahora, saber que debía quedarse allí durante no sabía cuanto le molestaba.
-Ojalá Josh estuviera aquí
Cruzaron la avenida principal del pueblo y torcieron hacia una pequeña calle donde se encontraba un bar bastante grande. Sara de pasada dijo que pararían allí para desayunar y el niño asintió ausente. Unos metros más allá se alzaba una casa de dos pisos de color amarillo algo sucio ya (Sam arrugó la nariz ante las pintas de la casa, tan diferente a la suya en Olathe, se veía fea)
Ambos se detuvieron delante de la puerta y como sincronizados tomaron aire antes de que Sara tocara el timbre. Esperaron pocos minutos hasta que la puerta se abrió y se asomó una mujer de unos cincuenta y pocos años, no era mayor en realidad, pero la mujer estaba algo débil por una neumonía que había pasado hace poco y había recaído. Era de estatura normal, bastante delgada y con el cabello gris corto bien peinado. No se parecía nada a su hija, su rostro era de nariz rechoncha y ojos pequeños de color miel. Y muy arrugada (a Sammy le parecía una pasa seca, pero no compartió su opinión con su madre). No era tan cariñosa como Sara, pero quería a sus nietos y siempre les compraba dulces
La anciana sonrió cálidamente a su hija y a su nieto con un beso en la mejilla a cada uno y todos entraron en la casa.
-Que grande estás, Joshy! –exclamó deteniéndose delante del niño.
El niño frunció el ceño.
-Es Sam –y al recibir una mirada de advertencia de su madre por su brusca respuesta, susurró para si más bajito riéndose –Joshy es un dinosaurio de Supermario
-Ay, perdona, cariño. Ya sabes como soy para los nombres –se disculpó sin sentirlo realmente. Era algo habitual para ella cambiarles el nombre al dirigirse a ellos, a nadie le importaba, pero a Sammy aun le dolía que le hubiera llamado Sebastian ya que ese era el nombre de su gato. Y Sam odiaba al gato.
Y justo pensar en él oyó el suave maullido de la fiera. Ojos verdes chocaron con ojos azules. Sebastian era un gato de siete años ya, era un siamés bastante rechoncho y que parecía tenerle una manía especial al niño. Quizás porque cuando él llegó a la casa antes y lo consideraba inferior (esa era la teoría del niño, claro). Su madre decía que era imposible que el gato le odiara y que ya estaba mayor y era normal que no controlara su vejiga y se meara en su cama y que revolviera la ropa de su armario (porque era el sitio favorito de Sebastian).
Mentira.
A Josh no le hacía eso. Solo a él.
Asco de gato
Gato y niño se observaron evaluándose y reconociéndose mutuamente. A Sam le pareció que la mirada del gato era maligna y le dio miedo, casi le pareció ver una sonrisa malvada en su cara. Por ello se apegó a la pierna de su madre.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Alan salió de casa pocas horas después de que Elisabeth se marchara. Estaba aburrido y no tenía más sueño. Iba adecuadamente abrigado con gorro, bufanda y guantes ya que sino su mamá seguro le regañaba.
Había decidido coger también el trineo por si tenía suerte y le permitía ir a jugar. Todavía le hería en el orgullo que no confiara en él para salir solo, ¡El ya era un niño grande! Sabía cuidarse solo. Pero ella decía que con su carita de angelito no podía fiarse de que alguien malo le secuestrara.
Bah! No era una niña llorona y NO era un angelito. Era un niño valiente y fuerte.
Caminó con dificultad entre la nieve unos cuantos metros de su casa y se encontró con el bar donde trabajaba su madre al final de la calle, en una esquina. Donna’s se llamaba el bar. Un nombre tonto en opinión de Alan.
Entró y rápidamente notó como la frialdad de fuera era sustituida por ambiente calentito. Localizó a su madre en una de las mesas sirviendo algo a una mujer castaña con su hijo, parecían charlar de algo interesante y el niño parecía aburrido, así que se acercó.
-Entonces podríamos quedar así, ¿te parece Sara?
Y se colocó a un lado de su madre cortando la charla. Elisabeth sonrió contenta de verle allí por algún motivo en especial, sin duda, ya que sino ya tendría a Sophy encima y a Ellen esperándole.
-Hola, cariño –besó su mejilla.-éstos son Sara y su hijo Sam –Alan asintió al saludo de la mujer, el niño le miraba con timidez y no había dicho nada y él tampoco quiso decir nada Miraba atentamente a su madre a la espera de que soltara la bomba. Y no tardó en llegar.
-Estaba hablando con Sara y que ya que no tiene lugar donde dejar a Sam podría quedarse contigo a jugar en casa –y había una advertencia velada en su mirada para que fuera educado y dijera que si. Pero él era más testarudo que eso.
-Pero mamiii, yo quiero jugar con el trineo
-Ya lo sé –suspiró- pero han pronosticado fuertes tormentas para hoy y yo no tengo tiempo para llevarte. Además así no te aburrirás y Sam tendrá alguien con quien jugar también –bien pensado la cosa no se veía mal, aunque no tuviera ganas de volver a casa otra vez esta vez tendría alguien con quien jugar y si se portaba bien quizás su madre le recompensaría y tampoco estaría mal hacer un amigo.
-De acuerdo –decidió al fin. Ambas mujeres se sonrieron aliviadas con su decisión. Entonces Sara se levantó con el niño de la mano, acercó a Sam hacia él.
-Pórtate bien, cielo. Vendré a buscarte para la hora de cenar, vale? –y como el niño solo agitó la cabeza como respuesta ella le revolvió el cabello y salió del bar dándole las gracias de nuevo a Elisabeth. Ésta volvió a la barra advirtiendo a su hijo de que se portara bien y tratara bien a Sam y bla bla bla
Tonterías.
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Se quedaron solos fuera del Bar sin saber muy bien que decir ni que hacer.
-Buenooo, te apetece venir a casa? –y el niño agitó otra vez la cabeza. Lo tomó como un si.
Comenzaron a caminar sin decirse nada. A Alan le incomodaba mucho y no sabía muy bien que decir. Así que soltó lo primero que se le vino a la mente.
-¿Te gusta Oprah?
Y el niño le miró confuso y negó con la cabeza. Pregunta desafortunada sin duda, pero Alan no se rendía y soltó de nuevo.
-¿Sabes que con esa actitud tan “retradia” conseguirás ser objetivo de un acosador en un futuro? –y el niño le miró con sus grandes ojos verdes, asustado –o eso leí en una revista en el Bar –no parecía para nada asustado con esa declaración.
-De-de verdad –y Sammy sí parecía asustado con la idea.
-Nah, no lo creo. Eso solo les pasa a los niños que se portan mal y en todo caso sería el hombre del saco quien vendría –se notaba porque no tenía amigos con esa declaración tan directa de poca sutileza. Alan estaba demasiado acostumbrado a hablar con los compañeros de trabajo de su madre y leer revistas cuando se aburría. No estaba acostumbrado a tratar con niños de su edad y menos con niños más pequeños que él. Sam rodeó con sus brazos su cuerpo y miró desconfiado todo lo que podía.
Tenía miedo de que el hombre del saco viniera.
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Y como no estaré en bastante tiempo he pensado en postear un especial de navidad en el que ya veréis quienes leáis que se me fue bastante la pinza y mas que un especial de navidad, es capítulo muy raro. Quien quiera saber lo que significa Oprah ya que sale bastante veces, pues mejor lo pondré aquí en vez de al final, que sino es más pesado XD
Oprah The Oprah Winfrey Show (en español: El show de Oprah Winfrey) es un talk show estadounidense, presentado y producido por Oprah Winfrey.
Es el talk show de programación diurna más antiguo en los Estados Unidos, con más de 20 temporadas y cientos de emisiones desde que se estrenó el 8 de septiembre de 1986.
El programa es muy famoso por el público femenino y muchos discutidos penetran en la conciencia en la cultura norteamericana muy fácilmente. Los primeros episodios seguían una exploración mucho más sensacional a los problemas sociales al estilo de Phil Donahue, pero hoy en día Oprah se transformó eventualmente en un programa que levanta el espíritu que es bastante positivo, marcado por los clubes de libros, las entrevistas a celebridades, los segmentos de perfeccionamiento personal y eventos mundiales.
Sin más dilación os dejo con el capítulo.
ESPECIAL DE NAVIDAD DE SHARE BLOOD O algo así....
En un pueblo muy pequeño de Kansas había una familia que constaba de dos miembros. Una madre llamada Elisabeth y su hijo Alan, de nueve años. En plena época de navidad el pueblo se llenaba de nieve y una ola de turistas. Era temporada alta para el turismo y Alan se encontraba muy mosqueado. Odiaba que viniera tanta gente porque de esa forma su madre pasaba menos tiempo en casa y llegaba muy cansada del trabajo (era camarera en un bar-restaurante muy popular del pueblo).
Así que Alan, como era un niño poco sociable, se pasaba las horas muertes sentado en el sofá y viendo horrorosas películas navideñas. Estaba harto de ver la misma historia cada año, estaba seguro de que se volvería loco y empezaría a imaginar duendes o algo. Y además había un añadido, ya que no podía quejarse ni hacer travesuras para entretenerse porque sino Santa no le traería regalos este año. (Aunque él creía poco en Santa, todo hay que decirlo. Pero si su madre le había dicho que si no se portaba bien no tendría regalos, lo haría)
Creía que no tendría escapatoria para ese eterno aburrimiento. ¿Y si se volvía un viejo por estar tanto tiempo solo? O peor, ¿y si se enganchaba a Oprah?
El niño hizo una mueca de asco ante sus pensamientos,
Eran las siete de la mañana y su madre entró al comedor colocándose la chaqueta. Su madre era muy bonita, con el cabello rubio ondulado y los ojos azules, tenía también la piel muy blanca y una voz muy dulce.
-Alan! ¿Qué haces despierto a estas horas? –la mujer no se esperaba encontrarse al pequeño despierto a esas horas y se sorprendió, obviamente.
-Me aburría, mamá. Y quería despedirte –explicó cuando se madre se arrodilló y apoyó sus manos en las rodillas del niño. Elisabeth sonrió conmovida y besó en la mejilla a su niño.
-Es que tengo un niño que es un sol –dijo ella orgullosa. –bueno, cariño, si te aburres podrías empezar a escribir la carta para Santa y después venir al Bar, creo que Ellen va a traer a su hija Sophy
-Ya tengo la carta escrita, ¿no te acuerdas? –y Elisabeht recordó que su hijo siendo tan previsor como era la escribió el mismo día que empezaron los anuncios de juguetes en la tele y llegó un revista con multitud de cosas que podía pedir. Todavía la tenía bien guardada y lista para seleccionar de entre todos los juguetes el que iba a “traerle” Santa - y no quiero jugar con Sophy –añadió como si fuera una blasfemia que siquiera lo hubiera sugerido.
-¿Porque?
-Porque es una niña, mamá –y parecía una razón muy de peso para Alan –y siempre trae a sus muñecos y quiere que juguemos a las casitas y yo soy un niño! Y si le digo que no se pone a llorar, Sophy esa una llorica
La mujer rió ante la explicación del niño. Él se lo había explicado de manera muy seria y como algo muy importante y lógico.
-Bueno –repuso ella suavemente –entonces ve a dormir un rato, luego vienes al bar y si encuentro a alguien que pueda cuidar de ti te dejaré ir a jugar un rato con la nieve
-Pero yo soy ya grande, mamaaa –se quejó. – no necesito que nadie me cuide
-Ya lo se, cariño –le dio otro beso en la mejilla y lo llevó hacia su cuarto. Arropándolo con las mantas, añadió bajito –pero mamá se queda más tranquila si sabe que alguien está contigo –y revolvió cariñosamente sus lisos mechones rubios y partió a trabajar.
Alan se quedó dormido poco después que su madre se marchara.
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-Mamii! No quiero ir –lloriqueó un pequeño de siete años cuando el coche en el que viajaba la familia se detenía en el pueblo de destino. Sara (su madre) ignoró totalmente las quejas del menor como había echo desde que se pusieron en marcha desde Olathe.
-Ya sabes que la abuela está enferma y estará muy contenta de verte. –explicó por milésima vez para hacérselo entender al niño- ¡Te lo pasarás muy bien! –exclamó en un intento de animarle. Pero el niño infló sus cachetes y se cruzó de brazos, el largo flequillo ocultó sus ojos verdes cuando agachó la cabeza para no mirarla. Ella suspiró resignada y procedió a bajar del coche.
-¿Pero porque papá y Josh no han venido? –preguntó de nuevo quejicoso.
Sam presentía que iban a ser las peores navidades del mundo, también sabía que si seguía con su berrinche quizás Santa no le traería nada, pero no le importó en ese momento.
-Porque tu hermano tiene que ir de excursión con la escuela y tu padre trabaja. – y su tono no dio a opción a más quejas por lo que el niño decidió, sabiamente, callarse. Sara desabrochó el cinturón del niño y éste bajó del coche pegando un salto. Entonces caminaron hacia la parte derecha para coger las maletas.
Había sido verdadera mala suerte que su madre se pusiera enferma justo en esta fecha. No había tenido más remedio que desplazarse para cuidar que todo estuviera bien. A veces lamentaba ser hija única. Y encima debía cargar con el quejicoso de su hijo pequeño, lo que daría por haber podido traer a Josh, así al menos lo distraía.
Pero ya se encargaría ella de buscar una niñera o algo que se hiciera cargo del niño porque si por la abuela fuera Sam pasaría las navidades encerrado en casa sosteniendo el hilo entre sus manos mientras la mujer cosía. Y Sara no iba a permitir que se le arruinaran las vacaciones. Sólo debía esperar a que su marido cogiera vacaciones pronto y se viniera con su hijo mayor, y para eso quedaban muuuchos días.
Mientras haría lo que pudiera.
Quitando esos pensamientos de su cabeza (no quería deprimirse de buena mañana) cargó las maletas y agarró con la mano libre la mano de su niño, que se la cogió mientras bufaba.
-Ahora iremos a ver a la abuela y después a desayunar, vale? –intentó ser amable para animar a Sammy. Pero él ni le miró y soltó por lo bajo.
-Huele raro…
Y ella bien sabía a lo que se refería por lo que contestó.
-No se te ocurra decírselo a tu abuela. Es ya muy mayor, Sam.
-Valeee –y luego dijo bajito para que su madre no le oyera – pero huele raro
El pueblo no era muy grande, constaría de 10.000 habitantes o así, aunque doblaba su población en la temporada alta de turismo. Como estos meses.
Pero a Sam eso no le importaba ni lo más mínimo. No visitaba ese pueblo desde hacía mucho tiempo ya que era su abuela la que venía a Olathe a verlos. Y ahora, saber que debía quedarse allí durante no sabía cuanto le molestaba.
-Ojalá Josh estuviera aquí
Cruzaron la avenida principal del pueblo y torcieron hacia una pequeña calle donde se encontraba un bar bastante grande. Sara de pasada dijo que pararían allí para desayunar y el niño asintió ausente. Unos metros más allá se alzaba una casa de dos pisos de color amarillo algo sucio ya (Sam arrugó la nariz ante las pintas de la casa, tan diferente a la suya en Olathe, se veía fea)
Ambos se detuvieron delante de la puerta y como sincronizados tomaron aire antes de que Sara tocara el timbre. Esperaron pocos minutos hasta que la puerta se abrió y se asomó una mujer de unos cincuenta y pocos años, no era mayor en realidad, pero la mujer estaba algo débil por una neumonía que había pasado hace poco y había recaído. Era de estatura normal, bastante delgada y con el cabello gris corto bien peinado. No se parecía nada a su hija, su rostro era de nariz rechoncha y ojos pequeños de color miel. Y muy arrugada (a Sammy le parecía una pasa seca, pero no compartió su opinión con su madre). No era tan cariñosa como Sara, pero quería a sus nietos y siempre les compraba dulces
La anciana sonrió cálidamente a su hija y a su nieto con un beso en la mejilla a cada uno y todos entraron en la casa.
-Que grande estás, Joshy! –exclamó deteniéndose delante del niño.
El niño frunció el ceño.
-Es Sam –y al recibir una mirada de advertencia de su madre por su brusca respuesta, susurró para si más bajito riéndose –Joshy es un dinosaurio de Supermario
-Ay, perdona, cariño. Ya sabes como soy para los nombres –se disculpó sin sentirlo realmente. Era algo habitual para ella cambiarles el nombre al dirigirse a ellos, a nadie le importaba, pero a Sammy aun le dolía que le hubiera llamado Sebastian ya que ese era el nombre de su gato. Y Sam odiaba al gato.
Y justo pensar en él oyó el suave maullido de la fiera. Ojos verdes chocaron con ojos azules. Sebastian era un gato de siete años ya, era un siamés bastante rechoncho y que parecía tenerle una manía especial al niño. Quizás porque cuando él llegó a la casa antes y lo consideraba inferior (esa era la teoría del niño, claro). Su madre decía que era imposible que el gato le odiara y que ya estaba mayor y era normal que no controlara su vejiga y se meara en su cama y que revolviera la ropa de su armario (porque era el sitio favorito de Sebastian).
Mentira.
A Josh no le hacía eso. Solo a él.
Asco de gato
Gato y niño se observaron evaluándose y reconociéndose mutuamente. A Sam le pareció que la mirada del gato era maligna y le dio miedo, casi le pareció ver una sonrisa malvada en su cara. Por ello se apegó a la pierna de su madre.
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Alan salió de casa pocas horas después de que Elisabeth se marchara. Estaba aburrido y no tenía más sueño. Iba adecuadamente abrigado con gorro, bufanda y guantes ya que sino su mamá seguro le regañaba.
Había decidido coger también el trineo por si tenía suerte y le permitía ir a jugar. Todavía le hería en el orgullo que no confiara en él para salir solo, ¡El ya era un niño grande! Sabía cuidarse solo. Pero ella decía que con su carita de angelito no podía fiarse de que alguien malo le secuestrara.
Bah! No era una niña llorona y NO era un angelito. Era un niño valiente y fuerte.
Caminó con dificultad entre la nieve unos cuantos metros de su casa y se encontró con el bar donde trabajaba su madre al final de la calle, en una esquina. Donna’s se llamaba el bar. Un nombre tonto en opinión de Alan.
Entró y rápidamente notó como la frialdad de fuera era sustituida por ambiente calentito. Localizó a su madre en una de las mesas sirviendo algo a una mujer castaña con su hijo, parecían charlar de algo interesante y el niño parecía aburrido, así que se acercó.
-Entonces podríamos quedar así, ¿te parece Sara?
Y se colocó a un lado de su madre cortando la charla. Elisabeth sonrió contenta de verle allí por algún motivo en especial, sin duda, ya que sino ya tendría a Sophy encima y a Ellen esperándole.
-Hola, cariño –besó su mejilla.-éstos son Sara y su hijo Sam –Alan asintió al saludo de la mujer, el niño le miraba con timidez y no había dicho nada y él tampoco quiso decir nada Miraba atentamente a su madre a la espera de que soltara la bomba. Y no tardó en llegar.
-Estaba hablando con Sara y que ya que no tiene lugar donde dejar a Sam podría quedarse contigo a jugar en casa –y había una advertencia velada en su mirada para que fuera educado y dijera que si. Pero él era más testarudo que eso.
-Pero mamiii, yo quiero jugar con el trineo
-Ya lo sé –suspiró- pero han pronosticado fuertes tormentas para hoy y yo no tengo tiempo para llevarte. Además así no te aburrirás y Sam tendrá alguien con quien jugar también –bien pensado la cosa no se veía mal, aunque no tuviera ganas de volver a casa otra vez esta vez tendría alguien con quien jugar y si se portaba bien quizás su madre le recompensaría y tampoco estaría mal hacer un amigo.
-De acuerdo –decidió al fin. Ambas mujeres se sonrieron aliviadas con su decisión. Entonces Sara se levantó con el niño de la mano, acercó a Sam hacia él.
-Pórtate bien, cielo. Vendré a buscarte para la hora de cenar, vale? –y como el niño solo agitó la cabeza como respuesta ella le revolvió el cabello y salió del bar dándole las gracias de nuevo a Elisabeth. Ésta volvió a la barra advirtiendo a su hijo de que se portara bien y tratara bien a Sam y bla bla bla
Tonterías.
