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Share blood. (Fic o intento de XD)
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1, 2, 3, 4
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Y para redondear las dedicatorias te dedico capítulo. Espero que te guste aunque tampoco es nada del otro mundo.
Capítulo 13. The things gradually return to normal, don’t they?
“¿Puede quedarse en casa, entonces? Gracias. Sí, no tengo ningún problema, mi vecina se los puede prestar. Si...Si… Nos vemos mañana, claro, sin falta. Adiós”
Parpadea hasta que consigue abrir los ojos. Oye de lejos la voz de Alan hablando por teléfono. Al parecer se ha quedado dormido en el sofá.
¡Qué vergüenza!
Alan entra en el comedor después de colgar y le sonríe al verlo despierto.
-Buenos días bella durmiente
-Cállate –replica refunfuñando mientras se coloca bien (tiene un malísimo despertar). Alan recoge la manta que le había colocado encima cuando dormía.
-He hablado con tu madre para avisarle de que te quedarás hoy aquí. –explica distraídamente, al ver su mirada interrogante, y añade- le dije que no te encontrabas bien, más vale que no me delates cuando la veas
-Cla-claro, muchas gracias y perdona por quedarme dormido en el sofá
-No hace falta que me pidas perdón, hoy por ti, mañana por mí, ¿no? –parece encontrarse de mejor humor, y es verdad, inexplicablemente Sam consigue hacerle olvidar un poco esa sensación de olvido. Y después de reflexionar decide que ha llegado el momento de hablar con él y ser sincero –tiene muy poco aguante, lo sabe; y se contradice a sí mismo, también-.
Se sienta de nuevo en el sofá con la manta doblada en sus piernas.
Al cabo de unos momentos toma la palabra el rubio.
-Querías saber porque estaba “raro”, ¿no? –y hace el gesto de comillas a la palabra raro. Sam, más despierto y atento, asiente.
-También me preocupo por ti, somos amigos y hasta la fecha solo me has ayudado tú a mí
-Ya bueno, no importa –hace un gesto vago con la mano y continua- te lo contaré. De momento solo dos personas, aparte de mis padres, saben esto. Espero que guardes el secreto- y encima el muy idiota quiere hacer parecer todo menos grave de lo que es con sus gracias.
-Sí, no lo contaré
-Ok, ahí va. Que conste que es un poco chorra y no lo entiendo ni yo mismo. Verás, yo soy adoptado, me adoptaron cuando tenía cinco años –Sam parece bastante sorprendido pero decide no decir nada a eso, solo asiente- como entenderás, con cuatro todavía tenía a mi familia biológica o eso me dijeron, vamos –sonríe con amargura sin mirar directamente a su amigo- el caso es que me quitaron algo cuando vivía con ellos y es tan importante que me traumé o algo porque cada 15 de enero me siento muy mal como si me hubieran hecho muchísimo daño quitándome ese algo y no volviera a estar bien hasta que me lo devuelvan. Yo realmente solo quiero saber que pasó. Y cada quince de enero me encierro en el cuarto a lamentar mi pérdida -hace un gesto burlón hacia sí mismo, como si fuera patético por ello.
Y a Sam eso le molestó.
-No tienes que burlarte de eso, no eres patético, Alan –y su determinación está tan patente en su voz como en su mirada verde por lo que Alan gira la cabeza hacia él.
-Es una tontería
-No lo es, si te hace ese daño tantos años después es que fue muy gordo. Eso que te quitaron de niño era muy importante para ti, y eso es triste, no patético. –hay también tristeza en su voz y en su mirada. –espero que consigas saber lo que te quitaron, de verdad que sí. Incluso si quieres que te ayude –y entonces se calla de golpe, dándose cuenta de un detalle- ostia, ¡perdón Alan! –exclama realmente apenado y poniéndose de pie confundiendo a su amigo. Realmente Sam no deja de sorprenderle, es muy complicado de entender, y esa es una de las cosas que más le llamaron la atención de él- hoy es 15 de enero y yo…yo vengo aquí quejándome de lo mío y molestándote cuando tú querías estar solo. Perdóname –agacha la cabeza aun de pie, sintiéndose muy mal por ser tan egoísta: solo piensa en sí mismo. Alan sufriendo y él pensando que se había dormido e irritándose por eso y… ¡joder! Que egoísta que es y qué mal que se siente.
-No seas tonto –y Alan se levanta también- mírame, anda –y el castaño obedece encontrándose con una mirada llena de afecto.- no me estabas molestando
-Pero…pero tú querías estar solo
-Eso es lo que te dije, pero eso no quiere decir que realmente me guste estar solo
-No lo entiendo- y se ve tan niño con esa cara entre confundida y apenada que Alan se sorprende que tenga diecisiete años. Realmente es un chico extraño, pero eso le gusta también.
Toma aire para contarle eso y no avergonzarse demasiado en el proceso.
-Hay veces que la gente dice que quiere estar sola, pero en realidad quieren decir todo lo contrario. Esas personas son tan cabezotas que no quieren admitir que se sienten mal y que quieren que las acompañen y que las consuelen. Por eso no me enfadó que vinieras, bueno un poco sí- y sonríe- lo que pasa es que yo soy de ese tipo de persona, soy muy cabezota, y tu, aporreando mi puerta y contándome lo que te pasaba, me has hecho ver eso. – se rasca la parte de atrás de la cabeza algo incómodo, mira a un lado y entonces le vuelve a mirar a él- y no se te ocurra contar nada de lo que ha pasado hoy ni lo que te he dicho o te mataré. Yo no soy una nenaza como tu
Y las cosas poco a poco vuelven a la normalidad.
…
-No sé cómo fuiste capaz de contarle eso a Chris, valiente idiota –bromea el castaño, aunque también con cierta curiosidad. Ambos desparramados en el sofá. No puede imaginarse a sí mismo “abriendo” su corazón a Chris.
Alan se carcajea, quizás recordando el momento.
-Fue un cúmulo de muchas cosas. Además, estábamos borrachos. No veas lo que cambia Chris con una botella de tequila y cuatro cervezas, fue hasta comprensivo y todo. Y como a la mañana siguiente nos habíamos ido de la lengua los dos, decidimos fingir que nada había pasado.
Ambos estallaron en carcajadas, y entre las lágrimas Sam recordó algo más.
-Y la otra persona que lo sabe, ¿Quién es? dijiste dos –Alan también paró de reír y le miró con una expresión divertida.
-Ya te la presentaré
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Las cosas han vuelto a la normalidad más o menos, aunque Sam sabe que Alan sigue sintiéndose mal y Alan sabe que Sam sigue con miedo de quien le perseguía.
De todas formas hoy no pueden hacer nada, así que, ¿qué importa? Hay que apañarse solos.
Durante el resto del día vaguean en el sofá y Sam, curioseando por el cuarto de su amigo, que es un cuarto con una cama de matrimonio con un armario empotrado enfrente y mucha ropa por el suelo, descubre que Alan lleva gafas. Es una chorrada y todo eso, pero le ha hecho gracia saberlo.
-Lo que pasa es que normalmente llevo lentillas –le explica mientras recoge la pila de ropa sucia que tiene esparcida.
-Aam –responde ausente el castaño mirando fotos de Alan de niño. En ellas siempre sale con una pareja –sus padres- una mujer rubia con los ojos azules muy guapa y un hombre de cabello castaño claro y ojos también azules, con gafas y una expresión de buenazo. –se ven muy amables- comenta cuando Alan se le acerca para ver que hace.
-Lo son –dice con orgullo – mi padre se llama Matthew y es profesor de matemáticas y mi madre Elisabeth es doctora
-Oh, ¡eres un niño rico! –exclama con burla. El otro gruñe intentando darle un golpe.
-¡No! Tampoco es para tanto
-Sí, seguro que no- replica con burla y ojos inquisidores.
-Idiota –bufa cansino.
-Niño rico –Sam le saca la lengua –me encantaría conocer a estos santos, porque para aguantar a semejante idiota –y Alan le agarra del cuello con un brazo y con el otro rasca su cabeza con fuerza.
-Repítelo, ¡nenaza sentimental!
Y se tiran una buena hora corriendo por la casa, insultándose, pegándose codazos y haciendo el idiota hasta que se cansan y acaban tirados en el sofá de nuevo.
-Eres agotador –murmura Alan cansado.
-Tú que estás viejo –él ciertamente también está cansado.
-Y tú eres un niño pequeño que hay que cuidar
…
Después de cenar a las nueve pizza, porque Alan no tenía ganas de ponerse a cocinar y Sam es capaz de incendiar la cocina intentando freír un huevo, se colocaron en el sofá y vieron la televisión hasta las tantas de la madrugada, que fue cuando Alan con los ojos medio cerrados dictó que era hora de ir a la cama, y tambaleantes cada uno fue a su dormitorio prácticamente sin notar al otro.
Se quedaron dormidos al instante.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------
De entre las sombras el torturador se ha rendido, ha perdido a su presa y sabe que no hay nada más que pueda hacer por hoy. Se refugiará en su guarida a maquinar nuevas formas de infligir miedo y desesperación. Porque como el dijo, el tiempo se había agotado. Le había dado mucho tiempo para prepararse y disfrutar (no que él fuera consciente de ello, pero para el torturador su lógica era válida). Ahora le tocaba pagar por ello. Y solo así la deuda de vida quedaría saldada.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Un coche aparcó en un modesto hostal en Kansas city después de tortuosas horas de viaje. De él surgieron dos figuras, ambos varones bastante altos. Uno de ellos parecía ser el jefe o al menos el que tenía más iniciativa, el otro le seguía como un robot, con un caminar mecánico y sin ganas.
-Ahora que hemos llegado me encargaré de buscarle, tu encárgate de investigar el resto –su voz no era demasiado grave, pero tampoco para nada aguda; parecía la de una persona seria y responsable, más no severa, simplemente parecía constatar un hecho ya de antemano repetido, pero solo para asegurarse.
El otro asintió y ambos se metieron al hostal con dos grande maletas cada uno.
-Espero que nos lleve poco tiempo –suspiró el mismo de antes.
Continuará…
Capítulo 13. The things gradually return to normal, don’t they?
“¿Puede quedarse en casa, entonces? Gracias. Sí, no tengo ningún problema, mi vecina se los puede prestar. Si...Si… Nos vemos mañana, claro, sin falta. Adiós”
Parpadea hasta que consigue abrir los ojos. Oye de lejos la voz de Alan hablando por teléfono. Al parecer se ha quedado dormido en el sofá.
¡Qué vergüenza!
Alan entra en el comedor después de colgar y le sonríe al verlo despierto.
-Buenos días bella durmiente
-Cállate –replica refunfuñando mientras se coloca bien (tiene un malísimo despertar). Alan recoge la manta que le había colocado encima cuando dormía.
-He hablado con tu madre para avisarle de que te quedarás hoy aquí. –explica distraídamente, al ver su mirada interrogante, y añade- le dije que no te encontrabas bien, más vale que no me delates cuando la veas
-Cla-claro, muchas gracias y perdona por quedarme dormido en el sofá
-No hace falta que me pidas perdón, hoy por ti, mañana por mí, ¿no? –parece encontrarse de mejor humor, y es verdad, inexplicablemente Sam consigue hacerle olvidar un poco esa sensación de olvido. Y después de reflexionar decide que ha llegado el momento de hablar con él y ser sincero –tiene muy poco aguante, lo sabe; y se contradice a sí mismo, también-.
Se sienta de nuevo en el sofá con la manta doblada en sus piernas.
Al cabo de unos momentos toma la palabra el rubio.
-Querías saber porque estaba “raro”, ¿no? –y hace el gesto de comillas a la palabra raro. Sam, más despierto y atento, asiente.
-También me preocupo por ti, somos amigos y hasta la fecha solo me has ayudado tú a mí
-Ya bueno, no importa –hace un gesto vago con la mano y continua- te lo contaré. De momento solo dos personas, aparte de mis padres, saben esto. Espero que guardes el secreto- y encima el muy idiota quiere hacer parecer todo menos grave de lo que es con sus gracias.