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Se quedaron solos fuera del Bar sin saber muy bien que decir ni que hacer.
-Buenooo, te apetece venir a casa? –y el niño agitó otra vez la cabeza. Lo tomó como un si.
Comenzaron a caminar sin decirse nada. A Alan le incomodaba mucho y no sabía muy bien que decir. Así que soltó lo primero que se le vino a la mente.
-¿Te gusta Oprah?
Y el niño le miró confuso y negó con la cabeza. Pregunta desafortunada sin duda, pero Alan no se rendía y soltó de nuevo.
-¿Sabes que con esa actitud tan “retradia” conseguirás ser objetivo de un acosador en un futuro? –y el niño le miró con sus grandes ojos verdes, asustado –o eso leí en una revista en el Bar –no parecía para nada asustado con esa declaración.
-De-de verdad –y Sammy sí parecía asustado con la idea.
-Nah, no lo creo. Eso solo les pasa a los niños que se portan mal y en todo caso sería el hombre del saco quien vendría –se notaba porque no tenía amigos con esa declaración tan directa de poca sutileza. Alan estaba demasiado acostumbrado a hablar con los compañeros de trabajo de su madre y leer revistas cuando se aburría. No estaba acostumbrado a tratar con niños de su edad y menos con niños más pequeños que él. Sam rodeó con sus brazos su cuerpo y miró desconfiado todo lo que podía.
Tenía miedo de que el hombre del saco viniera.
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umi_natori-
Cantidad de envíos: 75
Edad: 18
Localización: Ahora mismo Valencia, mañana quien sabe. EEUU in the future, I hope.
Fecha de inscripción: 08/09/2008
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Otra parte, que no me cabe todo! XD
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Dejó el pesado saco a un lado y descansó durante unos minutos contemplando el armario vacío de regalos. Había robado suficientes regalos del pueblo de al lado y ahora tocaba éste. Ya se imaginaba la cara de sorpresa de los padres y la tristeza de los niños. ¡Que delicia!
Se dirigió al árbol del salón y observó su decoración ensimismado, era bastante cutre, y ya con el trabajo hecho caminó hacia la ventana de en frente por la que había entrado en primer lugar. Hacía años que había dejado de entrar por las chimeneas, demasiado cliché para alguien sofisticado como él.
Había entrado una vez comprobado que no había nadie en la casa, tampoco se le pasó por la mente que quizás volvieran pronto o algo. Quizás debería haber entrado de noche y no en plena luz. Pero para ello se necesitaba más cerebro.
Cuando ya había abierto la ventana y se preparaba para salir.
-hey! –esa voz infantil produjo que pegara un brinco asustado (se pegara un coscorrón contra el marco de la ventana) y girara por inercia la cabeza.
Delante de él se encontraban dos niños de 9 y 7 años calculó. Un rubito con cara de niña y otro con el pelo ondulado castaño oscuro muy “mono” como diría su anciana madre. Ambos con los ojos verdes alargados pero con expresiones muy distintas, el mayor desprendía ira y el otro miedo.
Pero como buenos niños que eran, eran curiosos y tuvieron que preguntar primero antes que alarmarse.
-¿Quién eres?
-Soy Santa Claus! –declaró con una mueca excesivamente benigna.
Alan alzó una ceja, escéptico. Sam, por el contrario, abrió mucho los ojos y gritó (olvidándose de toda su timidez anterior).
-¡¿De verdad?! ¿Eres Santa?!
-Claro que si, niño
Pero Alan acabó rápidamente con la sonrisa aliviada del tipo y su aparentemente perfecta afirmación.
-¿Cómo quieres que me crea que eres Santa si tienes la cara verde?– espetó incrédulo Alan.- Más bien pareces el Grunch
-Eso! –alegó la voz infantil de Sam dándose cuenta de golpe de ese pequeño detalle y apoyando a su (nuevo y acabado de conocer) amigo –Santa es un hombre mayor que siempre sonríe y ¡lleva gafas y va vestido de rojo! Y tiene un carruaje con renos y-
-Oh, cállate, pesado –exclamó el bautizado-Grunch cansado de tanta cháchara sin sentido. Sam calló de golpe, asustado y aferrándose a la chaqueta de Alan y escondiéndose detrás. –ya os he dicho que soy el ayudante de Santa Claus y he venido a repartir regalos a todos los niños
-No has dicho eso antes y tampoco me lo creo –replicó el rubio enseguida.
–Tienes cara de malo y hueles como mi abuelita –murmuró bajito el menor, y ante eso último hace una mueca con la nariz, como asqueado.
Faden (así se llamaba él en realidad) tuvo que hacer todo lo que podía por no saltar sobre ambos niños, maldijo que le hubiera pillado en pleno robo. Esos malditos críos pesados.Hizo una mueca que intentaba ser una sonrisa bonachona pero con la que fracasó estrepitosamente.
El rubio no estaba nada seguro de lo que les decía ese tipo porque para empezar, tenía la cara verde y vestirse de papa-Noel podía hacerlo cualquiera. Pero todavía sentía curiosidad, así que quiso indagar algo más.
-además, si eres Santa como tú dices, ¿Qué haces aquí? Todavía no es el día de los regalos
El extraño-Santa pareció sorprendido por esa declaración, como si no supiera que decir para defenderse.
-Pues, verás…- vaciló levemente. ¿Comprobando que os portarais bien?
-Pero no me preguntes a mi, idiota
-Alan! Has dicho una palabrota! Se lo diré a tu mamá! –chilló Sam asombrado y apartándose de él como quien se aparta de la peste. Alan se giró hacia éste bufando irritado.
-No lo he dicho!
-Sí lo has dicho!
-Que no!
-Que sí!
-Que sí!
-Que no! –gritó el castaño. Y en vez de prestar atención al extraño que había entrado en casa de Alan empezaron a discutir sobre la palabrota que había dicho Alan y también acabaron discutiendo sobre si Sam era un bebé llorica y chivato.
Y Alan sonrió triunfal ganando la batalla.
-Aja! ¿Ves como no?
Y el tipo les miraba y no sabía muy bien que hacer (estaba mosqueándose mucho) y tampoco podía dejar a esos críos por ahí sueltos para que contaran su secreto. Así que tomó una decisión bien rápido.
Salió corriendo huyendo del comedor llamando la atención de los niños que inmediatamente corrieron detrás de él. El tipo se dirigió hacia el primer cuarto que tuvo cerca, que resultó ser la habitación de Elisabeth, y sin preámbulos se lanzó en plancha debajo de la cama. Los niños siguieron sus pasos sin darse cuenta de nada extraño en perseguir a un desconocido que les doblaba en tamaño y que se había metido debajo de una cama y no había rastro de él al otro lado.
Así que no fue tan raro que cuando salieran de la cama el lugar que les diera la bienvenida no fuera el cuarto de Elisabeth ni nada conocido.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El lugar era cualquier cosa menos normal, estaban en medio de un camino de piedra amarillo, a ambos lados había extensiones de prado verde brillante y en la lejanía podían ver una ciudad de pequeñas casas. Pero a pesar del aspecto idílico del lugar había un aire macabro que tenía desconcertado a Alan.
Era bastante bizarra la situación en la que se encontraban, pero solo tenía una cosa clara de todo esto y es, ¡Todo es culpa de Sam!
Él ya sabía que ese tipo no era de fiar (con una cara verde y pinta de Grunch quién podía serlo?) Pero Sammy se lo creyó y no le hizo caso a él –que era el mayor- y se había fiado de las intenciones de Grunch y ahora por su culpa estaban aquí. Solos y Grunch se había esfumado.
-¡Buaaaah, yo quiero volver a casa! –los lloros del niño estaban acabando con su –reducida- paciencia. Alan se acercó a Sam, que se encontraba llorando a lágrima viva y con las manos en su cara desde que aterrizaron allí.
-Vamos, Sam, no llores –susurró para intentar calmarlo con voz suave. Maldito el día y maldita su suerte y eso que acababan de conocerse y ya era como si se conocieran de toda la vida – no es tan malo
-¿Cómo que no? –le increpó el niño hipando y las mejillas rojas de tanto llorar. Pero se había detenido y eso era suficiente para Alan.
-Podíamos haber acabado peor. Imagina que hubiéramos acabado en Oprah –y Sam hizo una mueca confusa ante esto, y Alan no podía entender su trauma con Oprah tampoco, así que añadió para hacerse entender- o imagina que el tipo fuera un secuestrador…
La acababa de cagar con ese argumento en cuanto vió el labio inferior de Sam temblar y su mirada desconsolada. Le tomó de las manos con rapidez por si volvía a tapar sus ojos con ellas y para que le hiciera caso y no llorara –espera, espera. Estamos en el mundo de “Disna” y seguro no nos pasará nada. Será como ver los dibujos pero en directo –y fingió asombrarse por tal descubrimiento tan fantástico.
-Disney –replicó bajito el castaño.
-¿Que? –Alan parecía confuso por ese inciso.
El niño tomó aire, relajándose.
-Se llama el mundo de Disney –entonces pareció haber descubierto algo divertido porque le miró con una extraña sonrisa. -¿Te gusta Mickey?
-¿Que? No!! –chilló indignado/avergonzado el mayor, un tono rosado creció en sus mejillas.
Pero ya era tarde para rectificarse. Sam empezó a reir gritando “te gusta Mickey” “eres un bebé” y entonces reanudaron el paso caminando uno al lado del otro en busca del falso Santa y una forma de volver a su casa.
Al menos, se dijo Alan, había hecho que Sam parara de llorar. Aunque fuera a su costa.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El pueblo se llamaba Hallow y estaba lleno de casitas de diferentes tamaños y colores chillones. Había visto una en forma de calabaza y todo!
Ahora que habían llegado les faltaba averiguar donde vivía el bautizado-Grunch y para hacerlo debían preguntarle a alguien.
Alan agarró bien fuerte a Sam y corrió hacia una anciana de aspecto agradable que llevaba una cesta de la compra.
-Perdone, señora –empezó a decir.
-Hola, caramelitos –saludó, y tenía una voz extraña, como sobreactuada que a Alan no le gustó mucho. – queréis venir a mi casa? –y señaló hacia la derecha donde empezaba una filera de casitas- es aquella casa de caramelos! –parecía tan amable que resultaba sospechoso y a Alan nunca una vieja, siquiera su abuela, le había tratado tan pastelosamente. Pero Sam se fió totalmente, como era taaaan inocente.
La abuela se dirigió hacia la casa al ver que el menor la seguía pero Alan le agarró de la chaqueta y detuvo su paso.
-Hey, quieto parao –le soltó agarrándole bien fuerte.
-Pero Alan, ¡esa señora tiene una casa de caramelos! –se lo dijo como si fuera impensable que no quisiera ir allí
-No me gustan los dulces –espetó cortante. –y además, ¿no ves algo extraño en esa señora?
-¿Como que? –y pareció muy curiosos ahora, olvidando su queja con rapidez. La abuela seguía caminando hacia su casa de espaldas a ellos viendo que no la seguían. No parecía importarle mucho aunque cada poco rato les mirada de reojo y ralentizaba el paso.
-Como por ejemplo…su voz excesivamente pastelosa o el pequeño detalle de que tiene colmillo. ¡¡Colmillos Sam!! ¡Col-mi-llos!
-Y eso que?! Eres “radisa” Alan?
-Espero que no estés intentando decir racista, Sammy, porque sino te daré un golpe –y fingió que se lo daba y Sam cubrió su cabeza agachándose y quejándose de paso. Y no le había llegado a tocar! Solo había movido la mano hasta que estaba a pocos centímetros de su cabeza.
-Ay, Alan, se lo diré a tu mamá
-Pero si no te he dado!
-Si me has dado1
-Que no!
-Que si!
-Lo que quieras, Sam, me cansa mucho pelear contigo –se quejo el rubio cansado de estar allí. Faltaba poco para navidad y ellos aquí metidos. Quería estar con su madre, inclusos prefería tirarse el día viendo películas navideñas antes que estar aquí o incluso Oprah (y psicoanalizarse de paso para ver que problema tenía con ese programa, también).
Se había sentado en el suelo con la cabeza gacha, deprimido.
-Alan –la vocecita infantil de Sam ni le inmutó. Se quedó quieto y Sammy como es natural se asustó el solito. –Alan, no llores, no se lo diré a tu mamá y me quedaré calladito –su voz estaba llena de sentimiento y angustia y podía visualizar el gesto de colocar un dedo en su boca.
Alan sonrió para si y levantó la cabeza, Sammy se había agachado a su altura y tenía los ojos vidriosos, listo para llorar.
-No estoy llorando. –dijo y ambos se levantaron más aliviados que antes. Era increíble la capacidad de Sam para llorar y reír en pocos segundos.-ahora vamos a preguntar a ese chico de allí –señaló al susodicho que debía tener veintipocos y parecía un perdedor con esa mirada aburrida en su casa y la ropa maltrecha. Estaba sentado en un banco completamente espatarrado y con un gato negro con ¿era un borro de bruja? A su lado.
-Oye
-El tipo que buscáis no está aquí –contestó el gato mirándoles fijamente con sus ojos amarillos.
-Quien-
-Se llama Faden, es un idiota que a sus treinta años vive con su madre. En la casa verde al fondo de esta calle –el gato no paraba de cortarle y a Alan empezaba a moquearle. Sam se había acercado con rapidez al minino y acariciaba su cabeza antes de que el rubio pudiera impedírselo.
-¿Cómo te llamas gatito? –preguntó el castaño acariciando su cabeza.
-Porque ese bicho me corta a mi y no a Sam!!
-Me llamo Mel –y ronroneó con gusto cuando Sam empezó a acariciar su lomo, se subió de un salto a sus brazos y agitó la cabeza con gusto. –deberíais apresuraros hacia la casa antes de que Faden se largue de nuevo a vuestro mundo
-Nuestro mu-
-Este lugar no se encuentra en vuestro mundo, niño. Cada año cuando quedan pocos días para que venga Santa Claus –e hizo un gesto de comillas, ni Sam ni Alan entendieron el porqué
-Está aquí Santa?! –chilló excitado Sammy cortando al gato.
-Santa vive en Noruega, todos lo saben, Sammy –contestó el rubio como una evidencia.
-Faden se marcha hacia el estado de Kansas a robar regalos –continuó éste inalterable, y le lanzó una mirada al rubio –Santa Claus viene de Groenlandia, idiota
Y el gato suspiró, como si estuviera cansado de tanta imbelicidad a su alrededor.
-Bueno, Mel –y el gato se estaba dirigiendo al chico-perdedor. ¡¿Se llamaban igual?!- me voy con estos chicos a buscar a Faden, espérame en casa
Y el tío ni se movió, simplemente asintió con la cabeza.
-Ahora vamos, chicos. No querréis hacer esperar a vuestras madres, no? –y dándose esa orden directa ni Alan tuvo ganas de contradecirle, y también era verdad que quería volver a casa de una vez.
Caminaron hacia el final de la calle mirando a un lado y a otro las casa tan extrañas y de formas diversas que había: con forma de tomate, calabaza, zanahoria -de la que salió un conejo!- Abrigado, eso sí. Y demás hortalizas varias.
-Así que-
-Sí, es un lugar donde conviven diferentes seres mágicos –explicó el gato sabiondo.
Alan gruñó por lo bajo.
Finalmente llegaron a la susodicha casa verde, que aparte de ser verde se veía muy normal. Desde dentro oyeron unos gritos.
-Serás bastardo! Como se te ocurre –y un plato salió volando por la gran ventana rompiéndolo añicos.
-Pero mamá –y ese sin duda era Faden. –me habían visto y
-¡¿Como se de ocurre?! No te educamos para ser tan idiota, si tu padre estuviera aquí y no trabajando como un cerdo para mantenerte, te mataría!
-Perdona mamá, te prometo que buscaré a esos niños y los devolveré a su mundo –se oyó un grito de dolor y después silencio. Los dos niños estaba quietos como estatuas, el gato por el contrario pegó un salto y con una humareda se convirtió en un hombre alto con un gorro de copa alto y traje, una cola marrón sobresalía de sus pantalones. Tenía una pinta aristocrática y aires de listillo con sus rasgos gatunos. ¡Tenía incluso bigote!
-Amelia! –gritó –dile al zopenco de tu hijo que salga. Tengo aquí a los críos –y salió una mujer super-atractiva que parecía cerca de los cuarenta, rubia y con los ojos azules. Con uno de sus brazos tiraba de la oreja de Faden, aquel cara-verde que de su madre no tenía ni el pelo. Eso sí, se veía muy guapa pero con muy mala hostia.
-Faden –ordenó con un grito. Los dos niños y el cara-verde se quedaron estáticos. –manda a estos críos de regreso a su casa y devuélveles los regalos
-Ok, mamá
-Espera! –chilló Sam cuando se le acercaba Faden en actitud derrotista. –Todavía no he visto a Santa y él dijo que era su ayudante –Alan bufó ante su ingenuidad.
-Déjalo ya, Sam. No estás cansado de tanto viaje eh? ¿Además, no te has dado cuenta que si Santa no está aquí y no vive aquí es imposible que conozca a Faden?
-Buen punto, niño –declaró Faden todavía pensando en lo que había dicho.
Y fue lo último que vieron, aparte del hombre-gato despidiéndose con la mano, y el grito enfurecido de Amelia.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Dejó el pesado saco a un lado y descansó durante unos minutos contemplando el armario vacío de regalos. Había robado suficientes regalos del pueblo de al lado y ahora tocaba éste. Ya se imaginaba la cara de sorpresa de los padres y la tristeza de los niños. ¡Que delicia!
Se dirigió al árbol del salón y observó su decoración ensimismado, era bastante cutre, y ya con el trabajo hecho caminó hacia la ventana de en frente por la que había entrado en primer lugar. Hacía años que había dejado de entrar por las chimeneas, demasiado cliché para alguien sofisticado como él.
Había entrado una vez comprobado que no había nadie en la casa, tampoco se le pasó por la mente que quizás volvieran pronto o algo. Quizás debería haber entrado de noche y no en plena luz. Pero para ello se necesitaba más cerebro.
Cuando ya había abierto la ventana y se preparaba para salir.
-hey! –esa voz infantil produjo que pegara un brinco asustado (se pegara un coscorrón contra el marco de la ventana) y girara por inercia la cabeza.
Delante de él se encontraban dos niños de 9 y 7 años calculó. Un rubito con cara de niña y otro con el pelo ondulado castaño oscuro muy “mono” como diría su anciana madre. Ambos con los ojos verdes alargados pero con expresiones muy distintas, el mayor desprendía ira y el otro miedo.
Pero como buenos niños que eran, eran curiosos y tuvieron que preguntar primero antes que alarmarse.
-¿Quién eres?
-Soy Santa Claus! –declaró con una mueca excesivamente benigna.
Alan alzó una ceja, escéptico. Sam, por el contrario, abrió mucho los ojos y gritó (olvidándose de toda su timidez anterior).
-¡¿De verdad?! ¿Eres Santa?!
-Claro que si, niño
Pero Alan acabó rápidamente con la sonrisa aliviada del tipo y su aparentemente perfecta afirmación.
-¿Cómo quieres que me crea que eres Santa si tienes la cara verde?– espetó incrédulo Alan.- Más bien pareces el Grunch
-Eso! –alegó la voz infantil de Sam dándose cuenta de golpe de ese pequeño detalle y apoyando a su (nuevo y acabado de conocer) amigo –Santa es un hombre mayor que siempre sonríe y ¡lleva gafas y va vestido de rojo! Y tiene un carruaje con renos y-
-Oh, cállate, pesado –exclamó el bautizado-Grunch cansado de tanta cháchara sin sentido. Sam calló de golpe, asustado y aferrándose a la chaqueta de Alan y escondiéndose detrás. –ya os he dicho que soy el ayudante de Santa Claus y he venido a repartir regalos a todos los niños
-No has dicho eso antes y tampoco me lo creo –replicó el rubio enseguida.
–Tienes cara de malo y hueles como mi abuelita –murmuró bajito el menor, y ante eso último hace una mueca con la nariz, como asqueado.