-Sí, no lo contaré
-Ok, ahí va. Que conste que es un poco chorra y no lo entiendo ni yo mismo. Verás, yo soy adoptado, me adoptaron cuando tenía cinco años –Sam parece bastante sorprendido pero decide no decir nada a eso, solo asiente- como entenderás, con cuatro todavía tenía a mi familia biológica o eso me dijeron, vamos –sonríe con amargura sin mirar directamente a su amigo- el caso es que me quitaron algo cuando vivía con ellos y es tan importante que me traumé o algo porque cada 15 de enero me siento muy mal como si me hubieran hecho muchísimo daño quitándome ese algo y no volviera a estar bien hasta que me lo devuelvan. Yo realmente solo quiero saber que pasó. Y cada quince de enero me encierro en el cuarto a lamentar mi pérdida -hace un gesto burlón hacia sí mismo, como si fuera patético por ello.
Y a Sam eso le molestó.
-No tienes que burlarte de eso, no eres patético, Alan –y su determinación está tan patente en su voz como en su mirada verde por lo que Alan gira la cabeza hacia él.
-Es una tontería
-No lo es, si te hace ese daño tantos años después es que fue muy gordo. Eso que te quitaron de niño era muy importante para ti, y eso es triste, no patético. –hay también tristeza en su voz y en su mirada. –espero que consigas saber lo que te quitaron, de verdad que sí. Incluso si quieres que te ayude –y entonces se calla de golpe, dándose cuenta de un detalle- ostia, ¡perdón Alan! –exclama realmente apenado y poniéndose de pie confundiendo a su amigo. Realmente Sam no deja de sorprenderle, es muy complicado de entender, y esa es una de las cosas que más le llamaron la atención de él- hoy es 15 de enero y yo…yo vengo aquí quejándome de lo mío y molestándote cuando tú querías estar solo. Perdóname –agacha la cabeza aun de pie, sintiéndose muy mal por ser tan egoísta: solo piensa en sí mismo. Alan sufriendo y él pensando que se había dormido e irritándose por eso y… ¡joder! Que egoísta que es y qué mal que se siente.
-No seas tonto –y Alan se levanta también- mírame, anda –y el castaño obedece encontrándose con una mirada llena de afecto.- no me estabas molestando
-Pero…pero tú querías estar solo
-Eso es lo que te dije, pero eso no quiere decir que realmente me guste estar solo
-No lo entiendo- y se ve tan niño con esa cara entre confundida y apenada que Alan se sorprende que tenga diecisiete años. Realmente es un chico extraño, pero eso le gusta también.
Toma aire para contarle eso y no avergonzarse demasiado en el proceso.
-Hay veces que la gente dice que quiere estar sola, pero en realidad quieren decir todo lo contrario. Esas personas son tan cabezotas que no quieren admitir que se sienten mal y que quieren que las acompañen y que las consuelen. Por eso no me enfadó que vinieras, bueno un poco sí- y sonríe- lo que pasa es que yo soy de ese tipo de persona, soy muy cabezota, y tu, aporreando mi puerta y contándome lo que te pasaba, me has hecho ver eso. – se rasca la parte de atrás de la cabeza algo incómodo, mira a un lado y entonces le vuelve a mirar a él- y no se te ocurra contar nada de lo que ha pasado hoy ni lo que te he dicho o te mataré. Yo no soy una nenaza como tu
Y las cosas poco a poco vuelven a la normalidad.
…
-No sé cómo fuiste capaz de contarle eso a Chris, valiente idiota –bromea el castaño, aunque también con cierta curiosidad. Ambos desparramados en el sofá. No puede imaginarse a sí mismo “abriendo” su corazón a Chris.
Alan se carcajea, quizás recordando el momento.
-Fue un cúmulo de muchas cosas. Además, estábamos borrachos. No veas lo que cambia Chris con una botella de tequila y cuatro cervezas, fue hasta comprensivo y todo. Y como a la mañana siguiente nos habíamos ido de la lengua los dos, decidimos fingir que nada había pasado.
Ambos estallaron en carcajadas, y entre las lágrimas Sam recordó algo más.
-Y la otra persona que lo sabe, ¿Quién es? dijiste dos –Alan también paró de reír y le miró con una expresión divertida.
-Ya te la presentaré
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Las cosas han vuelto a la normalidad más o menos, aunque Sam sabe que Alan sigue sintiéndose mal y Alan sabe que Sam sigue con miedo de quien le perseguía.
De todas formas hoy no pueden hacer nada, así que, ¿qué importa? Hay que apañarse solos.
Durante el resto del día vaguean en el sofá y Sam, curioseando por el cuarto de su amigo, que es un cuarto con una cama de matrimonio con un armario empotrado enfrente y mucha ropa por el suelo, descubre que Alan lleva gafas. Es una chorrada y todo eso, pero le ha hecho gracia saberlo.
-Lo que pasa es que normalmente llevo lentillas –le explica mientras recoge la pila de ropa sucia que tiene esparcida.
-Aam –responde ausente el castaño mirando fotos de Alan de niño. En ellas siempre sale con una pareja –sus padres- una mujer rubia con los ojos azules muy guapa y un hombre de cabello castaño claro y ojos también azules, con gafas y una expresión de buenazo. –se ven muy amables- comenta cuando Alan se le acerca para ver que hace.
-Lo son –dice con orgullo – mi padre se llama Matthew y es profesor de matemáticas y mi madre Elisabeth es doctora
-Oh, ¡eres un niño rico! –exclama con burla. El otro gruñe intentando darle un golpe.
-¡No! Tampoco es para tanto
-Sí, seguro que no- replica con burla y ojos inquisidores.
-Idiota –bufa cansino.
-Niño rico –Sam le saca la lengua –me encantaría conocer a estos santos, porque para aguantar a semejante idiota –y Alan le agarra del cuello con un brazo y con el otro rasca su cabeza con fuerza.
-Repítelo, ¡nenaza sentimental!