Faden (así se llamaba él en realidad) tuvo que hacer todo lo que podía por no saltar sobre ambos niños, maldijo que le hubiera pillado en pleno robo. Esos malditos críos pesados.Hizo una mueca que intentaba ser una sonrisa bonachona pero con la que fracasó estrepitosamente.
El rubio no estaba nada seguro de lo que les decía ese tipo porque para empezar, tenía la cara verde y vestirse de papa-Noel podía hacerlo cualquiera. Pero todavía sentía curiosidad, así que quiso indagar algo más.
-además, si eres Santa como tú dices, ¿Qué haces aquí? Todavía no es el día de los regalos
El extraño-Santa pareció sorprendido por esa declaración, como si no supiera que decir para defenderse.
-Pues, verás…- vaciló levemente. ¿Comprobando que os portarais bien?
-Pero no me preguntes a mi, idiota
-Alan! Has dicho una palabrota! Se lo diré a tu mamá! –chilló Sam asombrado y apartándose de él como quien se aparta de la peste. Alan se giró hacia éste bufando irritado.
-No lo he dicho!
-Sí lo has dicho!
-Que no!
-Que sí!
-Que sí!
-Que no! –gritó el castaño. Y en vez de prestar atención al extraño que había entrado en casa de Alan empezaron a discutir sobre la palabrota que había dicho Alan y también acabaron discutiendo sobre si Sam era un bebé llorica y chivato.
Y Alan sonrió triunfal ganando la batalla.
-Aja! ¿Ves como no?
Y el tipo les miraba y no sabía muy bien que hacer (estaba mosqueándose mucho) y tampoco podía dejar a esos críos por ahí sueltos para que contaran su secreto. Así que tomó una decisión bien rápido.
Salió corriendo huyendo del comedor llamando la atención de los niños que inmediatamente corrieron detrás de él. El tipo se dirigió hacia el primer cuarto que tuvo cerca, que resultó ser la habitación de Elisabeth, y sin preámbulos se lanzó en plancha debajo de la cama. Los niños siguieron sus pasos sin darse cuenta de nada extraño en perseguir a un desconocido que les doblaba en tamaño y que se había metido debajo de una cama y no había rastro de él al otro lado.
Así que no fue tan raro que cuando salieran de la cama el lugar que les diera la bienvenida no fuera el cuarto de Elisabeth ni nada conocido.
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El lugar era cualquier cosa menos normal, estaban en medio de un camino de piedra amarillo, a ambos lados había extensiones de prado verde brillante y en la lejanía podían ver una ciudad de pequeñas casas. Pero a pesar del aspecto idílico del lugar había un aire macabro que tenía desconcertado a Alan.
Era bastante bizarra la situación en la que se encontraban, pero solo tenía una cosa clara de todo esto y es, ¡Todo es culpa de Sam!
Él ya sabía que ese tipo no era de fiar (con una cara verde y pinta de Grunch quién podía serlo?) Pero Sammy se lo creyó y no le hizo caso a él –que era el mayor- y se había fiado de las intenciones de Grunch y ahora por su culpa estaban aquí. Solos y Grunch se había esfumado.
-¡Buaaaah, yo quiero volver a casa! –los lloros del niño estaban acabando con su –reducida- paciencia. Alan se acercó a Sam, que se encontraba llorando a lágrima viva y con las manos en su cara desde que aterrizaron allí.
-Vamos, Sam, no llores –susurró para intentar calmarlo con voz suave. Maldito el día y maldita su suerte y eso que acababan de conocerse y ya era como si se conocieran de toda la vida – no es tan malo
-¿Cómo que no? –le increpó el niño hipando y las mejillas rojas de tanto llorar. Pero se había detenido y eso era suficiente para Alan.
-Podíamos haber acabado peor. Imagina que hubiéramos acabado en Oprah –y Sam hizo una mueca confusa ante esto, y Alan no podía entender su trauma con Oprah tampoco, así que añadió para hacerse entender- o imagina que el tipo fuera un secuestrador…
La acababa de cagar con ese argumento en cuanto vió el labio inferior de Sam temblar y su mirada desconsolada. Le tomó de las manos con rapidez por si volvía a tapar sus ojos con ellas y para que le hiciera caso y no llorara –espera, espera. Estamos en el mundo de “Disna” y seguro no nos pasará nada. Será como ver los dibujos pero en directo –y fingió asombrarse por tal descubrimiento tan fantástico.
-Disney –replicó bajito el castaño.
-¿Que? –Alan parecía confuso por ese inciso.
El niño tomó aire, relajándose.
-Se llama el mundo de Disney –entonces pareció haber descubierto algo divertido porque le miró con una extraña sonrisa. -¿Te gusta Mickey?
-¿Que? No!! –chilló indignado/avergonzado el mayor, un tono rosado creció en sus mejillas.
Pero ya era tarde para rectificarse. Sam empezó a reir gritando “te gusta Mickey” “eres un bebé” y entonces reanudaron el paso caminando uno al lado del otro en busca del falso Santa y una forma de volver a su casa.
Al menos, se dijo Alan, había hecho que Sam parara de llorar. Aunque fuera a su costa.
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El pueblo se llamaba Hallow y estaba lleno de casitas de diferentes tamaños y colores chillones. Había visto una en forma de calabaza y todo!
Ahora que habían llegado les faltaba averiguar donde vivía el bautizado-Grunch y para hacerlo debían preguntarle a alguien.
Alan agarró bien fuerte a Sam y corrió hacia una anciana de aspecto agradable que llevaba una cesta de la compra.
-Perdone, señora –empezó a decir.
-Hola, caramelitos –saludó, y tenía una voz extraña, como sobreactuada que a Alan no le gustó mucho. – queréis venir a mi casa? –y señaló hacia la derecha donde empezaba una filera de casitas- es aquella casa de caramelos! –parecía tan amable que resultaba sospechoso y a Alan nunca una vieja, siquiera su abuela, le había tratado tan pastelosamente. Pero Sam se fió totalmente, como era taaaan inocente.
La abuela se dirigió hacia la casa al ver que el menor la seguía pero Alan le agarró de la chaqueta y detuvo su paso.
-Hey, quieto parao –le soltó agarrándole bien fuerte.
-Pero Alan, ¡esa señora tiene una casa de caramelos! –se lo dijo como si fuera impensable que no quisiera ir allí
-No me gustan los dulces –espetó cortante. –y además, ¿no ves algo extraño en esa señora?
-¿Como que? –y pareció muy curiosos ahora, olvidando su queja con rapidez. La abuela seguía caminando hacia su casa de espaldas a ellos viendo que no la seguían. No parecía importarle mucho aunque cada poco rato les mirada de reojo y ralentizaba el paso.
-Como por ejemplo…su voz excesivamente pastelosa o el pequeño detalle de que tiene colmillo. ¡¡Colmillos Sam!! ¡Col-mi-llos!
-Y eso que?! Eres “radisa” Alan?
-Espero que no estés intentando decir racista, Sammy, porque sino te daré un golpe –y fingió que se lo daba y Sam cubrió su cabeza agachándose y quejándose de paso. Y no le había llegado a tocar! Solo había movido la mano hasta que estaba a pocos centímetros de su cabeza.
-Ay, Alan, se lo diré a tu mamá
-Pero si no te he dado!
-Si me has dado1
-Que no!
-Que si!
-Lo que quieras, Sam, me cansa mucho pelear contigo –se quejo el rubio cansado de estar allí. Faltaba poco para navidad y ellos aquí metidos. Quería estar con su madre, inclusos prefería tirarse el día viendo películas navideñas antes que estar aquí o incluso Oprah (y psicoanalizarse de paso para ver que problema tenía con ese programa, también).
Se había sentado en el suelo con la cabeza gacha, deprimido.
-Alan –la vocecita infantil de Sam ni le inmutó. Se quedó quieto y Sammy como es natural se asustó el solito. –Alan, no llores, no se lo diré a tu mamá y me quedaré calladito –su voz estaba llena de sentimiento y angustia y podía visualizar el gesto de colocar un dedo en su boca.
Alan sonrió para si y levantó la cabeza, Sammy se había agachado a su altura y tenía los ojos vidriosos, listo para llorar.
-No estoy llorando. –dijo y ambos se levantaron más aliviados que antes. Era increíble la capacidad de Sam para llorar y reír en pocos segundos.-ahora vamos a preguntar a ese chico de allí –señaló al susodicho que debía tener veintipocos y parecía un perdedor con esa mirada aburrida en su casa y la ropa maltrecha. Estaba sentado en un banco completamente espatarrado y con un gato negro con ¿era un borro de bruja? A su lado.
-Oye
-El tipo que buscáis no está aquí –contestó el gato mirándoles fijamente con sus ojos amarillos.
-Quien-
-Se llama Faden, es un idiota que a sus treinta años vive con su madre. En la casa verde al fondo de esta calle –el gato no paraba de cortarle y a Alan empezaba a moquearle. Sam se había acercado con rapidez al minino y acariciaba su cabeza antes de que el rubio pudiera impedírselo.
-¿Cómo te llamas gatito? –preguntó el castaño acariciando su cabeza.
-Porque ese bicho me corta a mi y no a Sam!!
-Me llamo Mel –y ronroneó con gusto cuando Sam empezó a acariciar su lomo, se subió de un salto a sus brazos y agitó la cabeza con gusto. –deberíais apresuraros hacia la casa antes de que Faden se largue de nuevo a vuestro mundo
-Nuestro mu-
-Este lugar no se encuentra en vuestro mundo, niño. Cada año cuando quedan pocos días para que venga Santa Claus –e hizo un gesto de comillas, ni Sam ni Alan entendieron el porqué
-Está aquí Santa?! –chilló excitado Sammy cortando al gato.
-Santa vive en Noruega, todos lo saben, Sammy –contestó el rubio como una evidencia.
-Faden se marcha hacia el estado de Kansas a robar regalos –continuó éste inalterable, y le lanzó una mirada al rubio –Santa Claus viene de Groenlandia, idiota
Y el gato suspiró, como si estuviera cansado de tanta imbelicidad a su alrededor.
-Bueno, Mel –y el gato se estaba dirigiendo al chico-perdedor. ¡¿Se llamaban igual?!- me voy con estos chicos a buscar a Faden, espérame en casa
Y el tío ni se movió, simplemente asintió con la cabeza.
-Ahora vamos, chicos. No querréis hacer esperar a vuestras madres, no? –y dándose esa orden directa ni Alan tuvo ganas de contradecirle, y también era verdad que quería volver a casa de una vez.
Caminaron hacia el final de la calle mirando a un lado y a otro las casa tan extrañas y de formas diversas que había: con forma de tomate, calabaza, zanahoria -de la que salió un conejo!- Abrigado, eso sí. Y demás hortalizas varias.
-Así que-
-Sí, es un lugar donde conviven diferentes seres mágicos –explicó el gato sabiondo.
Alan gruñó por lo bajo.
Finalmente llegaron a la susodicha casa verde, que aparte de ser verde se veía muy normal. Desde dentro oyeron unos gritos.
-Serás bastardo! Como se te ocurre –y un plato salió volando por la gran ventana rompiéndolo añicos.
-Pero mamá –y ese sin duda era Faden. –me habían visto y
-¡¿Como se de ocurre?! No te educamos para ser tan idiota, si tu padre estuviera aquí y no trabajando como un cerdo para mantenerte, te mataría!
-Perdona mamá, te prometo que buscaré a esos niños y los devolveré a su mundo –se oyó un grito de dolor y después silencio. Los dos niños estaba quietos como estatuas, el gato por el contrario pegó un salto y con una humareda se convirtió en un hombre alto con un gorro de copa alto y traje, una cola marrón sobresalía de sus pantalones. Tenía una pinta aristocrática y aires de listillo con sus rasgos gatunos. ¡Tenía incluso bigote!
-Amelia! –gritó –dile al zopenco de tu hijo que salga. Tengo aquí a los críos –y salió una mujer super-atractiva que parecía cerca de los cuarenta, rubia y con los ojos azules. Con uno de sus brazos tiraba de la oreja de Faden, aquel cara-verde que de su madre no tenía ni el pelo. Eso sí, se veía muy guapa pero con muy mala hostia.
-Faden –ordenó con un grito. Los dos niños y el cara-verde se quedaron estáticos. –manda a estos críos de regreso a su casa y devuélveles los regalos
-Ok, mamá
-Espera! –chilló Sam cuando se le acercaba Faden en actitud derrotista. –Todavía no he visto a Santa y él dijo que era su ayudante –Alan bufó ante su ingenuidad.
-Déjalo ya, Sam. No estás cansado de tanto viaje eh? ¿Además, no te has dado cuenta que si Santa no está aquí y no vive aquí es imposible que conozca a Faden?
-Buen punto, niño –declaró Faden todavía pensando en lo que había dicho.
Y fue lo último que vieron, aparte del hombre-gato despidiéndose con la mano, y el grito enfurecido de Amelia.
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umi_natori-
Cantidad de envíos: 75
Edad: 18
Localización: Ahora mismo Valencia, mañana quien sabe. EEUU in the future, I hope.
Fecha de inscripción: 08/09/2008
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Y la último y que me perdonen por el triple post. Es que no cabía XD
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-Alan! Cariño
-¿eh? –se frotó los ojos con las manos. Tenía muchísimo sueño y va y su madre le levanta. – ¿mama? Y Sa -y entonces recordó todo y se levantó de golpe de la cama con los ojos abiertos.
Sammy se encontraba sentado en el filo de la cama acariciando algo. Su madre le seguía sonriendo muy contenta.
-Estoy muy contenta de que hayas cuidado tan bien a Sam, ya me ha dicho que os lo habéis pasado muy bien persiguiendo a un Santa Claus falso –y estaba claro que encontraba tierno eso que le soltó el pequeño, aunque fuera verdad.
-Si, nos lo hemos pasado muy bien –nunca le había costado tanto en su vida fingir que todo seguía normal. Era muy malo mintiendo pero Sam saló en su rescate sin darse cuenta.
-Mira, Alan! Tu mamá te ha traído a Mel, pero no habla
Y efectivamente el gato que ronroneaba a gusto en brazos de Sam era Mel, sin ninguna duda. Alan estaba esperando a que hablara, pero no lo hizo tal cual dijo el castaño. Aunque cuando su madre no miró le pareció ver que hacia un gesto de silencio con su pata.
Parpadeó. ¿Estaría volviéndose loco?
Elisabeth que había estado observando su conversación apoyada en la cama se levantó del todo. E ignorante de su aventura, exclamó animada.
-Bueno chicos! A quien le apetece una hamburguesa?!
Fin
No me juzguéis por esto XD Hice una apuesta con Moe, echádle la culpa a él. Como lo he puesto por partes tendrá fallos por todos lados, así que perdón XD
Espero que os guste y tal, y ya sabéis críticas, insultos (auque leves) y demás un coment.
Saludoooos,
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-Alan! Cariño
-¿eh? –se frotó los ojos con las manos. Tenía muchísimo sueño y va y su madre le levanta. – ¿mama? Y Sa -y entonces recordó todo y se levantó de golpe de la cama con los ojos abiertos.
Sammy se encontraba sentado en el filo de la cama acariciando algo. Su madre le seguía sonriendo muy contenta.
-Estoy muy contenta de que hayas cuidado tan bien a Sam, ya me ha dicho que os lo habéis pasado muy bien persiguiendo a un Santa Claus falso –y estaba claro que encontraba tierno eso que le soltó el pequeño, aunque fuera verdad.
-Si, nos lo hemos pasado muy bien –nunca le había costado tanto en su vida fingir que todo seguía normal. Era muy malo mintiendo pero Sam saló en su rescate sin darse cuenta.
-Mira, Alan! Tu mamá te ha traído a Mel, pero no habla
Y efectivamente el gato que ronroneaba a gusto en brazos de Sam era Mel, sin ninguna duda. Alan estaba esperando a que hablara, pero no lo hizo tal cual dijo el castaño. Aunque cuando su madre no miró le pareció ver que hacia un gesto de silencio con su pata.
Parpadeó. ¿Estaría volviéndose loco?
Elisabeth que había estado observando su conversación apoyada en la cama se levantó del todo. E ignorante de su aventura, exclamó animada.
-Bueno chicos! A quien le apetece una hamburguesa?!
Fin
No me juzguéis por esto XD Hice una apuesta con Moe, echádle la culpa a él. Como lo he puesto por partes tendrá fallos por todos lados, así que perdón XD
Espero que os guste y tal, y ya sabéis críticas, insultos (auque leves) y demás un coment.
Saludoooos,
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umi_natori-
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Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Diosss mira a q horas posteooo!!! XD con este capitulo me lo he pasado como un enano (que no se como salio en tu mundo de ida de olla XDDD).
Enserio buen cap divertido como pocos, cambio mucho el estilo como decias por la mitad XDq se te iba la pinza XD
Ahora queda poner el mio pero ya mejor mañana si tal XD
Y fallos el q te corrijo siempre q me salva pa hacer criticas q siempre pones solo una exclamacion!! con las q hay!!! XDDD
pues eso buen cap siguue escribiendo aver si no pierdo la apuesta ^^
PD: el cap de SPN q me pasaste una pasada el principio lo mejor lleno de frases sueltas pensamientos y sentimientos de los 2, enserio una pasada.
Enserio buen cap divertido como pocos, cambio mucho el estilo como decias por la mitad XDq se te iba la pinza XD
Ahora queda poner el mio pero ya mejor mañana si tal XD
Y fallos el q te corrijo siempre q me salva pa hacer criticas q siempre pones solo una exclamacion!! con las q hay!!! XDDD
pues eso buen cap siguue escribiendo aver si no pierdo la apuesta ^^
PD: el cap de SPN q me pasaste una pasada el principio lo mejor lleno de frases sueltas pensamientos y sentimientos de los 2, enserio una pasada.
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¿Cambiar el mundo, o cambiar uno mismo?
Anata ga ii mo akuma demo ii
ai mo meguriaeta kiseki
kienai kisu mo
- Spoiler:

Moegami-
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Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
joder umi como se te va a la mitad del segundo post juas juas veo que las fiestas el cava, i tener vacas te an sentado bien
ya vereis ya en enero jujujujuju
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un mundo sin noches? como podria mataros a todos la esperenza sin ella? pronto muy pronto ju.....


kaizo katsu- Maid master
-
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Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Hace tanto que no posteo en serio que ni me acordaba de por donde iba XD
Espero no repetir cap. ni nada y bueno Sam me ha salido un poco...ya veréis XD, eran exigencia del guión XD.
Y aqui va! (también dedicado a Kaizo ya que es su cumple y el video era demasiado xorra, espero que esto sea mejor XD)
Capítulo 9. Pride Vs Pride (Yessir)
El ambiente es tenso, incluso podría cortarse con un cuchillo y Alan está esperando a que de un momento a otro empiece a sonar la música de Bernard Herrmann* para “amenizar” el ambiente.
-Si estuviera todavía vivo le serviríamos de inspiración. Necesito un cuchillo!
Aguanta una risa por su propia gracia .
A cambio recibe una afilada mirada del padre de Sam, -aunque para él resulta más fácil clasificarlo como alguien ajeno a su amigo-, parece como si le hubiera leído el pensamiento.
-Y eh…Alan, ¿Dónde os conocisteis tu y Sam? –pregunta Sara haciendo un titánico esfuerzo por romper el hielo, el rubio la mira con una sonrisa divertida. Sam suspira.
-Pues fue el primer día de clase, salía de mi piso y choqué con Sam; él salía de una callejuela medio dormido
-Es verdad, sí –repuso Sam recordando ese día –pero tú ibas con mucha prisa porque llegabas tarde, y como te pusiste a hablarme al final acabé llegando por los pelos a clase
Ambos amigos se sonríen recordando ese día que empezó con tan mal pie.
-Y dices que no vives ya con tus padres, ¿no Alan? –James acaba de estropear de nuevo una conversación más distendida con una pregunta totalmente calculada ya que aunque aparente ser cortés su tono desprende total desinterés en el coche, como sus palabras indican no le ha hecho gracia que se le presentara Alan en casa. Sara le lanza una advertencia con la mirada y Sam parece incómodo. Pero el rubio no parece amilanarse con su aversión.
-Sí, señor Connoly, ya tengo veinte años después de todo –hay un desafío velado en su mirada que no le gusta nada al marine. No le agrada ese chico tan irrespetuoso.
James va a (contraatacar) contestar al rubio cuando Sara se levanta.
-Voy a traer el postre, ¿os parece? –Sonrisa falsamente agradable en su voz –James, cielo, ayúdame a traerlo, ¿quieres?
Y el hombre no podría negarse ni aunque quisiera.
En cuanto ambos chicos se quedan solos Alan suspiró fuertemente.
-Uf, pensaba que iba a matarme con la mirada –replica. Aunque su comentario no va con nada de queja, es más, parece divertido, Sam no parece pillarlo así.
-Lo siento –y parece realmente muy apenado.
-Ey, Sammy no pasa nada –pero el castaño hace un puchero y no parece muy convencido. –en serio, tío. ¿Crees que no he tenido que lidiar con ti- personas así a lo largo de toda mi vida? –espera que esa calificación de persona hacia James no haya ofendido a su amigo. Pero tampoco tiene tiempo de mucho más, ya que Sara sale de la cocina con una sonrisa radiante. James, por el contrario, es harina de otro costal.
-¡¿Quién quiere tarta?!
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Justo en el momento en que la puerta de su casa se cierra, Sam le lanza una furibunda mirada a su padre. Alan por fin se había marchado, el pobre había aguantado estoicamente todas las puyas de su padre sin una queja. Pero Sam era otra historia, era una persona que le daba más importancia a esos detalles, más frío y rencoroso que Alan, pese a lo que pudiera aparentar.
No le dice nada a su padre, tampoco hace falta, James y su hijo se conocen muy bien. Más de lo que se esperara de un padre y un hijo que no tienen una relación muy estrecha. Se querían y esas cosas, Sam moriría por su padre, en serio, pero también sabía que si su padre tuviera que elegir entre él y su hermano mayor la cosa sería distinta.
Sam había vivido toda su vida bajo la sombra de Josh, el chico aparentemente perfecto, buenas notas, extrovertido, con una tropa de amigos y el ojo derecho de James. A Sam eso ya no le importaba de tan asumido que lo tenía, eso no quitaba que a veces no doliera. Siempre había buscado la aprobación de su padre, unas palabras de orgullo en su voz, y aunque su madre dijera: Ya sabes como es tu padre, demuestra poco sus sentimientos. Era una total mentira. Con Josh siempre fue distinto.
Su hermano tampoco tenía la culpa, la verdad, y eso le hacía sentir peor persona. Sentir celos de un hermano que no se merecía, un hermano que le cuidaba, un hermano que le ignoraba y fingía que no estaba delante de sus amigos. Porque sus amigos le conocían como ese empollón, no como Sam o siquiera como el hermano de Josh. Nadie sabía que eran hermanos si Josh podía evitarlo.
A Sam al principio le enfadó esa situación, discutió con Josh y le recriminó su actitud. Pero Josh tenía esa facultad de hacerle ver como el malo (justo como su madre) contra la que no tenía nada que hacer. Le revolvía el pelo y le sonreía.
No es por nada Sam. Quiero que no vivas bajo mi sombra y no seas “el hermano de”. Quiero que tengas tu propia identidad. Mi amigo Robert siempre se está quejando de eso, tiene un hermana mayor y…
Palabras estúpidas de un idiota que no sabía el daño que hacía, cada palabra era como una puñalada. Y lo triste era que con el tiempo Josh creyó en esas palabras (en principio dichas con buena intención, pero mala elección de semántica), antes solo era cierta vergüenza típica de hermano mayor independiente para con un hermano pequeño empollón, después dio paso a la costumbre. Incluso él mismo interiormente le tenía como freak, seguro.
Y Sam sabía todo eso, pero intentaba ignorarlo. Después de todo no se merecía un hermano como Josh, tan bueno y comprensivo.
¿Cuántas veces había oído a su padre repetírselas cuando discutía con su hermano? Toda su vida, quizás.
Pero a su padre no pensaba permitirle que se metiera con Alan. Esto era distinto, Alan era distinto. Y eso transmitía su mirada, clavaba en la de su padre. Minutos lentos y tensos en los que finalmente James rompe el silencio.
-¿Qué pasa? –pregunta con dureza. Ese parte de su carácter que tanto odia Sam, el James-marine, Sam simplemente querría que le tratara más como antes, como cuando era pequeño.
-Sé que no te ha gustado que trajera a mi amigo sin avisar, pero tampoco hacía falta arruinarnos a todos la cena. Te pido perdón por eso, pero que sepas que tú le debes una disculpa a Alan –dicho esto se marcha hacia su cuarto sin esperar a la reacción de su padre, porque si lo hace está seguro de que él será quien acabe cediendo.
Orgullo VS Orgullo.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
A la mañana siguiente el enfado a remitido, cuando va hacia la cocina se encuentra a sus padres allí.
Dice buenos días y coge el baso con zumo de naranja y una tostada untada con mantequilla. No le gusta la leche ni la mermelada.
El ambiente se tensa nada más se coloca a un lado de su padre, su padre tiene su expresión neutra de siempre.
Está seguro de que jodió ayer las cosas, pero no le importa. Bien vale una semana incómoda por haber defendido sus principios.
-Buenoooos díaaaas –su hermano mayor aparece dando un bostezo, en calzoncillos y camiseta manga corta. Sam se estremece nada más pensar en el frío que hace y él vestido así.
-Buenos días –contestan los tres a coro, el ambiente tenso desaparece.
Es lo que tiene tener a alguien optimista y siempre sonriente en la familia.
Josh es mayor que él cuatro años, -como- Alan, tiene el cabello negro de papá -lo lleva corto y de punta- y los ojos castaños de mamá. Es bastante popular en la escuela y ha tenido un par de novias que en opinión de los pocos amigos que ha tenido y su propio criterio estaban buenas. Así que sin sonar demasiado gay puede decir que está bien. (Vamos, su madre siempre está diciendo lo guapo que es) Es unos centímetros más alto que él, pero muy pocos y como hace deporte tiene un cuerpo más atlético que el suyo. A él siempre le llaman escuálido….asco de gente
De carácter son totalmente opuestos.
.-Ey, Sam –su hermano le revuelve el pelo que tanto le costó peinar por lo que gruñe por lo bajo – me ha dicho mamá que trajiste a un amigo ayer para cenar – dice mientras se sienta enfrente de su hermano menor. Parece encontrar la cosa divertida. – tengo curiosidad por tu amigo, porque para juntarse con alguien como tú ya debe tener ganas
Intenta ser gracioso, está seguro de ello, pero no lo consigue. Sam se levanta con la mochila al hombro y con prisa. Un llego tarde de Sam corta las palabras de su hermano. Y su madre, a su vez, a él mismo.
-Es sábado, Sam. No hay clase –la mirada que le lanza Sam a su madre es como la de un ciervo al que apuntan con los faros de un coche y no reacciona pese a estar apunto de ser atropellado. Ojos abiertos de lechuza (y sus ojos son achinados) y boca abierta. Como tenia media tostada en la boca ésta cae al suelo y la mochila también resbala de su hombro.
Sus mejillas empiezan a tomar color al tiempo que los labios de su hermano tiemblan por no dejar escapar una risa.
-Joder –murmura avergonzadísimo.
-Esa boca, Sam –recrimina su madre sin verdadero enfado. Y entonces es cuando la melodía de ACDC inunda la cocina. Incluso Sam parece sorprendido de ese tono de llamada pero rápidamente descubre que es su móvil (y el no puso esa música).
Se aleja de la cocina con un suspiro.
-Este idiota
-Te he oído, cielito –viene el saludo del otro lado.
-¿Qué quieres? –obvia el comentario, mosqueado.
Oye dos risas al otro lado, por lo que deduce que hay alguien más. ¿Chris? Probablemente.
-Como estaba seguro de que te levantarías pronto creyendo que hoy era viernes o cualquier otro día lectivo...
“¿Lectivo? Que coño significa eso, te me estás volviendo empollón, nene” Oye de fondo y sabe enseguida que está con Chris. Eso no quita que se avergüence menos por que Alan haya acertado de lleno en lo que ha pasado.
-Lo sabía –respuesta triunfal de Alan.
-Eso no puedes saberlo –replica rápidamente.
-Te has quedado callado, Sammy. Acabas de demostrármelo –se calla un momento para decirle a Chris que deje eso, Sam no sabe que será, y vuelve a hablar. –bueno, dejémonos de chorradas y sal de una vez fuera. Te esperamos
Y le cuelga.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Cuando sale de casa gritándole desde la puerta a su madre que se va no se esperaba lo que ocurriría a continuación. Levemente oye a Josh llamarle, pero para entonces se ha metido en el Impala.
Minutos después…
-¿Qué se supone que hacemos aquí?
El rubio tararea la canción Black in Back (¡otra vez!) golpeando con los dedos el volante del Impala y agitando la cabeza al ritmo de esos gritos infernales. No responde a la pregunta de Sam enseguida pues mira la mueca que le hace Chris desde la puerta de una casa que tiene en frete, Emy agarrada a su mano.
Todavía sin mirar a Sam, responde:
-Chris va a llevar a Emy a casa – murmura absorto.
-¿Y?
El rubio no le hace caso y eso empieza a cabrearle. (¡Quiere atención! Aunque suene a niño mimado)
-¿Alan?
-Shhh, tu mira, mira
Y sin obtener la respuesta deseada se cruza de brazos haciendo un puchero (infantil) y observa al par de hermanos.
Chris pica el timbre de la puerta y sonríe a su hermanita.
Ambos estaban manchados de tierra y barro, además de que Emy tenía las dos colas medio deshechas y un bigote de leche en los morros. ¡Y solo había pasado la mañana con su hermano! Imagina un día entero….
Esperan unos minutos hasta que la puerta se abre. Detrás de ella aparece una mujer de treinta y largos años con el cabello cobrizo recogido en una cola alta y unos bonitos ojos marrones. Era bastante atractiva y suerte que Chris no había oído ese pensamiento.
-Hola Chris, Emy –su sonrisa contenta se esfuma tan de golpe como contempla bien a su niña. Pero su hijo mayor fue más rápido: besa en la frente a su hermanita y en la mejilla a su madre, y sale corriendo.
-¿Pero que hace? –preguntó Sam extrañado ante lo que veía. Alan reía mientras ponía en marcha el motor. Chris se dirigía hacia el coche.
-¡Chriiiiis, jodido bastardo! ¡¿Como se te ocurre?! – exclamaba furiosa la buena mujer al ver las pintas con las que había traído a su hija sin dar crédito. Corre detrás de su hijo mayor con un gesto amenazador. -¡¿Cómo te atreves?!
Pero los gritos se opacaron cuando montó al coche y éste se puso en marcha, alejándose a toda velocidad.
La madre quedó gritándoles en la acera delante de su casa.
-Yeehaaaaa! –gritaron a coro los dos mayores, totalmente excitados y llenos de adrenalina.
El estribillo de Crawling de Linkin Park sonaba de fondo mientras el coche se alejada de la casa. Sam no sabía si reír, quejarse de la música u horrorizarse. Optó por no hacer ninguna de las tres cosas.
¿Acaba de-? ¿Ha-había huido de su madre? Y es mujer… ¡Joder! Y sabía de donde había sacado Chris su ¡todo!
Eran idénticos, como la versión femenina y sexy de Chris.
-¿Y no te da miedo volver a esa casa para la cena? –preguntó Sam sin poder contener su curiosidad al cabo de un rato de silencio.
Chris le sonrió con todos los dientes e hizo un gesto despreocupado con la mano.
-Nah –respondió.
-Siempre es así, Sammy –añadió el rubio divertido –y Ann todavía no se lo ha cargado. Mala hierba nunca muere
-ha, ha Tu que entiendes de hierbas, ¿eh nene? –repuso dándole un codazo Chris al mencionado.
Sam no sabía hacia donde se dirigían y tampoco le importaba, después de que su padre pareciera cabreado con él por aquella desastrosa cena y de que él le plantara cara, el ambiente era muy tenso, (como comprobó esa mañana) así que prefería no estar en casa mientras su padre estuviera. Al menos hasta dentro de unos días.
Continuará…
Bernard Herrmann* fue un compositor estadounidense de música de cine. Como anécdota se puede contar que Herrmann cuando era pequeño y tomaba clases de violín, le dijo a su profesor que quería tocar algo estrambótico y tenebroso, y el docente le dijo que no y Herrmann procedió a quebrar el violín en la cabeza del profesor.
Y para que nos entendamos, fue el que puso música a Psicosis. XD
Espero que os haya gustado y prometo que las cosas se pondrán algo más interesantes y la trama avanzará. Y nada más, que si queréis comentar ya sabéis.
Saludoooos,
Espero no repetir cap. ni nada y bueno Sam me ha salido un poco...ya veréis XD, eran exigencia del guión XD.
Y aqui va! (también dedicado a Kaizo ya que es su cumple y el video era demasiado xorra, espero que esto sea mejor XD)
Capítulo 9. Pride Vs Pride (Yessir)
El ambiente es tenso, incluso podría cortarse con un cuchillo y Alan está esperando a que de un momento a otro empiece a sonar la música de Bernard Herrmann* para “amenizar” el ambiente.
-Si estuviera todavía vivo le serviríamos de inspiración. Necesito un cuchillo!
Aguanta una risa por su propia gracia .
A cambio recibe una afilada mirada del padre de Sam, -aunque para él resulta más fácil clasificarlo como alguien ajeno a su amigo-, parece como si le hubiera leído el pensamiento.
-Y eh…Alan, ¿Dónde os conocisteis tu y Sam? –pregunta Sara haciendo un titánico esfuerzo por romper el hielo, el rubio la mira con una sonrisa divertida. Sam suspira.
-Pues fue el primer día de clase, salía de mi piso y choqué con Sam; él salía de una callejuela medio dormido
-Es verdad, sí –repuso Sam recordando ese día –pero tú ibas con mucha prisa porque llegabas tarde, y como te pusiste a hablarme al final acabé llegando por los pelos a clase
Ambos amigos se sonríen recordando ese día que empezó con tan mal pie.
-Y dices que no vives ya con tus padres, ¿no Alan? –James acaba de estropear de nuevo una conversación más distendida con una pregunta totalmente calculada ya que aunque aparente ser cortés su tono desprende total desinterés en el coche, como sus palabras indican no le ha hecho gracia que se le presentara Alan en casa. Sara le lanza una advertencia con la mirada y Sam parece incómodo. Pero el rubio no parece amilanarse con su aversión.
-Sí, señor Connoly, ya tengo veinte años después de todo –hay un desafío velado en su mirada que no le gusta nada al marine. No le agrada ese chico tan irrespetuoso.
James va a (contraatacar) contestar al rubio cuando Sara se levanta.
-Voy a traer el postre, ¿os parece? –Sonrisa falsamente agradable en su voz –James, cielo, ayúdame a traerlo, ¿quieres?
Y el hombre no podría negarse ni aunque quisiera.
En cuanto ambos chicos se quedan solos Alan suspiró fuertemente.
-Uf, pensaba que iba a matarme con la mirada –replica. Aunque su comentario no va con nada de queja, es más, parece divertido, Sam no parece pillarlo así.
-Lo siento –y parece realmente muy apenado.
-Ey, Sammy no pasa nada –pero el castaño hace un puchero y no parece muy convencido. –en serio, tío. ¿Crees que no he tenido que lidiar con ti- personas así a lo largo de toda mi vida? –espera que esa calificación de persona hacia James no haya ofendido a su amigo. Pero tampoco tiene tiempo de mucho más, ya que Sara sale de la cocina con una sonrisa radiante. James, por el contrario, es harina de otro costal.
-¡¿Quién quiere tarta?!
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Justo en el momento en que la puerta de su casa se cierra, Sam le lanza una furibunda mirada a su padre. Alan por fin se había marchado, el pobre había aguantado estoicamente todas las puyas de su padre sin una queja. Pero Sam era otra historia, era una persona que le daba más importancia a esos detalles, más frío y rencoroso que Alan, pese a lo que pudiera aparentar.
No le dice nada a su padre, tampoco hace falta, James y su hijo se conocen muy bien. Más de lo que se esperara de un padre y un hijo que no tienen una relación muy estrecha. Se querían y esas cosas, Sam moriría por su padre, en serio, pero también sabía que si su padre tuviera que elegir entre él y su hermano mayor la cosa sería distinta.
Sam había vivido toda su vida bajo la sombra de Josh, el chico aparentemente perfecto, buenas notas, extrovertido, con una tropa de amigos y el ojo derecho de James. A Sam eso ya no le importaba de tan asumido que lo tenía, eso no quitaba que a veces no doliera. Siempre había buscado la aprobación de su padre, unas palabras de orgullo en su voz, y aunque su madre dijera: Ya sabes como es tu padre, demuestra poco sus sentimientos. Era una total mentira. Con Josh siempre fue distinto.
Su hermano tampoco tenía la culpa, la verdad, y eso le hacía sentir peor persona. Sentir celos de un hermano que no se merecía, un hermano que le cuidaba, un hermano que le ignoraba y fingía que no estaba delante de sus amigos. Porque sus amigos le conocían como ese empollón, no como Sam o siquiera como el hermano de Josh. Nadie sabía que eran hermanos si Josh podía evitarlo.
A Sam al principio le enfadó esa situación, discutió con Josh y le recriminó su actitud. Pero Josh tenía esa facultad de hacerle ver como el malo (justo como su madre) contra la que no tenía nada que hacer. Le revolvía el pelo y le sonreía.
No es por nada Sam. Quiero que no vivas bajo mi sombra y no seas “el hermano de”. Quiero que tengas tu propia identidad. Mi amigo Robert siempre se está quejando de eso, tiene un hermana mayor y…
Palabras estúpidas de un idiota que no sabía el daño que hacía, cada palabra era como una puñalada. Y lo triste era que con el tiempo Josh creyó en esas palabras (en principio dichas con buena intención, pero mala elección de semántica), antes solo era cierta vergüenza típica de hermano mayor independiente para con un hermano pequeño empollón, después dio paso a la costumbre. Incluso él mismo interiormente le tenía como freak, seguro.
Y Sam sabía todo eso, pero intentaba ignorarlo. Después de todo no se merecía un hermano como Josh, tan bueno y comprensivo.
¿Cuántas veces había oído a su padre repetírselas cuando discutía con su hermano? Toda su vida, quizás.
Pero a su padre no pensaba permitirle que se metiera con Alan. Esto era distinto, Alan era distinto. Y eso transmitía su mirada, clavaba en la de su padre. Minutos lentos y tensos en los que finalmente James rompe el silencio.
-¿Qué pasa? –pregunta con dureza. Ese parte de su carácter que tanto odia Sam, el James-marine, Sam simplemente querría que le tratara más como antes, como cuando era pequeño.
-Sé que no te ha gustado que trajera a mi amigo sin avisar, pero tampoco hacía falta arruinarnos a todos la cena. Te pido perdón por eso, pero que sepas que tú le debes una disculpa a Alan –dicho esto se marcha hacia su cuarto sin esperar a la reacción de su padre, porque si lo hace está seguro de que él será quien acabe cediendo.
Orgullo VS Orgullo.
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A la mañana siguiente el enfado a remitido, cuando va hacia la cocina se encuentra a sus padres allí.
Dice buenos días y coge el baso con zumo de naranja y una tostada untada con mantequilla. No le gusta la leche ni la mermelada.
El ambiente se tensa nada más se coloca a un lado de su padre, su padre tiene su expresión neutra de siempre.
Está seguro de que jodió ayer las cosas, pero no le importa. Bien vale una semana incómoda por haber defendido sus principios.
-Buenoooos díaaaas –su hermano mayor aparece dando un bostezo, en calzoncillos y camiseta manga corta. Sam se estremece nada más pensar en el frío que hace y él vestido así.
-Buenos días –contestan los tres a coro, el ambiente tenso desaparece.
Es lo que tiene tener a alguien optimista y siempre sonriente en la familia.
Josh es mayor que él cuatro años, -como- Alan, tiene el cabello negro de papá -lo lleva corto y de punta- y los ojos castaños de mamá. Es bastante popular en la escuela y ha tenido un par de novias que en opinión de los pocos amigos que ha tenido y su propio criterio estaban buenas. Así que sin sonar demasiado gay puede decir que está bien. (Vamos, su madre siempre está diciendo lo guapo que es) Es unos centímetros más alto que él, pero muy pocos y como hace deporte tiene un cuerpo más atlético que el suyo. A él siempre le llaman escuálido….asco de gente
De carácter son totalmente opuestos.