Y se tiran una buena hora corriendo por la casa, insultándose, pegándose codazos y haciendo el idiota hasta que se cansan y acaban tirados en el sofá de nuevo.
-Eres agotador –murmura Alan cansado.
-Tú que estás viejo –él ciertamente también está cansado.
-Y tú eres un niño pequeño que hay que cuidar
…
Después de cenar a las nueve pizza, porque Alan no tenía ganas de ponerse a cocinar y Sam es capaz de incendiar la cocina intentando freír un huevo, se colocaron en el sofá y vieron la televisión hasta las tantas de la madrugada, que fue cuando Alan con los ojos medio cerrados dictó que era hora de ir a la cama, y tambaleantes cada uno fue a su dormitorio prácticamente sin notar al otro.
Se quedaron dormidos al instante.
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De entre las sombras el torturador se ha rendido, ha perdido a su presa y sabe que no hay nada más que pueda hacer por hoy. Se refugiará en su guarida a maquinar nuevas formas de infligir miedo y desesperación. Porque como el dijo, el tiempo se había agotado. Le había dado mucho tiempo para prepararse y disfrutar (no que él fuera consciente de ello, pero para el torturador su lógica era válida). Ahora le tocaba pagar por ello. Y solo así la deuda de vida quedaría saldada.
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Un coche aparcó en un modesto hostal en Kansas city después de tortuosas horas de viaje. De él surgieron dos figuras, ambos varones bastante altos. Uno de ellos parecía ser el jefe o al menos el que tenía más iniciativa, el otro le seguía como un robot, con un caminar mecánico y sin ganas.
-Ahora que hemos llegado me encargaré de buscarle, tu encárgate de investigar el resto –su voz no era demasiado grave, pero tampoco para nada aguda; parecía la de una persona seria y responsable, más no severa, simplemente parecía constatar un hecho ya de antemano repetido, pero solo para asegurarse.
El otro asintió y ambos se metieron al hostal con dos grande maletas cada uno.
-Espero que nos lleve poco tiempo –suspiró el mismo de antes.
Continuará…
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umi_natori-
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Edad: 18
Localización: Ahora mismo Valencia, mañana quien sabe. EEUU in the future, I hope.
Fecha de inscripción: 08/09/2008
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
XD se te olvido la cita en este con lo q molaan joo
La situacion de hermanos corriendo por la casa mola detallitos q se descubren ta guay el cap a saber quienes son los dos tipos misteriosos y el torturador rendido por hoy Lo veremos en el proximo eiposodio de
Share blood: FIc, o intento de... XDDD
ta guay y bueno aunque me despida asi seguire leyendo y tal osea q dont worry y sigue escribiendo dude you know that i'll read, trust me.
Bye guys!!
La situacion de hermanos corriendo por la casa mola detallitos q se descubren ta guay el cap a saber quienes son los dos tipos misteriosos y el torturador rendido por hoy Lo veremos en el proximo eiposodio de
Share blood: FIc, o intento de... XDDD
ta guay y bueno aunque me despida asi seguire leyendo y tal osea q dont worry y sigue escribiendo dude you know that i'll read, trust me.
Bye guys!!
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¿Cambiar el mundo, o cambiar uno mismo?
Anata ga ii mo akuma demo ii
ai mo meguriaeta kiseki
kienai kisu mo
- Spoiler:

Moegami-
Cantidad de envíos: 91
Edad: 18
Localización: Al Northwest of the peninsula
Fecha de inscripción: 04/09/2008
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Hi! Did you miss me?! XD
Después de un siglo de no pasar por aquí (que ya casi podía hacer como Moe y clamar mi vuelta XD) pos na, más fic, que ya era hora.
Espero que lo disfrutéis y todo eso. Y para mis queridos fans, no os preocupéis que terminaré el fic y no lo dejaré tirado porque no soy una irresponsable
Ahí os va!
Capítulo 14. She is a girl, isn’t she?
Es lunes o martes quizás…bueno, qué importa. Tiene sueño y no le apetece para nada ir a la universidad, sino fuera por que de paso acompañaba a Sam al instituto ni se hubiera molestado en levantarse.
Se rasca la cabeza y bosteza con la boca completamente abierta.
Encima no ha dormido bien.
-Córtate un poquito –musita el quejicoso de su amigo.
-A callar –viene la réplica de inmediato con irritación. Tiene sueño, joder.
Sam decide sabiamente callarse, no es tan temerario como para arriesgar su vida tan temprano. Es conocido por todos los vecinos de Alan la mala leche que se gasta y el mal despertar que tiene.
A un pobre ingrato se le ocurrió poner música a toda pastilla, encima era reggaetón, a las nueve de la mañana. Era un treintañero de fiesta con unos colegas, como tenía pasta y tiempo para malgastar no se preocupó de que alguien viniera a quejarse. Alguno de sus amigotes incluyo se mearon en el portal.
Y Alan que dormía tan tranquilo en su casa se despertó. Fue de golpe, con el grito “el gato voladoooor” y Alan de veras deseó tener un gato para tirárselo por la cabeza al hijo de- que se le había ocurrido meter eso a esas horas y encima ESA MIERDA de…siquiera podía llamar a eso música.
Se levantó sin siquiera ponerse unas zapatillas, peinarse o ponerse ropa, fue en pijama, con legañas en los ojos, los cabellos revueltos e ira líquida fluyendo por sus venas.
Subió hasta el segundo piso y paró ante la puerta de donde procedía ese infernal ruido, había botellas tiradas de mierda que no se podía considerar bebida de verdad, y había un charquito del que no quería ni pensar. Tocó el timbre…no contestaron. Tocó y mantuvo pulsado el timbre hasta que la puerta finalmente se abrió.
El olor a porro fue como una bofetada y el ruido le aturde durante unos segundos. Putos gilipollas.
Le salió un tío tambaleante con una mirada desenfocada y vistiendo ropa hortera. Encima de cabrón era más feo que una mierda.
-Hey –dijo el tipo con una sonrisa borracha y feliz.