.-Ey, Sam –su hermano le revuelve el pelo que tanto le costó peinar por lo que gruñe por lo bajo – me ha dicho mamá que trajiste a un amigo ayer para cenar – dice mientras se sienta enfrente de su hermano menor. Parece encontrar la cosa divertida. – tengo curiosidad por tu amigo, porque para juntarse con alguien como tú ya debe tener ganas
Intenta ser gracioso, está seguro de ello, pero no lo consigue. Sam se levanta con la mochila al hombro y con prisa. Un llego tarde de Sam corta las palabras de su hermano. Y su madre, a su vez, a él mismo.
-Es sábado, Sam. No hay clase –la mirada que le lanza Sam a su madre es como la de un ciervo al que apuntan con los faros de un coche y no reacciona pese a estar apunto de ser atropellado. Ojos abiertos de lechuza (y sus ojos son achinados) y boca abierta. Como tenia media tostada en la boca ésta cae al suelo y la mochila también resbala de su hombro.
Sus mejillas empiezan a tomar color al tiempo que los labios de su hermano tiemblan por no dejar escapar una risa.
-Joder –murmura avergonzadísimo.
-Esa boca, Sam –recrimina su madre sin verdadero enfado. Y entonces es cuando la melodía de ACDC inunda la cocina. Incluso Sam parece sorprendido de ese tono de llamada pero rápidamente descubre que es su móvil (y el no puso esa música).
Se aleja de la cocina con un suspiro.
-Este idiota
-Te he oído, cielito –viene el saludo del otro lado.
-¿Qué quieres? –obvia el comentario, mosqueado.
Oye dos risas al otro lado, por lo que deduce que hay alguien más. ¿Chris? Probablemente.
-Como estaba seguro de que te levantarías pronto creyendo que hoy era viernes o cualquier otro día lectivo...
“¿Lectivo? Que coño significa eso, te me estás volviendo empollón, nene” Oye de fondo y sabe enseguida que está con Chris. Eso no quita que se avergüence menos por que Alan haya acertado de lleno en lo que ha pasado.
-Lo sabía –respuesta triunfal de Alan.
-Eso no puedes saberlo –replica rápidamente.
-Te has quedado callado, Sammy. Acabas de demostrármelo –se calla un momento para decirle a Chris que deje eso, Sam no sabe que será, y vuelve a hablar. –bueno, dejémonos de chorradas y sal de una vez fuera. Te esperamos
Y le cuelga.
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Cuando sale de casa gritándole desde la puerta a su madre que se va no se esperaba lo que ocurriría a continuación. Levemente oye a Josh llamarle, pero para entonces se ha metido en el Impala.
Minutos después…
-¿Qué se supone que hacemos aquí?
El rubio tararea la canción Black in Back (¡otra vez!) golpeando con los dedos el volante del Impala y agitando la cabeza al ritmo de esos gritos infernales. No responde a la pregunta de Sam enseguida pues mira la mueca que le hace Chris desde la puerta de una casa que tiene en frete, Emy agarrada a su mano.
Todavía sin mirar a Sam, responde:
-Chris va a llevar a Emy a casa – murmura absorto.
-¿Y?
El rubio no le hace caso y eso empieza a cabrearle. (¡Quiere atención! Aunque suene a niño mimado)
-¿Alan?
-Shhh, tu mira, mira
Y sin obtener la respuesta deseada se cruza de brazos haciendo un puchero (infantil) y observa al par de hermanos.
Chris pica el timbre de la puerta y sonríe a su hermanita.
Ambos estaban manchados de tierra y barro, además de que Emy tenía las dos colas medio deshechas y un bigote de leche en los morros. ¡Y solo había pasado la mañana con su hermano! Imagina un día entero….
Esperan unos minutos hasta que la puerta se abre. Detrás de ella aparece una mujer de treinta y largos años con el cabello cobrizo recogido en una cola alta y unos bonitos ojos marrones. Era bastante atractiva y suerte que Chris no había oído ese pensamiento.
-Hola Chris, Emy –su sonrisa contenta se esfuma tan de golpe como contempla bien a su niña. Pero su hijo mayor fue más rápido: besa en la frente a su hermanita y en la mejilla a su madre, y sale corriendo.
-¿Pero que hace? –preguntó Sam extrañado ante lo que veía. Alan reía mientras ponía en marcha el motor. Chris se dirigía hacia el coche.
-¡Chriiiiis, jodido bastardo! ¡¿Como se te ocurre?! – exclamaba furiosa la buena mujer al ver las pintas con las que había traído a su hija sin dar crédito. Corre detrás de su hijo mayor con un gesto amenazador. -¡¿Cómo te atreves?!
Pero los gritos se opacaron cuando montó al coche y éste se puso en marcha, alejándose a toda velocidad.
La madre quedó gritándoles en la acera delante de su casa.
-Yeehaaaaa! –gritaron a coro los dos mayores, totalmente excitados y llenos de adrenalina.
El estribillo de Crawling de Linkin Park sonaba de fondo mientras el coche se alejada de la casa. Sam no sabía si reír, quejarse de la música u horrorizarse. Optó por no hacer ninguna de las tres cosas.
¿Acaba de-? ¿Ha-había huido de su madre? Y es mujer… ¡Joder! Y sabía de donde había sacado Chris su ¡todo!
Eran idénticos, como la versión femenina y sexy de Chris.
-¿Y no te da miedo volver a esa casa para la cena? –preguntó Sam sin poder contener su curiosidad al cabo de un rato de silencio.
Chris le sonrió con todos los dientes e hizo un gesto despreocupado con la mano.
-Nah –respondió.
-Siempre es así, Sammy –añadió el rubio divertido –y Ann todavía no se lo ha cargado. Mala hierba nunca muere
-ha, ha Tu que entiendes de hierbas, ¿eh nene? –repuso dándole un codazo Chris al mencionado.
Sam no sabía hacia donde se dirigían y tampoco le importaba, después de que su padre pareciera cabreado con él por aquella desastrosa cena y de que él le plantara cara, el ambiente era muy tenso, (como comprobó esa mañana) así que prefería no estar en casa mientras su padre estuviera. Al menos hasta dentro de unos días.
Continuará…
Bernard Herrmann* fue un compositor estadounidense de música de cine. Como anécdota se puede contar que Herrmann cuando era pequeño y tomaba clases de violín, le dijo a su profesor que quería tocar algo estrambótico y tenebroso, y el docente le dijo que no y Herrmann procedió a quebrar el violín en la cabeza del profesor.
Y para que nos entendamos, fue el que puso música a Psicosis. XD
Espero que os haya gustado y prometo que las cosas se pondrán algo más interesantes y la trama avanzará. Y nada más, que si queréis comentar ya sabéis.
Saludoooos,
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Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
XDDD este chris es un mamon XDD buena escena la de la escapada XD
Me encanta las situaciones y todo y la cena una batalla campal de mentes XD, mola enserio y como fallos vi 2 despistes (una vez q solo pusiste una exclamacion y una vez q hay un punto detras de puntos suspensivos XDD si no lo pongo entre parentesis me matan XD)
y eso q sigas asi, si en el siguiente avanza mas la trama pues genial.
PD: Los caps de relleno moolan tan muy bien XD ya te comentare mas si eso pero tan mu chulos XD
PD2: XDDD joer con el Hermann XDDD q bestia XDDD menos mal q siguen las notas de umi-chan!! XD
Me encanta las situaciones y todo y la cena una batalla campal de mentes XD, mola enserio y como fallos vi 2 despistes (una vez q solo pusiste una exclamacion y una vez q hay un punto detras de puntos suspensivos XDD si no lo pongo entre parentesis me matan XD)
y eso q sigas asi, si en el siguiente avanza mas la trama pues genial.
PD: Los caps de relleno moolan tan muy bien XD ya te comentare mas si eso pero tan mu chulos XD
PD2: XDDD joer con el Hermann XDDD q bestia XDDD menos mal q siguen las notas de umi-chan!! XD
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¿Cambiar el mundo, o cambiar uno mismo?
Anata ga ii mo akuma demo ii
ai mo meguriaeta kiseki
kienai kisu mo
- Spoiler:

Moegami-
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Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Aquí nuevo capítulo!
Estuve pensando en eso que dije sobre que la trama avanzaría y tal, y luego me di cuenta que este fic como que mucha trama no tiene. XD Así que aquí va lo que salió, de verdad el siguiente sera más interesante, pero tengo que meter este antes.
Así que nada, espero que os guste.
Capítulo 10. Chatter
Es gracioso como las cosas pueden torcerse de tal forma hasta tornarse grises y negras, con gamas casi irrefrenables de patear todo. Pero como eres fuerte –o eso quieres creer- callas y finges un enfado indiferente –que también tienes- por sobre las ganas de gritar. Y tampoco sabes realmente porque quieres gritar: si es de enfado, impotencia, tristeza, dolor…pero es algo que parece oprimirte el pecho y que consigue amargarte totalmente el día.
La valoración del día se vuelve negativa y esperas que mañana las cosas estén mejor (lo estarán). De todos modos esta vez no piensas ceder porque crees con firmeza –sabes- que no es culpa tuya, que por una vez él no tiene razón. Aunque con el enfado a veces no distingues demasiado las cosas…
Es un día como cualquier otro y Sam, después de tres clases más o menos entretenidas, se encuentra al lado de un bando de cemento en el recreo, de pie y con la mochila encima del bloque de piedra.
Esta aburrido, muy aburrido. Es lo que ocurre cuando te juntas demasiado con una única persona y desechas algo al resto. Dar tan por hecho la compañía de Alan trae consigo momentos muy divertidos, pero también que ahora mismo no sea capaz de acercarse hacia nadie de su clase.
Se aburre tanto que decide hacer algo patético y que le avergüenza de si mismo. Agarra el teléfono, marca el número de su amigo y después de tres timbres contestan.
-¿Si?
-Alan, soy Sam. ¿Qué tal lo llevas?
-Bien cof cof ya no me mareo cada vez que me levanto para ir a mear
-¿Podrías ser menos gráfico?
Vino una suave risa griposa desde el otro lado.
-No. ¿Tú qué tal?
-Aburrido, por eso te llamé en realidad. Quería usarte de pretexto para que pase esta mierda de recreo
-Vamos, no será para tanto
-Sí lo es –refuta gruñón como un niño pequeño.
Se crea un silencio en el que ni Sam ni Alan saben muy bien que decir. Algo normal teniendo en cuenta que pasan 27 de las 24 horas del día juntos.
Oye un estornudo que corta de golpe el silencio entre ellos.
-Jesús
-No me llamo así, Sammy –y Sam no puede evitar reír con algo tan chorra. Pero es que se aburre. En su piso el rubio se rebuja más en sus mantas, tiene el cabello todo revuelto y los ojos medio cerrados y enrojecidos. Está rodeado de pañuelos gastados, paquetes enteros, rollos de papel (por si acaso) y la mierda de medicina.
-Iré a verte esta tarde
-Como siempre- le corta el rubio.
-Espero que para entonces no seas tan infeccioso como ahora y hayas dormido algo –y entonces suspira como una madre que conoce muy bien las travesuras de su hijo – ¿sabes que te lo mereces, no? Eso te pasa por irte con Chris a beber. Era lógico que acabarais en una fuente. Lo que no entiendo es cómo Chris no se enfermó
-Tiene el cuerpo inmunizado ya, no sabes las juergas que se montaba a tu edad
-Os montabais- precisó el castaño
-Además –continua ignorando esa apreciación de su amigo- los tontos no se constipan, ¿lo sabías?
-Por eso mismo no entiendo que tu estés tan griposo y él feliz vagueando en casa
-Idiota
-Imbécil
El estruendo del timbre corta cualquier otra réplica. Sam retoma la palabra.
-Me tengo que ir, nos vemos esta tarde
-Te espero, princesa
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Son las siete de la tarde para cuando llega a su casa después de haber pasado toda la tarde con Alan en su piso jugando a la play. El muy idiota se ha burlado de él por tener la Wii ya que dice que es de nenazas y para jugar a chorras juegos de mesa. Ante su pobre intento de defensa Alan gritó en su cara “¡monopoli!” y el gritó “¡Guitar Hero!” y se tiraron un buen rato chillándose juegos de la mencionada consola a la cara.
Y eso que el muy idiota estaba a 38 de fiebre y griposo a más no poder.
Y ahora se encuentra delante de la puerta con una cara feliz aunque sabe que es algo tarde y le regañarán, pero si consigue llegar a su cuarto sin que se entere su madre puede mentirle diciendo que ha estado todo el día allí o engañarla con la hora, eso sin duda colaría.
Así planeó hacerlo en el momento de abrir la puerta, pero se encontró con un pequeño problema.
-Hola hermanito –su hermano mayor le mira como Silvestre a Piolín cuando está a punto de comérselo.
-Josh –es todo lo que puede decir (lamentando internamente su suerte) –vengo de casa de un amigo, podrías por favor…
-Es ese tal Alan, ¿no? –le corta afirmando más que preguntando- A papá no le gusta –y parece ser algo importante que el debe saber y tener en cuenta o algo.
-¿Y eso que tiene que ver ahora? –refunfuña el menor olvidando el día tan divertido que ha pasado con Alan y empezando a cabrearse. El otro le deja pasar finalmente, pero le agarra del brazo y tira de él hacia el piso de arriba, Sam adivina que a su habitación, siempre ha tenido esa manía desde pequeños de hablar con él allí cuando la cosa (según él) es importante.
El cuarto de Josh consta de una cama de 1’35 a la derecha, la ventana en medio de la pared donde queda el cabecero de la cama y a la izquierda un escritorio con un ordenador, una pequeña estantería arriba con multitud de discos de música y un armario empotrado al lado que de largo da hasta el final de la pared. Hay muchas fotos de Josh con sus amigos pegadas en la pared de forma desordenada.
Nada más entrar, Sam se queda de pie y el mayor se sienta en la silla con ruedas del escritorio que ha girado previamente para apoyar sus brazos en el respaldo. Se miran intensamente, Sam más bien aburrido de tanta tontería.
-¿Qué quieres, Josh? –pregunta impaciente.
-Me parece que ese chico no te conviene
-¡Esa sí que es buena! –exclama con sarcasmo. –No seas cínico, hombre. ¿Tu me vienes a decir a mi quien me conviene y quien no? –el castaña alza una ceja y el otro frunce el ceño, como si no encontrara gracioso el punto al que quiere llegar Sam.
-¿Qué? No es broma, a papá no le gusta y ha dicho que es una mala influencia para ti porque te has vuelto un respondón
-No me jodas, vienes a echarme la charla que él no quiere por su mierda de orgullo
-Ey, Sammy, no hables así de papá –ambos han enseriado el rostro. Ya no es una charla más, Sam lo presiente, la cosa se volverá fea si no para.
-No quiero discutir contigo ahora….-refuta suspirando, no le ha gustado nunca discutir, en realidad. Aunque da la casualidad de que siempre ha sido el “rebelde” de casa y el que se ha discutido siempre con su padre por cualquier chorrada. Él admite que es orgulloso y le cuesta pedir perdón o “bajar del burro” como dice su madre, pero sin duda su padre es cien mil veces más orgulloso que él y a Sam le jode tener que ser siempre el que cede. Está cansado. -además, ¿has preguntado a mamá que le parece Alan?
-No –replica Josh con rostro severo. Ni que ahora fuera a hacerle caso por que al señor le apetece hacer de hermano mayor. –pero no estamos hablando de eso, papá…
-Deja a papá fuera de esto. Él te ha pedido que hables conmigo, ¿no? Pues que venga él mismo
Y se larga del cuarto con Josh detrás de él.
-Sam
-Déjame tranquilo –se mete en su cuarto y le cierra la puerta a Josh en sus narices.
-¡Sam!
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Su cuarto es más o menos como el de Josh, aunque la ventana daría a la pared izquierda justo a un lado de su escritorio con una estantería repleta de libros y algún que otro tebeo. La cama estaría en el mismo sitio y el armario empotrado hace esquina con la pared derecha y la de la puerta de entrada. Tiene algunas fotos con sus compañeros de clase que hacen cada año en los institutos en los que ha estado.
Lleva un buen rato tumbado boca arriba en la cama, aburrido, mosqueado y sin saber qué hacer. Está cansado de tanta tontería y tiene ganas de desahogarse y poder contárselo a alguien. Su madre sería una perfecta opción, pero no quiere preocuparla ya que ella se pondría de su parte y entonces también se enfadarían sus padres y no quiere eso.
No tiene a nadie con quien hablar… ¡Espera, sí lo tiene! Se levanta de la cama de golpe. Tiene a alguien lo suficientemente no-familiar como para ver las cosas de forma objetiva y sin que repercuta en problemas familiares.
-Tengo a Alan –y esas palabras significan mucho para Sam que nunca ha tenido un amigo con el que contar para estas cosas. Tampoco es que hubiera sido un ermitaño, se ha hablado con gente y tal, pero no a nivel de confianza. Coge el teléfono y marca el número, se lo pone en el oído y espera. Contestan enseguida.
-¿Si?
-Hola, Alan, soy Sam
-Lo sé, es que tengo el vicio de decir “si” aunque sepa con quien estoy hablando –esa chorrada –que ya le había dicho multitud de veces antes- provoca un sentimiento de relajación inmediato y que una sonrisa surja en el adolescente. – ¿que querías? –pregunta el rubio, amigable.
Sabía que algo le debía pasar para llamarle, de ahí el comentario fuera de lugar.
-Eh…verás…es que quería contarte una cosa, pero seguramente no te importará, ahora que lo pienso, y es una tontería que-
-Corta el rollo, tío –el otro ríe- no me importa tirarme aquí horas, tu cuéntamelo. Para algo están los amigos, ¿no?, prometo que no me reiré, en serio, y tampoco se lo contaré a Chris
Sí, para algo están los amigos.
Toma aire para darse ánimos y comienza.
-Me he discutido con mi padre y con mi hermano –hay una pausa al otro lado.
-Pues vaya, Sammy… ¿y por qué ha sido? –y hay verdadero interés y preocupación de parte de Alan y Sam no podía agradecérselo nunca lo suficiente.
-No te enfades, eh? –dice primero medio en broma, medio en serio –es que a mi padre no le caíste bien
-A mi tampoco él- viene la repuesta de inmediato. Sam ríe.
-Lo sé, normal. –sonríe relajado al no venir una respuesta negativa de parte el rubio- el caso es que no nos hablamos y va, el tío, y manda a mi hermano en su nombre porque no quiere que me junte contigo, porque eres una mala influencia y demás chorradas
Viene una suave risa del otro lado.
-¡No me jodas! –ríe divertido el rubio- ¡he batido mi récord! Nunca había caído tan mal a alguien a la primera visita, siempre tardaba unos días más
-Supongo, pero es que me jode, Alan –se queja el castaño cabreándose de nuevo- nunca se atreve a venirme de frente, con ese asco de orgullo que tiene, estoy cansado de ceder. Y encima me manda al idiota de mi hermano que no tiene ni idea de nada pero apoya siempre a mi padre –el cabreo se transforma en nuevo cansancio –por eso siempre iré segundo –y eso se le ha escapado sin darse cuenta.
-Mira, Sammy…por lo que veo aquí los dos sois muy orgulloso y tu hermano un idiota –no corrige el apelativo a Josh, es la verdad- tu tranquilízate e intenta parecer indiferente porque así verá que has madurado y no le quedará más remedio que hablar contigo directamente; con tu hermano…pues dile que venga a conocerme primero –hay de nuevo diversión en su voz después de esa parrafada que ha soltado con voz franca y responsable –será divertido –y añade de nuevo con más seriedad –y si ves que no aguantas más te vienes el tiempo que quieras a mi casa
-Pero Alan, me sabe mal
-Tonterías –refuta con cariño- nos lo pasamos bien, ¿no? Y tu no eres un crío revoltoso que ensucia todo como Chris así que ¿Que problema hay?
-Ninguno –Sam vuelve a sonreír Sam se encuentra sentado en la cama y Alan en el sofá de casa, viendo una película. –aish, te quiero tío –bromea, no puede evitar decirlo porque de verdad le aprecia mucho y gracias a él el cabreo ya ha pasado.
No es de extrañar entonces la réplica.
-Yo también te aprecio y me siento halago por esta declaración, pero yo no soy de ésos –falsa timidez en la voz y añade repitiendo las palabras que Chris le dijo un día –sabía que mi imponente atractivo te mandaría a la otra acera
-Idiota
-nenaza
-imbécil
-No te corras chillando mi nombre esta noche, Saaaammy –y cuelga sin darle la opción a contestar (ni que Sam se viera capaz de contestar a eso enseguida).
El adolescente estalla en carcajadas tirando descuidadamente el teléfono en la cama. Alan parece encontrarse mejor de la gripe.
-Idiota
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Sobre una hora después tocan a la puerta y su madre le pide paso, él abre inmediatamente y la deja pasar. Llevaba un rato en el ordenador desde que acabó de hablar con Alan.
Y su madre no esconde la sorpresa de verle contento cuando, -sin duda-, esperaba verlo cabreado y despotricando contra su padre.
-¿Qué tal, cariño? –pregunta con afecto.
-Bien, mamá. He estado en casa de Alan y, ¿tú que consola crees que es mejor, la Wii o la Play2? –y aunque parezca mentira su madre entiende de consolas porque de pequeña jugaba con ellas (y todavía lo hace, a veces).
-Creo que ambas están bien, aunque la Play2 siempre será la Play2. La Wii es más familiar y tiene juegos más malos. La Play2 en general ha tenido mejores juegos, pero todavía van a salir muchos juegos más de Wii, así que vale la pena esperar para opinar con más propiedad
-Jo –se queja el castaño con un puchero –casi parece que te pones más de parte de Alan, mala madre
Ella ríe y le sigue el juego.
-Tú que eres muy pequeño todavía para entender de esto –se sienta en la cama de su hijo y sonríe. –aprecias mucho a Alan, eh?
-Que dices, es un idiota
-Ya –parece divertida ante la negativa de su hijo para ser más abierto con sus sentimientos. –parece un buen chico
-Sí, mamá. Sin duda lo es, porque aunque no lo parezca sacaba y saca muy buenas notas –ante la mirada reflexiva de su madre, añade cambiando radicalmente de tema – ¿siguen todavía cabreados?
-De Josh ya me he encargado yo, a partir de ahora no se meterá tanto con tus amigos. Con tu padre prefiero que dejes que las cosas se calmen un poco y ya verás como acabará entrando en razón
Ambos suspiran, sabiendo que costará muchísimo que James ceda.
-Eso espero, mamá, eso espero
Continuará…
Aquí esta! Espero no herir la sensibilidad de nadie con estas ñoñerias de caps XD
Comentarios, críticas, alagos, lo que os de la gana, ya sabéis.
Hasta el próximo capítulo. Y que sepas Moe que voy a cambiar cosas de la trama, así que ese spolierazo que te metí cuando te pasé aquellos capítulos ya da iguaaal XD
Saludooooos,
Estuve pensando en eso que dije sobre que la trama avanzaría y tal, y luego me di cuenta que este fic como que mucha trama no tiene. XD Así que aquí va lo que salió, de verdad el siguiente sera más interesante, pero tengo que meter este antes.
Así que nada, espero que os guste.
Capítulo 10. Chatter
Es gracioso como las cosas pueden torcerse de tal forma hasta tornarse grises y negras, con gamas casi irrefrenables de patear todo. Pero como eres fuerte –o eso quieres creer- callas y finges un enfado indiferente –que también tienes- por sobre las ganas de gritar. Y tampoco sabes realmente porque quieres gritar: si es de enfado, impotencia, tristeza, dolor…pero es algo que parece oprimirte el pecho y que consigue amargarte totalmente el día.
La valoración del día se vuelve negativa y esperas que mañana las cosas estén mejor (lo estarán). De todos modos esta vez no piensas ceder porque crees con firmeza –sabes- que no es culpa tuya, que por una vez él no tiene razón. Aunque con el enfado a veces no distingues demasiado las cosas…
Es un día como cualquier otro y Sam, después de tres clases más o menos entretenidas, se encuentra al lado de un bando de cemento en el recreo, de pie y con la mochila encima del bloque de piedra.
Esta aburrido, muy aburrido. Es lo que ocurre cuando te juntas demasiado con una única persona y desechas algo al resto. Dar tan por hecho la compañía de Alan trae consigo momentos muy divertidos, pero también que ahora mismo no sea capaz de acercarse hacia nadie de su clase.
Se aburre tanto que decide hacer algo patético y que le avergüenza de si mismo. Agarra el teléfono, marca el número de su amigo y después de tres timbres contestan.
-¿Si?
-Alan, soy Sam. ¿Qué tal lo llevas?
-Bien cof cof ya no me mareo cada vez que me levanto para ir a mear
-¿Podrías ser menos gráfico?
Vino una suave risa griposa desde el otro lado.
-No. ¿Tú qué tal?
-Aburrido, por eso te llamé en realidad. Quería usarte de pretexto para que pase esta mierda de recreo
-Vamos, no será para tanto
-Sí lo es –refuta gruñón como un niño pequeño.
Se crea un silencio en el que ni Sam ni Alan saben muy bien que decir. Algo normal teniendo en cuenta que pasan 27 de las 24 horas del día juntos.
Oye un estornudo que corta de golpe el silencio entre ellos.
-Jesús
-No me llamo así, Sammy –y Sam no puede evitar reír con algo tan chorra. Pero es que se aburre. En su piso el rubio se rebuja más en sus mantas, tiene el cabello todo revuelto y los ojos medio cerrados y enrojecidos. Está rodeado de pañuelos gastados, paquetes enteros, rollos de papel (por si acaso) y la mierda de medicina.
-Iré a verte esta tarde
-Como siempre- le corta el rubio.
-Espero que para entonces no seas tan infeccioso como ahora y hayas dormido algo –y entonces suspira como una madre que conoce muy bien las travesuras de su hijo – ¿sabes que te lo mereces, no? Eso te pasa por irte con Chris a beber. Era lógico que acabarais en una fuente. Lo que no entiendo es cómo Chris no se enfermó
-Tiene el cuerpo inmunizado ya, no sabes las juergas que se montaba a tu edad
-Os montabais- precisó el castaño
-Además –continua ignorando esa apreciación de su amigo- los tontos no se constipan, ¿lo sabías?
-Por eso mismo no entiendo que tu estés tan griposo y él feliz vagueando en casa
-Idiota
-Imbécil
El estruendo del timbre corta cualquier otra réplica. Sam retoma la palabra.
-Me tengo que ir, nos vemos esta tarde
-Te espero, princesa
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Son las siete de la tarde para cuando llega a su casa después de haber pasado toda la tarde con Alan en su piso jugando a la play. El muy idiota se ha burlado de él por tener la Wii ya que dice que es de nenazas y para jugar a chorras juegos de mesa. Ante su pobre intento de defensa Alan gritó en su cara “¡monopoli!” y el gritó “¡Guitar Hero!” y se tiraron un buen rato chillándose juegos de la mencionada consola a la cara.
Y eso que el muy idiota estaba a 38 de fiebre y griposo a más no poder.
Y ahora se encuentra delante de la puerta con una cara feliz aunque sabe que es algo tarde y le regañarán, pero si consigue llegar a su cuarto sin que se entere su madre puede mentirle diciendo que ha estado todo el día allí o engañarla con la hora, eso sin duda colaría.
Así planeó hacerlo en el momento de abrir la puerta, pero se encontró con un pequeño problema.
-Hola hermanito –su hermano mayor le mira como Silvestre a Piolín cuando está a punto de comérselo.
-Josh –es todo lo que puede decir (lamentando internamente su suerte) –vengo de casa de un amigo, podrías por favor…
-Es ese tal Alan, ¿no? –le corta afirmando más que preguntando- A papá no le gusta –y parece ser algo importante que el debe saber y tener en cuenta o algo.
-¿Y eso que tiene que ver ahora? –refunfuña el menor olvidando el día tan divertido que ha pasado con Alan y empezando a cabrearse. El otro le deja pasar finalmente, pero le agarra del brazo y tira de él hacia el piso de arriba, Sam adivina que a su habitación, siempre ha tenido esa manía desde pequeños de hablar con él allí cuando la cosa (según él) es importante.
El cuarto de Josh consta de una cama de 1’35 a la derecha, la ventana en medio de la pared donde queda el cabecero de la cama y a la izquierda un escritorio con un ordenador, una pequeña estantería arriba con multitud de discos de música y un armario empotrado al lado que de largo da hasta el final de la pared. Hay muchas fotos de Josh con sus amigos pegadas en la pared de forma desordenada.
Nada más entrar, Sam se queda de pie y el mayor se sienta en la silla con ruedas del escritorio que ha girado previamente para apoyar sus brazos en el respaldo. Se miran intensamente, Sam más bien aburrido de tanta tontería.
-¿Qué quieres, Josh? –pregunta impaciente.
-Me parece que ese chico no te conviene
-¡Esa sí que es buena! –exclama con sarcasmo. –No seas cínico, hombre. ¿Tu me vienes a decir a mi quien me conviene y quien no? –el castaña alza una ceja y el otro frunce el ceño, como si no encontrara gracioso el punto al que quiere llegar Sam.
-¿Qué? No es broma, a papá no le gusta y ha dicho que es una mala influencia para ti porque te has vuelto un respondón
-No me jodas, vienes a echarme la charla que él no quiere por su mierda de orgullo
-Ey, Sammy, no hables así de papá –ambos han enseriado el rostro. Ya no es una charla más, Sam lo presiente, la cosa se volverá fea si no para.
-No quiero discutir contigo ahora….-refuta suspirando, no le ha gustado nunca discutir, en realidad. Aunque da la casualidad de que siempre ha sido el “rebelde” de casa y el que se ha discutido siempre con su padre por cualquier chorrada. Él admite que es orgulloso y le cuesta pedir perdón o “bajar del burro” como dice su madre, pero sin duda su padre es cien mil veces más orgulloso que él y a Sam le jode tener que ser siempre el que cede. Está cansado. -además, ¿has preguntado a mamá que le parece Alan?
-No –replica Josh con rostro severo. Ni que ahora fuera a hacerle caso por que al señor le apetece hacer de hermano mayor. –pero no estamos hablando de eso, papá…
-Deja a papá fuera de esto. Él te ha pedido que hables conmigo, ¿no? Pues que venga él mismo
Y se larga del cuarto con Josh detrás de él.
-Sam
-Déjame tranquilo –se mete en su cuarto y le cierra la puerta a Josh en sus narices.
-¡Sam!
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Su cuarto es más o menos como el de Josh, aunque la ventana daría a la pared izquierda justo a un lado de su escritorio con una estantería repleta de libros y algún que otro tebeo. La cama estaría en el mismo sitio y el armario empotrado hace esquina con la pared derecha y la de la puerta de entrada. Tiene algunas fotos con sus compañeros de clase que hacen cada año en los institutos en los que ha estado.
Lleva un buen rato tumbado boca arriba en la cama, aburrido, mosqueado y sin saber qué hacer. Está cansado de tanta tontería y tiene ganas de desahogarse y poder contárselo a alguien. Su madre sería una perfecta opción, pero no quiere preocuparla ya que ella se pondría de su parte y entonces también se enfadarían sus padres y no quiere eso.
No tiene a nadie con quien hablar… ¡Espera, sí lo tiene! Se levanta de la cama de golpe. Tiene a alguien lo suficientemente no-familiar como para ver las cosas de forma objetiva y sin que repercuta en problemas familiares.
-Tengo a Alan –y esas palabras significan mucho para Sam que nunca ha tenido un amigo con el que contar para estas cosas. Tampoco es que hubiera sido un ermitaño, se ha hablado con gente y tal, pero no a nivel de confianza. Coge el teléfono y marca el número, se lo pone en el oído y espera. Contestan enseguida.
-¿Si?
-Hola, Alan, soy Sam
-Lo sé, es que tengo el vicio de decir “si” aunque sepa con quien estoy hablando –esa chorrada –que ya le había dicho multitud de veces antes- provoca un sentimiento de relajación inmediato y que una sonrisa surja en el adolescente. – ¿que querías? –pregunta el rubio, amigable.
Sabía que algo le debía pasar para llamarle, de ahí el comentario fuera de lugar.
-Eh…verás…es que quería contarte una cosa, pero seguramente no te importará, ahora que lo pienso, y es una tontería que-
-Corta el rollo, tío –el otro ríe- no me importa tirarme aquí horas, tu cuéntamelo. Para algo están los amigos, ¿no?, prometo que no me reiré, en serio, y tampoco se lo contaré a Chris
Sí, para algo están los amigos.
Toma aire para darse ánimos y comienza.
-Me he discutido con mi padre y con mi hermano –hay una pausa al otro lado.
-Pues vaya, Sammy… ¿y por qué ha sido? –y hay verdadero interés y preocupación de parte de Alan y Sam no podía agradecérselo nunca lo suficiente.
-No te enfades, eh? –dice primero medio en broma, medio en serio –es que a mi padre no le caíste bien
-A mi tampoco él- viene la repuesta de inmediato. Sam ríe.
-Lo sé, normal. –sonríe relajado al no venir una respuesta negativa de parte el rubio- el caso es que no nos hablamos y va, el tío, y manda a mi hermano en su nombre porque no quiere que me junte contigo, porque eres una mala influencia y demás chorradas
Viene una suave risa del otro lado.
-¡No me jodas! –ríe divertido el rubio- ¡he batido mi récord! Nunca había caído tan mal a alguien a la primera visita, siempre tardaba unos días más
-Supongo, pero es que me jode, Alan –se queja el castaño cabreándose de nuevo- nunca se atreve a venirme de frente, con ese asco de orgullo que tiene, estoy cansado de ceder. Y encima me manda al idiota de mi hermano que no tiene ni idea de nada pero apoya siempre a mi padre –el cabreo se transforma en nuevo cansancio –por eso siempre iré segundo –y eso se le ha escapado sin darse cuenta.
-Mira, Sammy…por lo que veo aquí los dos sois muy orgulloso y tu hermano un idiota –no corrige el apelativo a Josh, es la verdad- tu tranquilízate e intenta parecer indiferente porque así verá que has madurado y no le quedará más remedio que hablar contigo directamente; con tu hermano…pues dile que venga a conocerme primero –hay de nuevo diversión en su voz después de esa parrafada que ha soltado con voz franca y responsable –será divertido –y añade de nuevo con más seriedad –y si ves que no aguantas más te vienes el tiempo que quieras a mi casa
-Pero Alan, me sabe mal
-Tonterías –refuta con cariño- nos lo pasamos bien, ¿no? Y tu no eres un crío revoltoso que ensucia todo como Chris así que ¿Que problema hay?
-Ninguno –Sam vuelve a sonreír Sam se encuentra sentado en la cama y Alan en el sofá de casa, viendo una película. –aish, te quiero tío –bromea, no puede evitar decirlo porque de verdad le aprecia mucho y gracias a él el cabreo ya ha pasado.
No es de extrañar entonces la réplica.
-Yo también te aprecio y me siento halago por esta declaración, pero yo no soy de ésos –falsa timidez en la voz y añade repitiendo las palabras que Chris le dijo un día –sabía que mi imponente atractivo te mandaría a la otra acera
-Idiota
-nenaza
-imbécil
-No te corras chillando mi nombre esta noche, Saaaammy –y cuelga sin darle la opción a contestar (ni que Sam se viera capaz de contestar a eso enseguida).
El adolescente estalla en carcajadas tirando descuidadamente el teléfono en la cama. Alan parece encontrarse mejor de la gripe.
-Idiota
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Sobre una hora después tocan a la puerta y su madre le pide paso, él abre inmediatamente y la deja pasar. Llevaba un rato en el ordenador desde que acabó de hablar con Alan.
Y su madre no esconde la sorpresa de verle contento cuando, -sin duda-, esperaba verlo cabreado y despotricando contra su padre.
-¿Qué tal, cariño? –pregunta con afecto.
-Bien, mamá. He estado en casa de Alan y, ¿tú que consola crees que es mejor, la Wii o la Play2? –y aunque parezca mentira su madre entiende de consolas porque de pequeña jugaba con ellas (y todavía lo hace, a veces).
-Creo que ambas están bien, aunque la Play2 siempre será la Play2. La Wii es más familiar y tiene juegos más malos. La Play2 en general ha tenido mejores juegos, pero todavía van a salir muchos juegos más de Wii, así que vale la pena esperar para opinar con más propiedad
-Jo –se queja el castaño con un puchero –casi parece que te pones más de parte de Alan, mala madre
Ella ríe y le sigue el juego.
-Tú que eres muy pequeño todavía para entender de esto –se sienta en la cama de su hijo y sonríe. –aprecias mucho a Alan, eh?
-Que dices, es un idiota
-Ya –parece divertida ante la negativa de su hijo para ser más abierto con sus sentimientos. –parece un buen chico
-Sí, mamá. Sin duda lo es, porque aunque no lo parezca sacaba y saca muy buenas notas –ante la mirada reflexiva de su madre, añade cambiando radicalmente de tema – ¿siguen todavía cabreados?
-De Josh ya me he encargado yo, a partir de ahora no se meterá tanto con tus amigos. Con tu padre prefiero que dejes que las cosas se calmen un poco y ya verás como acabará entrando en razón
Ambos suspiran, sabiendo que costará muchísimo que James ceda.
-Eso espero, mamá, eso espero
Continuará…
Aquí esta! Espero no herir la sensibilidad de nadie con estas ñoñerias de caps XD
Comentarios, críticas, alagos, lo que os de la gana, ya sabéis.
Hasta el próximo capítulo. Y que sepas Moe que voy a cambiar cosas de la trama, así que ese spolierazo que te metí cuando te pasé aquellos capítulos ya da iguaaal XD
Saludooooos,
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umi_natori-
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Edad: 18
Localización: Ahora mismo Valencia, mañana quien sabe. EEUU in the future, I hope.
Fecha de inscripción: 08/09/2008
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Entonces lo q lei era mentira....? me has mentido... XDDD
Ahora en serio XD Ahora de momento es un royo familiar (royo me refiero a como va XD) cedera james? matara su orgullo por un flequillo que requiere un corte urgente? XD
Habra que verlo y me encanta como siempre va muy bien XD el Chris ya inmunizao el tio fallitos... pues creo q lo de me he discutido q no se dice asi, no toy seguro XD pero creo q solo es "he discutido" chincha XD
Pos eso q sigas y da igual q no avances la trama q yo me tome mi tiempo XD con que dure y sigas escribiendo mejor pa mi y pa todos
Sigue asiiii Salu2!
Ahora en serio XD Ahora de momento es un royo familiar (royo me refiero a como va XD) cedera james? matara su orgullo por un flequillo que requiere un corte urgente? XD
Habra que verlo y me encanta como siempre va muy bien XD el Chris ya inmunizao el tio fallitos... pues creo q lo de me he discutido q no se dice asi, no toy seguro XD pero creo q solo es "he discutido" chincha XD
Pos eso q sigas y da igual q no avances la trama q yo me tome mi tiempo XD con que dure y sigas escribiendo mejor pa mi y pa todos
Sigue asiiii Salu2!
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Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Después de una semana extraña y atareada un nuevo capítulo. Soy una desleal por no haber comentado tu cap. Moe, pero lo haré muy prontoooo! Es que tengo examen de filo y mucha faena.
Espero que os guste y tal XD. He intentado que la cosa se ponga más seria, espero que no resulte muy patético XD
Capítulo 11. Memoro et dolitum
“Dicen que el tiempo cura las heridas, no estoy de acuerdo, las heridas perduran. Con el tiempo la mente, para proteger su cordura, las cubre con cicatrices y el dolor se atenúa, pero nunca desaparecen”. Rose Kennedy
Había días mejores que otros, pero había especialmente uno, el 15 de Enero, en el que siquiera se veía con el valor de salir de casa. Desde bien pequeño se encerraba en su cuarto y se tumbaba en la cama, tapado hasta arriba, sintiendo unas ganas irrefrenables de llorar. De niño lloraba como un poseso sin saber muy bien porqué, simplemente con una sensación de pérdida muy grande. Ahora podía controlar, claro que podía. No era ninguna nenaza.