-Hey –pura amenaza, y Alan le agarró de la camisa hawaiana y tiró de él hacia fuera, lo empotró contra la pared y le lanzó una mirada de muerte.-quita esa mierda que tienes puesta o te juro que te pegaré tal patada en tu amiguito que te quedarás impotente para toda tu vida. Y te juro que te acordarás de mi –le pegó un empujón y bajó torpemente hacia su piso de nuevo.
La música dejó de sonar de inmediato. Alan se metió en su cama y se durmió de nuevo con una sonrisa feliz.
Por cierto, se peló las clases de la uni de ese día.
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La figura se mueve sigilosa –casi predadoramente- sin quitarle la mirada de encima al par de chicos. A un lado suyo le sigue una figura más alta.
Ambos se mueven con rapidez sin ser detectadas por los dos jóvenes. Aunque más bien la figura pequeña tira de la alta.
Cuando están a pocos pasos de ellos la figura más pequeña se suelta de la mayor y echa a correr con rapidez. Justo en ese momento Sam se daba la vuelta al sentirse observado. Abre los ojos sin detectar muy bien a la figura y grita.
-¡Cuidado!
Pero ya es tarde. Alan está tirado en el suelo con una chica encima que le está aplicando una llave de kárate.
La chica tiene el cabello ondulado rubio y los ojos color verde más oscuro que el de Sam y Alan. Es bastante mona, o eso parecería si no tuviera esa mueca de ira.
Tira de un brazo de Alan y exclama.
-¡Dilo! –y Sam empieza a tener miedo de ella.
-¡No! –responde chillando Alan intentando zafarse del agarre. Es incapaz, y ella retuerce más el brazo.
-¡Dilo!
Chris se coloca a un lado de Sam con los brazos cruzados y una sonrisa. Era la figura alta.
-Lo vas a decir –canturreó burlón. Y Sam no entiende nada, así que se arriesga a preguntarle.
-¿Quién es?
-Una amiga –y que Chris diga amiga suena tan raro que Sam empieza a replantearse la opinión sobre ella. Porque para ser amiga de estos dos, debe de estar loca o ser peor que ellos.
Y no sabe que es peor.
Y los otros dos siguen a lo suyo. Una sucesión de “Dilo” y “no” se suceden hasta que el rubio se acaba por rendir.
-De acuerdo, lo sientooo, perdona por tenerte abandonada.
La chica aprieta el brazo más fuerte.
-Soy un idiota egocéntrico niño de mamá que se mea en la cama
Y ella sonríe y le suelta. Y Sam no sabe si reír u horrorizarse de lo infantiles que pueden llegar a ser estos tipos y empezar a temer llegar a su edad o algo. Entonces la chica se levanta y Sam comprueba que es muy bajita como para haber tener inmovilizado así a Alan. Debe tener un metro sesenta más o menos, es delgada y ágil por el karate que se ve que practica.
Entonces se acerca a Sam con una sonrisa, alza la mano para chocarla.
-Me llamo Phoebe, encantada
-Cuidado Sam, no vaya a ser que la embrujada esta te hechice o algo. –grita el rubio colocándose convenientemente alerta. Entonces mira a Chris con una sonrisa maliciosa- Chris, llama a Piper para que traiga los porros
-Okey dokey –responde Chris con una sonrisa burlona.
-¡Callaos, joder! –Phoebe ha pasado de ser encantadora a la rabia más absoluta. Seguramente la deben tener ya traumada por esa bromita con su nombre.- joder, ¡¡mira que os dije que no fui yo la del Okey Dokey, era Janeth!!
-A nosotros no nos la puedes colar, que oímos tu voz de fumada gritarlo bien alto, así que a callar
-Eso, a callar –los dos se han unido contra el enemigo.
-Aish –suspira ella entonces. Se gira a Sam de nuevo y le vuelve a sonreír.
-Como dije, soy Phoebe, encantada de conocer al amiguito que Alan tanto escondía –y le clava una mirada aguda al decir eso.
-Soy Sam, lo mismo digo –sonríe también y presiente que esa chica le servirá para vengarse alguna vez de su rubio amigo.
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Ha dejado a Sam en el instituto y junto a sus amigos se ha dirigido a clase. Está sentado con la mirada perdida sin atender para nada.
Todavía le ronda por la cabeza el sueño tan raro que ha tenido. Ni que fuera la primera vez, claro, desde pequeño ha tenido sueños raros. Pero éste es realmente raro más que nada por los sentimientos que le evocan.
Se encuentra corriendo, corriendo con rapidez a través de un bosque. Es de día. Su respiración y su pulso están acelerados y se encuentra también muy cansado de tanto correr. Pero no debe parar, lo sabe, no el porqué exactamente, pero sabe que debe correr.
Unos pasos acompañan a los suyos y un sentimiento de confianza le inunda con la presencia del otro.
Aparta una rama que estaba a punto de golpearle en plena clara y aparecen en medio de un claro iluminado levemente por el poco sol que consigue filtrarse entre las hojas de los altos árboles del bosque.
Un aullido rompe el silencio y multitud de pájaros salen volando espantados.
-Está cerca –se oye decir con voz seca respirando algo agitado. La sangre le hierve con expectación. Prepara la pistola que llevaba en su mano y apunta entre los arbustos. –ve con cuidado –y eso va dirigido hacia la otra figura que se limita a asentir y colocarse a un lado de él, también a la expectativa. El aullido se repite, parece furioso, y él sonríe con burla. –eso, acércate más, hijo de puta
Y ahí acababa el sueño. Y era tan raro, como estar viendo una película de suspense y quedarse a la mitad. Y desea saber porqué sueña con esos dos tipos, no sabe como son físicamente ni nada, aunque cree que él es uno de ellos, por más raro todavía que sonara. Y joder si no está confundido.
Y casi cada noche sueña cosas por el estilo. Como capítulos de una misma serie sin sentido.
Entonces gira la cabeza hacia sus dos amigos, Chris ha apoyado la cabeza en sus brazos estirados sobre la mesa, tiene la mirada tan perdida como él y parece estar en un mundo muy lejano al suyo…y feliz... A su lado se encuentra Phoebe, toda concentrada en la clase o eso parecería si no la conociera tan bien y sus ojos algo vidriosos no indicaran lo aburrida que está y el sueño que tiene.