-Sí, sí Jenny…no voy a poder ir, tengo un resfriado de narices. Cof, cof gracias, preciosa. Ya te devolveré el favor -colgó el teléfono despidiéndose de una de sus compañeras de la universidad. Había fingido una gripe tan bien que hasta el mismísimo decano se hubiera sentido orgulloso si no le odiara tanto.
Observó el piso, -más o menos decente-, y se dirigió a su cuarto. Era un día normal y corriente de invierno, un frío infernal, el cielo ligeramente nublado –aunque poco- y nada más. Un lunes cualquiera, un día más de rutina para todos pero que él rompía.
La verdad es que habiendo vuelto hacia escasamente dos semanas de las vacaciones de navidad no era buen plan empezar a faltar a clases, pero hoy era un día excepcional.
Recordó cuando tenía diez años y sus padres se encontraban al otro lado de la puerta llamándolo.
Eran las ocho de la mañana. Se había levantado pronto para tratarse de él y ser un fin de semana. Era domingo y sería la primera vez que sus padres se dieran cuenta de que algo ocurría con él ese día. Las anteriores veces había podido esconderse de tal forma que nadie se dio cuenta, pero este iba a ser diferente.
A su madre empezó a extrañarle que no bajaran cuando era la una del mediodía, con lo comilón que era no faltaría jamás a la comida. Por ello fue hacia la puerta de su habitación y golpeó creyendo que quizás estaba enfermo o algo.
-Alan, es hora de levantarse –al intentar girar el pomo y abrir notó como la puerta estaba cerrada por dentro, le extrañó y asustó a partes iguales. –Alan, cielo, ¿pasa algo?
-Nada mamá, vete –la voz del niño consiguió calmarla levemente, pero su tono parecía triste y desganado.
-¿Te pasa algo, cariño? Ábreme, por favor
Pero Alan no hacía caso a las súplicas de su madre. Se encontraba acurrucado en la cama, tapado hasta arriba y echo un ovillo, con ríos de lágrimas que no parecían acabar nunca.
No entendía el motivo, pero se sentía mal, terriblemente triste todos los malditos 15 de enero desde que podía recordar. Sentía un profundo dolor, alguien le había quitado algo.
-Devuélvemelo –susurró lentamente, con dolor, sin saber realmente qué o a quién se lo pedía. Tapó sus oídos.
El llanto de un bebé, el olor a fuego, el calor, quemaba mucho y papá no venía. ¿Dónde estaba mamá? Aire fresco, un cuerpo pequeño en sus brazos calentito que de repente era sustituido por el frío y la soledad más absoluta, un sentimiento de abandono. “Devuélvemelo, devuélvemelo” Gritos, súplicas y dolor. Pero no se lo devolvieron.
Sabía que era adoptado y nunca le había preocupado mucho quiénes fueron sus padres biológicos, pero en ese momento deseó tener a su madre biológica calmándole y contándole que le habían quitado. Ella seguro sabía.
Horas después, ya había decidido salir. Cuando abrió la puerta los brazos de su madre rodearon su pequeño cuerpo y lo apretaron al suyo.
-No me lo devuelven, mamá –musitó el niño ya calmado apoyando su cabeza en el hueco del cuello de su madre, pero no por ello el dolor se había ido.
Su madre le tomó en brazos y acarició sus cabellos.
-Lo sé, cielo. Lo sé…
Ningún 15 de enero volvió a ser el mismo. Sus padres decidieron dejarle solo para que se desfogara ya que no podían hacer nada más, aunque esperaban todo el día al otro lado de la puerta –impotentes- y luego cuando salía, mamá le abrazaba.
Todo volvería a ser normal al día siguiente.
Y habían pasado diez años y seguía con el mismo ritual. Se metió en la cama con el pijama puesto y expresión tensa, controlada, pero los ojos verdes no tenían el brillo de siempre.
-Mierda de día –masculló en el silencio del cuarto.
Ventanas bajadas, piso vacío.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Había decidido empezar con el juego, el asesinato a aquel estorbo –aunque insuficiente para placar sus ansias- le había dado una magnífica idea. Por ello se encontraba dentro de su coche vigilando la casa desde las siete de la mañana, sin parpadear ni con signos de fatiga. El marine y el mocoso mayor que Sam ya se habían ido, la madre no saldría hasta las diez para comprar. Eso le dejaba desde las 8:00 hasta las 8:25 para atormentar a su presa, con un poco de suerte algo más.
Oyó el sonido de la puerta abrirse y unas pisadas familiares. Sam caminaba a paso torpe como de costumbre y él se decidió a salir del coche. Caminaría a unos metros detrás del joven. Y así empezó.
Habían pasado cinco minutos hasta que el cuerpo del chico pareció reaccionar a algo. Aun cuando Sam girara la cabeza –como de hecho hizo- no le encontraría, llevaba demasiados años de práctica como para ser descubierto. Solo le bastaba un árbol, una sombra, una esquina, un coche o cualquier otra cosa similar para pasar inadvertido para alguien tan inexperto como lo era el chico.
Transcurridos pocos minutos desde que girara la cabeza por primera vez notó la tensión en el cuerpo del joven, el agarre firme en su mochila y su paso más acelerado.
Era tan divertido presenciar un terror tan simple e irracional como ese.
Sam se volvía loco con esas cosas de pequeño y conforme iba creciendo ya se encargó él de que continuara así.
Continuaron caminando hacia la ancha calle que bajaba, uno detrás del otro. Uno totalmente sereno y disfrutando del momento y el otro, comenzando a sentir como su cuerpo temblaba y su cerebro ordenaba a sus piernas que corriera. El miedo nublando todo sentido racional.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
En el mismo momento en que Alan se echaba en su cama Sam bajaba por la callejuela de siempre que daba al piso de su amigo. Miraba cada poco rato hacia atrás, receloso. Sentía que le estaban siguiendo y ¡joder! ¡No tenía que ser así! No ahora y en ese lugar.
No ahora que tenía un amigo de verdad.
Aunque quizás eran imaginaciones suyas y se estuviera volviendo un paranoico….
Negó con fuerza parándose ante la puerta de su amigo (nunca eran imaginaciones suyas), le extrañó que no estuviera ya fuera esperándole, pero se dijo que quizás se había dormido.
Unos mechones de su flequillo ocultaron sus ojos, los apartó de un manotazo y volvió a mirar por el rabillo del ojo toda la calle. Nada, y aun y así sentía que sí había alguien observándole y siguiéndole desde que saliera de casa. Tocó el timbre y como no sonaba se decidió por golpear la puerta. Esperó unos minutos y no salía nadie del piso.
-Mierda, solo me faltaba ahora que esté enfermo –dijo empezando a irritarse por culpa de los nervios. Pero no era culpa de Alan, sino suya y de su paranoia.
Demasiados años llevaba ya con eso.
Recordó cómo empezó a darse cuenta de todo.
Un pequeño niño de cabello corto y flequillo en la cara jugaba en el parque que había cerca de casa. Vivía en Olathe, una ciudad muy verde y lo único que conocía como suyo, aparte de a sus padres.
Tenía seis años y una curiosidad y desparpajo infantil muy grande. Eran las seis y faltaba poco para que llegara la hora de ir a casa. Se encontraba jugando a la pelota con dos niños muy simpáticos, su madre charlaba con unas vecinas y no se dio cuenta de cuando el niño se dirigió a la zona del tobogán (totalmente vacía) ya que los niños se habían ido con sus madres.
Un hombre se encontraba parado a un lado del tobogán mirándole fijamente y Sam, como no le tenía miedo a nada todavía (era simplemente un niño), se acercó.
-¿Qué pasa señor?- preguntó con voz infantil. El hombre, al que no pudo ver la cara, sonrió o eso alcanzó a ver de la capucha que llevaba.
-Nada Samuel. Ha empezado la temporada de caza, ¿sabes?- entonces se asustó, no supo porqué o quizás fue instintivamente que supo que iba a por él, que esas palabras significaban algo más y que era algo malo. Ese hombre era malo y los escalofriantes ojos rojos (ahora supo que seguramente por unas lentillas) se lo probaron junto a su sonrisa perversa.
Se tiró hacia atrás cayendo, -asustado-, y el hombre siguió sonriendo cruelmente al verlo caer pero no hizo amago de seguirle cuando le vio levantarse torpemente y echar a correr.
-No vemos, Sammy –susurró alejándose a paso tranquilo sin mirar atrás.
Y Sam llegó hasta su madre llorando, pidiéndole que volvieran a casa. No volvieron a ese parque. Tampoco volvió a confiar en desconocidos, a partir de ahí empezó a costarle relacionarse con los demás niños por la desconfianza que anidó en su pecho, y esos ojos jamás se iban.
Y su madre, pese a que en un principio creyó que se trataba de un miedo de niños (como el miedo por el gato de su madre), acabó dándose cuenta de la realidad. De que su niño risueño y feliz se volvió taciturno y asustadizo, desconfiado. Y de nada sirvió llamar a la policía denunciando a un posible pedófilo o secuestrador, no había rastro de nada. Y tuvieron que mudarse poco después y continuar solos y sin ayuda.
Y así comenzó el infierno particular de Sam, que con el tiempo decidió fingir que todo estaba bien y que no vivía con miedo constante para que su madre no se preocupara.
Y quizás, no lo sabe con certeza, ahí fue cuando comenzó a distanciarse de su padre y su hermano empezó a tratarle como a un bicho raro.
Y esos ojos rojos y sonrisa perversa inundaron sus pesadillas. Unos ojos que le persiguieron siempre y que no le dejaban descansar.
No se dio cuenta de cuando empezó a aporrear la puerta y lágrimas de miedo aguaron sus ojos. Tan sumido estaba en los recuerdos.
-¡Alan! ¡Ábreme por favor! ¡Abre por favor, Alan! ¡Alan!
Pero Alan también luchaba contra su demonio particular.
Continuará…
Comentarios, -aunque no me los merezca-, insultos, quejas...ya sabéis, en un coment XD. Nos vemos the next week , I hope. XD
Espero que os guste y tal XD. He intentado que la cosa se ponga más seria, espero que no resulte muy patético XD
Capítulo 11. Memoro et dolitum
“Dicen que el tiempo cura las heridas, no estoy de acuerdo, las heridas perduran. Con el tiempo la mente, para proteger su cordura, las cubre con cicatrices y el dolor se atenúa, pero nunca desaparecen”. Rose Kennedy
Había días mejores que otros, pero había especialmente uno, el 15 de Enero, en el que siquiera se veía con el valor de salir de casa. Desde bien pequeño se encerraba en su cuarto y se tumbaba en la cama, tapado hasta arriba, sintiendo unas ganas irrefrenables de llorar. De niño lloraba como un poseso sin saber muy bien porqué, simplemente con una sensación de pérdida muy grande. Ahora podía controlar, claro que podía. No era ninguna nenaza.
-Sí, sí Jenny…no voy a poder ir, tengo un resfriado de narices. Cof, cof gracias, preciosa. Ya te devolveré el favor -colgó el teléfono despidiéndose de una de sus compañeras de la universidad. Había fingido una gripe tan bien que hasta el mismísimo decano se hubiera sentido orgulloso si no le odiara tanto.
Observó el piso, -más o menos decente-, y se dirigió a su cuarto. Era un día normal y corriente de invierno, un frío infernal, el cielo ligeramente nublado –aunque poco- y nada más. Un lunes cualquiera, un día más de rutina para todos pero que él rompía.
La verdad es que habiendo vuelto hacia escasamente dos semanas de las vacaciones de navidad no era buen plan empezar a faltar a clases, pero hoy era un día excepcional.
Recordó cuando tenía diez años y sus padres se encontraban al otro lado de la puerta llamándolo.
Eran las ocho de la mañana. Se había levantado pronto para tratarse de él y ser un fin de semana. Era domingo y sería la primera vez que sus padres se dieran cuenta de que algo ocurría con él ese día. Las anteriores veces había podido esconderse de tal forma que nadie se dio cuenta, pero este iba a ser diferente.
A su madre empezó a extrañarle que no bajaran cuando era la una del mediodía, con lo comilón que era no faltaría jamás a la comida. Por ello fue hacia la puerta de su habitación y golpeó creyendo que quizás estaba enfermo o algo.
-Alan, es hora de levantarse –al intentar girar el pomo y abrir notó como la puerta estaba cerrada por dentro, le extrañó y asustó a partes iguales. –Alan, cielo, ¿pasa algo?
-Nada mamá, vete –la voz del niño consiguió calmarla levemente, pero su tono parecía triste y desganado.
-¿Te pasa algo, cariño? Ábreme, por favor
Pero Alan no hacía caso a las súplicas de su madre. Se encontraba acurrucado en la cama, tapado hasta arriba y echo un ovillo, con ríos de lágrimas que no parecían acabar nunca.
No entendía el motivo, pero se sentía mal, terriblemente triste todos los malditos 15 de enero desde que podía recordar. Sentía un profundo dolor, alguien le había quitado algo.
-Devuélvemelo –susurró lentamente, con dolor, sin saber realmente qué o a quién se lo pedía. Tapó sus oídos.
El llanto de un bebé, el olor a fuego, el calor, quemaba mucho y papá no venía. ¿Dónde estaba mamá? Aire fresco, un cuerpo pequeño en sus brazos calentito que de repente era sustituido por el frío y la soledad más absoluta, un sentimiento de abandono. “Devuélvemelo, devuélvemelo” Gritos, súplicas y dolor. Pero no se lo devolvieron.
Sabía que era adoptado y nunca le había preocupado mucho quiénes fueron sus padres biológicos, pero en ese momento deseó tener a su madre biológica calmándole y contándole que le habían quitado. Ella seguro sabía.
Horas después, ya había decidido salir. Cuando abrió la puerta los brazos de su madre rodearon su pequeño cuerpo y lo apretaron al suyo.
-No me lo devuelven, mamá –musitó el niño ya calmado apoyando su cabeza en el hueco del cuello de su madre, pero no por ello el dolor se había ido.
Su madre le tomó en brazos y acarició sus cabellos.
-Lo sé, cielo. Lo sé…
Ningún 15 de enero volvió a ser el mismo. Sus padres decidieron dejarle solo para que se desfogara ya que no podían hacer nada más, aunque esperaban todo el día al otro lado de la puerta –impotentes- y luego cuando salía, mamá le abrazaba.
Todo volvería a ser normal al día siguiente.
Y habían pasado diez años y seguía con el mismo ritual. Se metió en la cama con el pijama puesto y expresión tensa, controlada, pero los ojos verdes no tenían el brillo de siempre.
-Mierda de día –masculló en el silencio del cuarto.
Ventanas bajadas, piso vacío.
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Había decidido empezar con el juego, el asesinato a aquel estorbo –aunque insuficiente para placar sus ansias- le había dado una magnífica idea. Por ello se encontraba dentro de su coche vigilando la casa desde las siete de la mañana, sin parpadear ni con signos de fatiga. El marine y el mocoso mayor que Sam ya se habían ido, la madre no saldría hasta las diez para comprar. Eso le dejaba desde las 8:00 hasta las 8:25 para atormentar a su presa, con un poco de suerte algo más.
Oyó el sonido de la puerta abrirse y unas pisadas familiares. Sam caminaba a paso torpe como de costumbre y él se decidió a salir del coche. Caminaría a unos metros detrás del joven. Y así empezó.
Habían pasado cinco minutos hasta que el cuerpo del chico pareció reaccionar a algo. Aun cuando Sam girara la cabeza –como de hecho hizo- no le encontraría, llevaba demasiados años de práctica como para ser descubierto. Solo le bastaba un árbol, una sombra, una esquina, un coche o cualquier otra cosa similar para pasar inadvertido para alguien tan inexperto como lo era el chico.
Transcurridos pocos minutos desde que girara la cabeza por primera vez notó la tensión en el cuerpo del joven, el agarre firme en su mochila y su paso más acelerado.
Era tan divertido presenciar un terror tan simple e irracional como ese.
Sam se volvía loco con esas cosas de pequeño y conforme iba creciendo ya se encargó él de que continuara así.
Continuaron caminando hacia la ancha calle que bajaba, uno detrás del otro. Uno totalmente sereno y disfrutando del momento y el otro, comenzando a sentir como su cuerpo temblaba y su cerebro ordenaba a sus piernas que corriera. El miedo nublando todo sentido racional.
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En el mismo momento en que Alan se echaba en su cama Sam bajaba por la callejuela de siempre que daba al piso de su amigo. Miraba cada poco rato hacia atrás, receloso. Sentía que le estaban siguiendo y ¡joder! ¡No tenía que ser así! No ahora y en ese lugar.
No ahora que tenía un amigo de verdad.
Aunque quizás eran imaginaciones suyas y se estuviera volviendo un paranoico….
Negó con fuerza parándose ante la puerta de su amigo (nunca eran imaginaciones suyas), le extrañó que no estuviera ya fuera esperándole, pero se dijo que quizás se había dormido.
Unos mechones de su flequillo ocultaron sus ojos, los apartó de un manotazo y volvió a mirar por el rabillo del ojo toda la calle. Nada, y aun y así sentía que sí había alguien observándole y siguiéndole desde que saliera de casa. Tocó el timbre y como no sonaba se decidió por golpear la puerta. Esperó unos minutos y no salía nadie del piso.
-Mierda, solo me faltaba ahora que esté enfermo –dijo empezando a irritarse por culpa de los nervios. Pero no era culpa de Alan, sino suya y de su paranoia.
Demasiados años llevaba ya con eso.
Recordó cómo empezó a darse cuenta de todo.
Un pequeño niño de cabello corto y flequillo en la cara jugaba en el parque que había cerca de casa. Vivía en Olathe, una ciudad muy verde y lo único que conocía como suyo, aparte de a sus padres.
Tenía seis años y una curiosidad y desparpajo infantil muy grande. Eran las seis y faltaba poco para que llegara la hora de ir a casa. Se encontraba jugando a la pelota con dos niños muy simpáticos, su madre charlaba con unas vecinas y no se dio cuenta de cuando el niño se dirigió a la zona del tobogán (totalmente vacía) ya que los niños se habían ido con sus madres.
Un hombre se encontraba parado a un lado del tobogán mirándole fijamente y Sam, como no le tenía miedo a nada todavía (era simplemente un niño), se acercó.
-¿Qué pasa señor?- preguntó con voz infantil. El hombre, al que no pudo ver la cara, sonrió o eso alcanzó a ver de la capucha que llevaba.
-Nada Samuel. Ha empezado la temporada de caza, ¿sabes?- entonces se asustó, no supo porqué o quizás fue instintivamente que supo que iba a por él, que esas palabras significaban algo más y que era algo malo. Ese hombre era malo y los escalofriantes ojos rojos (ahora supo que seguramente por unas lentillas) se lo probaron junto a su sonrisa perversa.
Se tiró hacia atrás cayendo, -asustado-, y el hombre siguió sonriendo cruelmente al verlo caer pero no hizo amago de seguirle cuando le vio levantarse torpemente y echar a correr.
-No vemos, Sammy –susurró alejándose a paso tranquilo sin mirar atrás.
Y Sam llegó hasta su madre llorando, pidiéndole que volvieran a casa. No volvieron a ese parque. Tampoco volvió a confiar en desconocidos, a partir de ahí empezó a costarle relacionarse con los demás niños por la desconfianza que anidó en su pecho, y esos ojos jamás se iban.
Y su madre, pese a que en un principio creyó que se trataba de un miedo de niños (como el miedo por el gato de su madre), acabó dándose cuenta de la realidad. De que su niño risueño y feliz se volvió taciturno y asustadizo, desconfiado. Y de nada sirvió llamar a la policía denunciando a un posible pedófilo o secuestrador, no había rastro de nada. Y tuvieron que mudarse poco después y continuar solos y sin ayuda.
Y así comenzó el infierno particular de Sam, que con el tiempo decidió fingir que todo estaba bien y que no vivía con miedo constante para que su madre no se preocupara.
Y quizás, no lo sabe con certeza, ahí fue cuando comenzó a distanciarse de su padre y su hermano empezó a tratarle como a un bicho raro.
Y esos ojos rojos y sonrisa perversa inundaron sus pesadillas. Unos ojos que le persiguieron siempre y que no le dejaban descansar.