Y contando a Sam, están hechos una panda bien extraña. Y eso no puede alegrarle más.
Tiene trece años y se encuentra en el “aula de convivencia”, el eufemismo del año teniendo en cuenta que es un cuchitril con el material viejo del instituto todo apilado a un lado del aula y además es un aula de castigo. Se encuentra aburrido con la cabeza apoyada en su mano cuando de repente la puerta se abre de un portazo.
-Hey! Tío –es Chris, para variar también castigado. Si a él ya le extrañó que no estuviera cuando él entró. El profesor encargado de vigilarles siquiera les mira, está tan acostumbrado a tenerles aquí ya. Chris parece muy emocionado por algún motivo.- he visto un video, ¡tío, era la ostia! –fue una época en la que Chris tuvo el vicio de decir “tío” todo el día.
-¿De qué iba?
-Me partí el culo, tío. Era una encuesta que hacían a gente de muchos estados donde les preguntaban multitud de cosas y ni uno acertaba. Se titulaba ¿son estúpidos los norteamericanos?
-¿No te resultó ofensivo que nos trataran como idiotas? –eso es lo que más extrañó al rubio. El castaño hizo un gesto vago con una mano.
-Al principio, pero es que luego me partía. A uno le dijeron que cuantos lados tenía un triángulo y adivina qué dijo –no dio tiempo siquiera a que Alan contestara – ¡ninguno! Solo porque la tía que lo dijo estaba buena se lo perdono…
-Aaag, callaos un poco –inquirió una voz mosqueada de repente. Una chica sentada detrás de ellos.
-Tu calla, niña –exclamaron los dos más por costumbre que por otra cosa.
La chica en cuestión, rubia con dos coletas y ojos verdes y vestido azul, se enfureció más de lo que esperaban. Pegó una patada en la espinilla a Chris y le pegó una colleja a Alan.
-Callaos vosotros, cretinos –era efectivamente Phoebe Brings, y Alan no entendía muy bien qué hacía allí castigada si siempre iba sacando buenas notas y nunca decía nada en clase. Si no fuera porque compartían clase y se sentaba enfrente de ellos ni la hubiera notado. Se burlaban siempre de ella recordándole que su nombre era el de una de la serie Charmed. Había veces que se habían colocado delante de la puerta y cuando llegaba gritaban “¡es Phoebe la embrujada, cuidado que os hechiza!”
No se habían reído nada a su costa.
-¿Te han castigado? –y hay burla en la voz de Chris, parece haber olvidado el asunto video rápidamente.
-Sí, ¡que pasa! Ha sido Janeth que hablaba mucho –Alan realmente no pillaba eso de los cambios de actitud tan bruscos, primero se ofende y luego les cuenta su vida. Niñas…
Y a partir de ese día cada vez que eran castigados en el aula de convivencia Phoebe estaba allí. Se acercaba a ellos sin siquiera ser invitada y les contaba sus cosas o comentaba sobre las chorradas que soltaba Chris. A Chris no le importó y a Alan tampoco demasiado. Era una niña, pero una bastante extraña…y a veces les dejaba copiar sus deberes.
Gracias a ella aprobaron historia.
-Pst, pst –gira la cabeza ante el sonido. Se mueve hacia la derecha a la espera de ver a Chris señalándole algo o contándole cualquier chorrada, pero lo que ve es totalmente distinto. Su reflejo en la ventana, y eso no sería para nada extraño si no fuera porque él en esos momentos tiene una cara de sorpresa y su reflejo le devuelve una sonrisa maliciosa con una escopeta entre sus manos.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Dejando de lado a ese par de idiotas…
A banda del perseguidor otro grupo empieza a moverse. Sus intenciones son desconocidas, pero sus métodos sin duda similares.
Ambos se encuentran observando desde un todoterreno la zona universitaria, uno de ellos tiene la mirada perdida –el conductor- es un hombre de rasgos fuertes y prematuramente envejecidos, sus ojos parecen apagados, como si hubiera pasado por mucho. Tiene la nariz respingona y una barba descuidada, los ojos color miel y la piel morena por el sol. El cabello castaño oscuro con unos pocos cabellos veteados de gris. Es un hombre sin duda atractivo pues su expresión apática invitaría a cualquier mujer a acercarse, lo que no quiere decir que él no las espantara después con sus secas palabras.
Tiene una única misión en la vida y la cumplirá por lo más sagrado, que son sus hijos. No hay nada más en su vida.
En el asiento del copiloto se encuentra un hombre algo más joven que el primero, por sus rasgos se adivinaría que son parientes –quizás hermanos- aunque éste sin duda no ha pasado por tanto como el mayor y se le ve con un brillo distinto en la mirada. Sus rasgos son más suaves y la nariz más regordeta, no tan llamativo como el anterior, más bien se ve como una persona totalmente corriente sin nada en particular.
-¿Crees que es aquí? –pregunta el menor rompiendo el silencio al que tanto se ha acostumbrado.
-Ya ha empezado –responde el otro, críptico.
Continuará…
Buenooo, aquí lo tenéis! Espero que haya merecido la pena el tiempo que ha pasado desde la última vez que posteé. Aquí ya sabéis lo que viene, coments y demás XD
Pronto el próximooo!
Saludooos,

Después de un siglo de no pasar por aquí (que ya casi podía hacer como Moe y clamar mi vuelta XD) pos na, más fic, que ya era hora.
Espero que lo disfrutéis y todo eso. Y para mis queridos fans, no os preocupéis que terminaré el fic y no lo dejaré tirado porque no soy una irresponsable
Ahí os va!
Capítulo 14. She is a girl, isn’t she?
Es lunes o martes quizás…bueno, qué importa. Tiene sueño y no le apetece para nada ir a la universidad, sino fuera por que de paso acompañaba a Sam al instituto ni se hubiera molestado en levantarse.
Se rasca la cabeza y bosteza con la boca completamente abierta.
Encima no ha dormido bien.
-Córtate un poquito –musita el quejicoso de su amigo.
-A callar –viene la réplica de inmediato con irritación. Tiene sueño, joder.
Sam decide sabiamente callarse, no es tan temerario como para arriesgar su vida tan temprano. Es conocido por todos los vecinos de Alan la mala leche que se gasta y el mal despertar que tiene.
A un pobre ingrato se le ocurrió poner música a toda pastilla, encima era reggaetón, a las nueve de la mañana. Era un treintañero de fiesta con unos colegas, como tenía pasta y tiempo para malgastar no se preocupó de que alguien viniera a quejarse. Alguno de sus amigotes incluyo se mearon en el portal.
Y Alan que dormía tan tranquilo en su casa se despertó. Fue de golpe, con el grito “el gato voladoooor” y Alan de veras deseó tener un gato para tirárselo por la cabeza al hijo de- que se le había ocurrido meter eso a esas horas y encima ESA MIERDA de…siquiera podía llamar a eso música.
Se levantó sin siquiera ponerse unas zapatillas, peinarse o ponerse ropa, fue en pijama, con legañas en los ojos, los cabellos revueltos e ira líquida fluyendo por sus venas.
Subió hasta el segundo piso y paró ante la puerta de donde procedía ese infernal ruido, había botellas tiradas de mierda que no se podía considerar bebida de verdad, y había un charquito del que no quería ni pensar. Tocó el timbre…no contestaron. Tocó y mantuvo pulsado el timbre hasta que la puerta finalmente se abrió.
El olor a porro fue como una bofetada y el ruido le aturde durante unos segundos. Putos gilipollas.
Le salió un tío tambaleante con una mirada desenfocada y vistiendo ropa hortera. Encima de cabrón era más feo que una mierda.
-Hey –dijo el tipo con una sonrisa borracha y feliz.
-Hey –pura amenaza, y Alan le agarró de la camisa hawaiana y tiró de él hacia fuera, lo empotró contra la pared y le lanzó una mirada de muerte.-quita esa mierda que tienes puesta o te juro que te pegaré tal patada en tu amiguito que te quedarás impotente para toda tu vida. Y te juro que te acordarás de mi –le pegó un empujón y bajó torpemente hacia su piso de nuevo.
La música dejó de sonar de inmediato. Alan se metió en su cama y se durmió de nuevo con una sonrisa feliz.
Por cierto, se peló las clases de la uni de ese día.
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La figura se mueve sigilosa –casi predadoramente- sin quitarle la mirada de encima al par de chicos. A un lado suyo le sigue una figura más alta.
Ambos se mueven con rapidez sin ser detectadas por los dos jóvenes. Aunque más bien la figura pequeña tira de la alta.
Cuando están a pocos pasos de ellos la figura más pequeña se suelta de la mayor y echa a correr con rapidez. Justo en ese momento Sam se daba la vuelta al sentirse observado. Abre los ojos sin detectar muy bien a la figura y grita.
-¡Cuidado!
Pero ya es tarde. Alan está tirado en el suelo con una chica encima que le está aplicando una llave de kárate.
La chica tiene el cabello ondulado rubio y los ojos color verde más oscuro que el de Sam y Alan. Es bastante mona, o eso parecería si no tuviera esa mueca de ira.
Tira de un brazo de Alan y exclama.
-¡Dilo! –y Sam empieza a tener miedo de ella.
-¡No! –responde chillando Alan intentando zafarse del agarre. Es incapaz, y ella retuerce más el brazo.
-¡Dilo!
Chris se coloca a un lado de Sam con los brazos cruzados y una sonrisa. Era la figura alta.
-Lo vas a decir –canturreó burlón. Y Sam no entiende nada, así que se arriesga a preguntarle.
-¿Quién es?
-Una amiga –y que Chris diga amiga suena tan raro que Sam empieza a replantearse la opinión sobre ella. Porque para ser amiga de estos dos, debe de estar loca o ser peor que ellos.
Y no sabe que es peor.
Y los otros dos siguen a lo suyo. Una sucesión de “Dilo” y “no” se suceden hasta que el rubio se acaba por rendir.
-De acuerdo, lo sientooo, perdona por tenerte abandonada.
La chica aprieta el brazo más fuerte.
-Soy un idiota egocéntrico niño de mamá que se mea en la cama
Y ella sonríe y le suelta. Y Sam no sabe si reír u horrorizarse de lo infantiles que pueden llegar a ser estos tipos y empezar a temer llegar a su edad o algo. Entonces la chica se levanta y Sam comprueba que es muy bajita como para haber tener inmovilizado así a Alan. Debe tener un metro sesenta más o menos, es delgada y ágil por el karate que se ve que practica.
Entonces se acerca a Sam con una sonrisa, alza la mano para chocarla.
-Me llamo Phoebe, encantada
-Cuidado Sam, no vaya a ser que la embrujada esta te hechice o algo. –grita el rubio colocándose convenientemente alerta. Entonces mira a Chris con una sonrisa maliciosa- Chris, llama a Piper para que traiga los porros
-Okey dokey –responde Chris con una sonrisa burlona.
-¡Callaos, joder! –Phoebe ha pasado de ser encantadora a la rabia más absoluta. Seguramente la deben tener ya traumada por esa bromita con su nombre.- joder, ¡¡mira que os dije que no fui yo la del Okey Dokey, era Janeth!!
-A nosotros no nos la puedes colar, que oímos tu voz de fumada gritarlo bien alto, así que a callar
-Eso, a callar –los dos se han unido contra el enemigo.
-Aish –suspira ella entonces. Se gira a Sam de nuevo y le vuelve a sonreír.
-Como dije, soy Phoebe, encantada de conocer al amiguito que Alan tanto escondía –y le clava una mirada aguda al decir eso.
-Soy Sam, lo mismo digo –sonríe también y presiente que esa chica le servirá para vengarse alguna vez de su rubio amigo.
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Ha dejado a Sam en el instituto y junto a sus amigos se ha dirigido a clase. Está sentado con la mirada perdida sin atender para nada.