No se dio cuenta de cuando empezó a aporrear la puerta y lágrimas de miedo aguaron sus ojos. Tan sumido estaba en los recuerdos.
-¡Alan! ¡Ábreme por favor! ¡Abre por favor, Alan! ¡Alan!
Pero Alan también luchaba contra su demonio particular.
Continuará…
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umi_natori-
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Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Muy bueno, si has cambiado la trama poco puedo adivinar ya XD (aunque a saber, la unica q sabe como ira ya eres tu XD)
Me encanta, pocos fallitos, despistes, y no se si sera un despiste q pusiste placar sus ansias o algo asi y creo q es aplacar, por lo demas genial. Y buena cita al principio XD
Saludos!! q sigas con mas
PD: de desleal nada XD q es un foro no un compromiso de sangre XD q te vaya bien el examen y q escribas mas
Me encanta, pocos fallitos, despistes, y no se si sera un despiste q pusiste placar sus ansias o algo asi y creo q es aplacar, por lo demas genial. Y buena cita al principio XD
Saludos!! q sigas con mas
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Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Capítulo nuevo! No tengo mucho que decir más que será algo más cortito y espero que os guste.
Ahí va;
Capítulo 12. Share away the devil.
“Los fallos y defectos de la mente son como las heridas en el cuerpo, aunque se empleen todos los cuidados imaginables para curarlas siempre quedará una cicatriz” François de La Rochefoucauld, escritor francés.
Llevaba unos minutos tumbado en la cama, en silencio. Volvió a repetir las palabras de siempre, las malditas palabras.
-Devuélvemelo -¿Qué se supone que tenían que devolverle? ¿Qué mierda le habrían quitado de crío para que le hubiera afectado tanto? Porque había llegado a esa conclusión, hace años lo habló con sus padres. Había sido adoptado cuando tenía cinco años, con cuatro todavía tenía familia…
Entonces…Algo debió ocurrir.
Tendría que resignarse por ahora y hundirse en su miseria porque hoy mamá no iba a venir a consolarle. ¡Antes muerto que llamarla! Que vergüenza, aunque quería a rabiar a su familia no se veía capaz de hacer algo así…aunque en el fondo deseara abrazar a su madre y que ésta le consolara como cuando era pequeño. Por eso había desconectado toda la luz de casa, para que nadie le molestara en ese día en que quería sentirse una mierda, porque también él tenía derecho.
No todo era de color de rosa en la vida.
Y estaba seguro de que su madre pasaría un día tan malo como él, recordando el día que era, pero no vendría por respeto a la decisión que tomó hace seis años.
De lejos oyó un porrazo y lo ignoró cerrando los ojos. El portazo se volvió a repetir durante tanto rato que se cansó y se levantó de golpe de la cama. La palabra todavía repitiéndose en su cabeza, el nudo en la garganta.
-eme! Alan! - abrió la puerta de su habitación. La voz le llegó alta y clara. - ¡por favor, Alan! ¡Ábreme!
-¿Sam? –su voz se oyó desganada. Se sorprendió a si mismo. ¿Tan hecho polvo estaba?
Se dirigió hacia la puerta. Los gritos de Sam seguían, seguía también aporreando su pobre puerta.
La abrió, listo para decirle que se largara y le dejara en paz que hoy no tenía ganas de jugar. Pero lo que vio detrás se lo impidió.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------
Sam se sentía desesperado, sentía que el tipo que le seguía estaba cerca. Iba a atraparle, ¡iba a cazarle!
¿Sabes que ya es temporada de caza?
Aporreó con más fuerza.
-Alan! ¡¡Por favor!!
La puerta se abrió con lentitud y él se abalanzó hacia delante llevándose por delante al sorprendido rubio y cerrando la puerta de un porrazo.
El silencio detrás del portazo era tenso. Helado.
Alan miraba la cara descompuesta y llorosa del menor con cierta sorpresa y preocupación a partes iguales. Sam no miraba nada, solo estaba ahí, quieto.
-Sam… ¿Qué te ha pasado, tío?
-Lo siento, lo siento Alan –le miró con los ojos llorosos, su labio inferior temblando –perdona por aporrearte la puerta y entrar de golpe –secó las lágrimas de sus ojos con la manga de la chaqueta – pero es que
-No pasa nada, anda, vamos a sentarnos –por primera vez en su vida el dolor fue sustituido por la preocupación por el chico lloroso y asustado que tenía delante. Ya tendría tiempo para lamentarse de si mismo más tarde, ahora había cosas más importantes.
Caminó todavía en pijama y descalzo hacia la cocina.
-¿Qué quieres beber? –intentó fingir entereza (y era un maestro ocultando sus sentimiento) porque alguno de los dos debía hacerlo y él era el mayor, ¡que cojones!
-Agua, por favor
Sam se había sentado en el sofá del comedor de Alan intentando calmar su pulso acelerado, para hacerlo decidió observar el comedor (en el cual no había reparado en ninguna de sus visitas) y así intentar distraerse y alejar el miedo. Delante del sofá se encontraba una mesa pequeña y bajita de cristal y pegado a la pared un televisor de pantalla plana bastante grande encima de un mueble, y una mesa con cuatro sillas a la derecha.
Se notaba que se había gastado la mayoría del presupuesto en la tele.
Alan entró de nuevo al comedor con dos coca-colas y una pequeña sonrisa simpática (aunque lo que menos quisiera ahora fuera sonreír).
-Aquí tienes –le pasó el refresco y se tiró a un lado del sofá con el suyo. Le clavó sus ojos verdes, fijos en él, en busca de respuesta.
-Yo quería agua y
-¿Qué te ha pasado?
-Yo…-le miró dudoso de que decir dándose cuenta de que debía hacerlo, porque Alan le había permitido entrar en su casa sin preguntar. El rubio bufó, enseriando el rostro al ver que su amigo no se decidía a decir nada.
-Esa cara de miedo que tenías era por algo, no me dirás que no era nada. Así que suéltalo
-Pero verás, es largo…
-Tengo todo el día
Sam agachó la cabeza y se mordió el labio, inseguro, el flequillo ocultó parcialmente su rostro pálido.
-Verás…-empezó a decir carraspeando. Alan no apartaba la mirada de él, lo sentía. Alzó la mirada –me seguía alguien –Alan iba a decir algo y le cortó enseguida –desde hace años, Alan, no es un tipo ocasional
Alan permaneció serio, sorprendido por lo que acababa de contarle el adolescente.
-¿Desde cuando?
-Creo que desde siempre, aunque cuando realmente me di cuenta fue cuando tenía seis años –se estremeció involuntariamente y sus ojos volvieron a aguarse. Alan posó una mano en su hombro, con cariño, transmitiéndole calma.
-¿Qué pasó? –preguntó con suavidad.
-Le vi, vi a ese hombre que me sigue a todas partes. Sé que es él. Me dijo “es temporada de caza, ¿sabes?” –Agitó la cabeza, furioso y asustado a la vez solo él comprendiendo el alcance de las palabras – ¡porque te piensas que soy nuevo en Kansas!, he vivido en tres lugares antes de llegar a aquí. Huyendo de él, pero siempre
Calló, reprimiendo su ira, volviendo el miedo. Alan suspiró, comprendiendo.
-Siempre te encuentra
El joven asintió, se le veía tan vulnerable y pequeño. Ahí encogido en su sofá. Sam agachó la cabeza y la ocultó parcialmente entre sus rodillas flexionadas, como si todo fuera a desaparecer si se hacía invisible.
Alan sabía que algo ocurría, se lo olía desde hacía tiempo, ya notaba que era raro que la madre de Sam le protegiera tanto y Sam se preocupara tanto por no llegar pronto a casa o siempre estuviera avisando a su madre si salía (cosa que ocurría demasiado poco).
Quería que Sam confiara en él, que le contara qué ocurría, que se desfogara.
Se mordió el labio inferior.
-Pero no va a ocurrir hoy –se dijo. Se mantuvo callado observando a su amigo, aquél mocoso que se había convertido en alguien indispensable en su vida (cosa extraña porque hacía escasos meses que se veían y eso no era normal en él, que necesitaba tiempo). Le era tan natural estar con Sam como si siempre hubieran estado juntos, y tampoco hacía mucho que le conocía, es más, todavía debía descubrir muchas cosas de ese chico tranquilo y huraño. Sam también debía conocer cosas de él, claro.
-Tú tampoco te veías bien –dijo Sam de improvisto con voz floja, como si fuera un niño pequeño y no un adolescente que le sobrepasaba en altura.
Alan colocó ambas manos en el sofá y estiró sus pies, no mirando a nada en particular.
-Ya…
-¿Te ha pasaba algo?
Estuvo tentado de reír aunque no precisamente desbordante de alegría.
Este enano…
Se suponía que era él el mayor y el que había preguntado antes. Pero de alguna forma ese mocoso, sin ser consciente del poder que ejercía sobre él, había girado la conversación a su terreno.
-Me acababa de levantar y estaba bastante cansado después de la visita de Chris ayer –no era mentira, pero tampoco la verdad completa, y ambos lo sabían. Pero se estableció un acuerdo silencioso sobre no hurgar en la herida del pasado del otro, todavía abierta.
Se quedaron en silencio, Alan bebiendo su coca-cola y mirando hacia todo y nada a la vez, Sam seguía con la cabeza entre sus brazos, apoyada en las rodillas. Ambos callados y siendo muy conscientes de la presencia del otro y de que la conversación quedaba pendiente, que no acababa aquí. Aunque no hablaban se sentían bien, solo con la presencia del otro, como en un mudo consuelo, palabras no dichas pero dichas a gritos. El sentimiento de que estaban conectados más allá de la amistad, quizás por la gran confianza que se tenían o la sensación de que no eran tan diferentes.
Y así pasaría todo el día, Sam seguramente acabaría quedándose a dormir en su casa.
Debo llamar a Sara.
-¿No debías ir a clase?
-Yo voy siempre, no creo que alguna falta haga la diferencia
Continuará…
Espero que os gusteee!! Ya sabéis el resto, no me voy a repetir XD
Por cierto, las citas son made in Criminal Minds.
Saludooos,
Ahí va;
Capítulo 12. Share away the devil.
“Los fallos y defectos de la mente son como las heridas en el cuerpo, aunque se empleen todos los cuidados imaginables para curarlas siempre quedará una cicatriz” François de La Rochefoucauld, escritor francés.
Llevaba unos minutos tumbado en la cama, en silencio. Volvió a repetir las palabras de siempre, las malditas palabras.
-Devuélvemelo -¿Qué se supone que tenían que devolverle? ¿Qué mierda le habrían quitado de crío para que le hubiera afectado tanto? Porque había llegado a esa conclusión, hace años lo habló con sus padres. Había sido adoptado cuando tenía cinco años, con cuatro todavía tenía familia…
Entonces…Algo debió ocurrir.
Tendría que resignarse por ahora y hundirse en su miseria porque hoy mamá no iba a venir a consolarle. ¡Antes muerto que llamarla! Que vergüenza, aunque quería a rabiar a su familia no se veía capaz de hacer algo así…aunque en el fondo deseara abrazar a su madre y que ésta le consolara como cuando era pequeño. Por eso había desconectado toda la luz de casa, para que nadie le molestara en ese día en que quería sentirse una mierda, porque también él tenía derecho.
No todo era de color de rosa en la vida.
Y estaba seguro de que su madre pasaría un día tan malo como él, recordando el día que era, pero no vendría por respeto a la decisión que tomó hace seis años.
De lejos oyó un porrazo y lo ignoró cerrando los ojos. El portazo se volvió a repetir durante tanto rato que se cansó y se levantó de golpe de la cama. La palabra todavía repitiéndose en su cabeza, el nudo en la garganta.
-eme! Alan! - abrió la puerta de su habitación. La voz le llegó alta y clara. - ¡por favor, Alan! ¡Ábreme!
-¿Sam? –su voz se oyó desganada. Se sorprendió a si mismo. ¿Tan hecho polvo estaba?
Se dirigió hacia la puerta. Los gritos de Sam seguían, seguía también aporreando su pobre puerta.
La abrió, listo para decirle que se largara y le dejara en paz que hoy no tenía ganas de jugar. Pero lo que vio detrás se lo impidió.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------
Sam se sentía desesperado, sentía que el tipo que le seguía estaba cerca. Iba a atraparle, ¡iba a cazarle!
¿Sabes que ya es temporada de caza?
Aporreó con más fuerza.
-Alan! ¡¡Por favor!!
La puerta se abrió con lentitud y él se abalanzó hacia delante llevándose por delante al sorprendido rubio y cerrando la puerta de un porrazo.
El silencio detrás del portazo era tenso. Helado.
Alan miraba la cara descompuesta y llorosa del menor con cierta sorpresa y preocupación a partes iguales. Sam no miraba nada, solo estaba ahí, quieto.
-Sam… ¿Qué te ha pasado, tío?
-Lo siento, lo siento Alan –le miró con los ojos llorosos, su labio inferior temblando –perdona por aporrearte la puerta y entrar de golpe –secó las lágrimas de sus ojos con la manga de la chaqueta – pero es que
-No pasa nada, anda, vamos a sentarnos –por primera vez en su vida el dolor fue sustituido por la preocupación por el chico lloroso y asustado que tenía delante. Ya tendría tiempo para lamentarse de si mismo más tarde, ahora había cosas más importantes.
Caminó todavía en pijama y descalzo hacia la cocina.
-¿Qué quieres beber? –intentó fingir entereza (y era un maestro ocultando sus sentimiento) porque alguno de los dos debía hacerlo y él era el mayor, ¡que cojones!
-Agua, por favor
Sam se había sentado en el sofá del comedor de Alan intentando calmar su pulso acelerado, para hacerlo decidió observar el comedor (en el cual no había reparado en ninguna de sus visitas) y así intentar distraerse y alejar el miedo. Delante del sofá se encontraba una mesa pequeña y bajita de cristal y pegado a la pared un televisor de pantalla plana bastante grande encima de un mueble, y una mesa con cuatro sillas a la derecha.
Se notaba que se había gastado la mayoría del presupuesto en la tele.
Alan entró de nuevo al comedor con dos coca-colas y una pequeña sonrisa simpática (aunque lo que menos quisiera ahora fuera sonreír).
-Aquí tienes –le pasó el refresco y se tiró a un lado del sofá con el suyo. Le clavó sus ojos verdes, fijos en él, en busca de respuesta.
-Yo quería agua y
-¿Qué te ha pasado?
-Yo…-le miró dudoso de que decir dándose cuenta de que debía hacerlo, porque Alan le había permitido entrar en su casa sin preguntar. El rubio bufó, enseriando el rostro al ver que su amigo no se decidía a decir nada.
-Esa cara de miedo que tenías era por algo, no me dirás que no era nada. Así que suéltalo
-Pero verás, es largo…
-Tengo todo el día
Sam agachó la cabeza y se mordió el labio, inseguro, el flequillo ocultó parcialmente su rostro pálido.
-Verás…-empezó a decir carraspeando. Alan no apartaba la mirada de él, lo sentía. Alzó la mirada –me seguía alguien –Alan iba a decir algo y le cortó enseguida –desde hace años, Alan, no es un tipo ocasional
Alan permaneció serio, sorprendido por lo que acababa de contarle el adolescente.
-¿Desde cuando?
-Creo que desde siempre, aunque cuando realmente me di cuenta fue cuando tenía seis años –se estremeció involuntariamente y sus ojos volvieron a aguarse. Alan posó una mano en su hombro, con cariño, transmitiéndole calma.
-¿Qué pasó? –preguntó con suavidad.
-Le vi, vi a ese hombre que me sigue a todas partes. Sé que es él. Me dijo “es temporada de caza, ¿sabes?” –Agitó la cabeza, furioso y asustado a la vez solo él comprendiendo el alcance de las palabras – ¡porque te piensas que soy nuevo en Kansas!, he vivido en tres lugares antes de llegar a aquí. Huyendo de él, pero siempre
Calló, reprimiendo su ira, volviendo el miedo. Alan suspiró, comprendiendo.
-Siempre te encuentra
El joven asintió, se le veía tan vulnerable y pequeño. Ahí encogido en su sofá. Sam agachó la cabeza y la ocultó parcialmente entre sus rodillas flexionadas, como si todo fuera a desaparecer si se hacía invisible.
Alan sabía que algo ocurría, se lo olía desde hacía tiempo, ya notaba que era raro que la madre de Sam le protegiera tanto y Sam se preocupara tanto por no llegar pronto a casa o siempre estuviera avisando a su madre si salía (cosa que ocurría demasiado poco).
Quería que Sam confiara en él, que le contara qué ocurría, que se desfogara.
Se mordió el labio inferior.
-Pero no va a ocurrir hoy –se dijo. Se mantuvo callado observando a su amigo, aquél mocoso que se había convertido en alguien indispensable en su vida (cosa extraña porque hacía escasos meses que se veían y eso no era normal en él, que necesitaba tiempo). Le era tan natural estar con Sam como si siempre hubieran estado juntos, y tampoco hacía mucho que le conocía, es más, todavía debía descubrir muchas cosas de ese chico tranquilo y huraño. Sam también debía conocer cosas de él, claro.
-Tú tampoco te veías bien –dijo Sam de improvisto con voz floja, como si fuera un niño pequeño y no un adolescente que le sobrepasaba en altura.
Alan colocó ambas manos en el sofá y estiró sus pies, no mirando a nada en particular.
-Ya…
-¿Te ha pasaba algo?
Estuvo tentado de reír aunque no precisamente desbordante de alegría.
Este enano…
Se suponía que era él el mayor y el que había preguntado antes. Pero de alguna forma ese mocoso, sin ser consciente del poder que ejercía sobre él, había girado la conversación a su terreno.
-Me acababa de levantar y estaba bastante cansado después de la visita de Chris ayer –no era mentira, pero tampoco la verdad completa, y ambos lo sabían. Pero se estableció un acuerdo silencioso sobre no hurgar en la herida del pasado del otro, todavía abierta.
Se quedaron en silencio, Alan bebiendo su coca-cola y mirando hacia todo y nada a la vez, Sam seguía con la cabeza entre sus brazos, apoyada en las rodillas. Ambos callados y siendo muy conscientes de la presencia del otro y de que la conversación quedaba pendiente, que no acababa aquí. Aunque no hablaban se sentían bien, solo con la presencia del otro, como en un mudo consuelo, palabras no dichas pero dichas a gritos. El sentimiento de que estaban conectados más allá de la amistad, quizás por la gran confianza que se tenían o la sensación de que no eran tan diferentes.
Y así pasaría todo el día, Sam seguramente acabaría quedándose a dormir en su casa.
Debo llamar a Sara.
-¿No debías ir a clase?
-Yo voy siempre, no creo que alguna falta haga la diferencia
Continuará…
Espero que os gusteee!! Ya sabéis el resto, no me voy a repetir XD
Por cierto, las citas son made in Criminal Minds.
Saludooos,
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umi_natori-
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Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Otro capi geniaal!
Mola mola pasado oscuro XD aver como acaba la conversacion esa pendiente algun dia... XD
Me encantan las citas q te dio por poner ahora las eliges bien y quedan geniales, y esa manera de describir tan bien me encanta y el ultimo parrafazo ahi te esmeraste XD qedo genial.
Fallitos alguna tilde como siempre no estamos a todo XD y por ejemplo cuando decia ¡porque crees que soy.... seria una pregunta tambien com exclamaciones e interrogaciones ademas iria separado el por que y alguna cosilla por ahi q son despistes sin importancia.
nada mas sigue haciendo mas y maas! XD
salu2ss!!
Mola mola pasado oscuro XD aver como acaba la conversacion esa pendiente algun dia... XD
Me encantan las citas q te dio por poner ahora las eliges bien y quedan geniales, y esa manera de describir tan bien me encanta y el ultimo parrafazo ahi te esmeraste XD qedo genial.
Fallitos alguna tilde como siempre no estamos a todo XD y por ejemplo cuando decia ¡porque crees que soy.... seria una pregunta tambien com exclamaciones e interrogaciones ademas iria separado el por que y alguna cosilla por ahi q son despistes sin importancia.
nada mas sigue haciendo mas y maas! XD
salu2ss!!
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Moegami-
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