Todavía le ronda por la cabeza el sueño tan raro que ha tenido. Ni que fuera la primera vez, claro, desde pequeño ha tenido sueños raros. Pero éste es realmente raro más que nada por los sentimientos que le evocan.
Se encuentra corriendo, corriendo con rapidez a través de un bosque. Es de día. Su respiración y su pulso están acelerados y se encuentra también muy cansado de tanto correr. Pero no debe parar, lo sabe, no el porqué exactamente, pero sabe que debe correr.
Unos pasos acompañan a los suyos y un sentimiento de confianza le inunda con la presencia del otro.
Aparta una rama que estaba a punto de golpearle en plena clara y aparecen en medio de un claro iluminado levemente por el poco sol que consigue filtrarse entre las hojas de los altos árboles del bosque.
Un aullido rompe el silencio y multitud de pájaros salen volando espantados.
-Está cerca –se oye decir con voz seca respirando algo agitado. La sangre le hierve con expectación. Prepara la pistola que llevaba en su mano y apunta entre los arbustos. –ve con cuidado –y eso va dirigido hacia la otra figura que se limita a asentir y colocarse a un lado de él, también a la expectativa. El aullido se repite, parece furioso, y él sonríe con burla. –eso, acércate más, hijo de puta
Y ahí acababa el sueño. Y era tan raro, como estar viendo una película de suspense y quedarse a la mitad. Y desea saber porqué sueña con esos dos tipos, no sabe como son físicamente ni nada, aunque cree que él es uno de ellos, por más raro todavía que sonara. Y joder si no está confundido.
Y casi cada noche sueña cosas por el estilo. Como capítulos de una misma serie sin sentido.
Entonces gira la cabeza hacia sus dos amigos, Chris ha apoyado la cabeza en sus brazos estirados sobre la mesa, tiene la mirada tan perdida como él y parece estar en un mundo muy lejano al suyo…y feliz... A su lado se encuentra Phoebe, toda concentrada en la clase o eso parecería si no la conociera tan bien y sus ojos algo vidriosos no indicaran lo aburrida que está y el sueño que tiene.
Y contando a Sam, están hechos una panda bien extraña. Y eso no puede alegrarle más.
Tiene trece años y se encuentra en el “aula de convivencia”, el eufemismo del año teniendo en cuenta que es un cuchitril con el material viejo del instituto todo apilado a un lado del aula y además es un aula de castigo. Se encuentra aburrido con la cabeza apoyada en su mano cuando de repente la puerta se abre de un portazo.
-Hey! Tío –es Chris, para variar también castigado. Si a él ya le extrañó que no estuviera cuando él entró. El profesor encargado de vigilarles siquiera les mira, está tan acostumbrado a tenerles aquí ya. Chris parece muy emocionado por algún motivo.- he visto un video, ¡tío, era la ostia! –fue una época en la que Chris tuvo el vicio de decir “tío” todo el día.
-¿De qué iba?
-Me partí el culo, tío. Era una encuesta que hacían a gente de muchos estados donde les preguntaban multitud de cosas y ni uno acertaba. Se titulaba ¿son estúpidos los norteamericanos?
-¿No te resultó ofensivo que nos trataran como idiotas? –eso es lo que más extrañó al rubio. El castaño hizo un gesto vago con una mano.
-Al principio, pero es que luego me partía. A uno le dijeron que cuantos lados tenía un triángulo y adivina qué dijo –no dio tiempo siquiera a que Alan contestara – ¡ninguno! Solo porque la tía que lo dijo estaba buena se lo perdono…
-Aaag, callaos un poco –inquirió una voz mosqueada de repente. Una chica sentada detrás de ellos.
-Tu calla, niña –exclamaron los dos más por costumbre que por otra cosa.
La chica en cuestión, rubia con dos coletas y ojos verdes y vestido azul, se enfureció más de lo que esperaban. Pegó una patada en la espinilla a Chris y le pegó una colleja a Alan.
-Callaos vosotros, cretinos –era efectivamente Phoebe Brings, y Alan no entendía muy bien qué hacía allí castigada si siempre iba sacando buenas notas y nunca decía nada en clase. Si no fuera porque compartían clase y se sentaba enfrente de ellos ni la hubiera notado. Se burlaban siempre de ella recordándole que su nombre era el de una de la serie Charmed. Había veces que se habían colocado delante de la puerta y cuando llegaba gritaban “¡es Phoebe la embrujada, cuidado que os hechiza!”
No se habían reído nada a su costa.
-¿Te han castigado? –y hay burla en la voz de Chris, parece haber olvidado el asunto video rápidamente.
-Sí, ¡que pasa! Ha sido Janeth que hablaba mucho –Alan realmente no pillaba eso de los cambios de actitud tan bruscos, primero se ofende y luego les cuenta su vida. Niñas…
Y a partir de ese día cada vez que eran castigados en el aula de convivencia Phoebe estaba allí. Se acercaba a ellos sin siquiera ser invitada y les contaba sus cosas o comentaba sobre las chorradas que soltaba Chris. A Chris no le importó y a Alan tampoco demasiado. Era una niña, pero una bastante extraña…y a veces les dejaba copiar sus deberes.
Gracias a ella aprobaron historia.
-Pst, pst –gira la cabeza ante el sonido. Se mueve hacia la derecha a la espera de ver a Chris señalándole algo o contándole cualquier chorrada, pero lo que ve es totalmente distinto. Su reflejo en la ventana, y eso no sería para nada extraño si no fuera porque él en esos momentos tiene una cara de sorpresa y su reflejo le devuelve una sonrisa maliciosa con una escopeta entre sus manos.
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Dejando de lado a ese par de idiotas…
A banda del perseguidor otro grupo empieza a moverse. Sus intenciones son desconocidas, pero sus métodos sin duda similares.
Ambos se encuentran observando desde un todoterreno la zona universitaria, uno de ellos tiene la mirada perdida –el conductor- es un hombre de rasgos fuertes y prematuramente envejecidos, sus ojos parecen apagados, como si hubiera pasado por mucho. Tiene la nariz respingona y una barba descuidada, los ojos color miel y la piel morena por el sol. El cabello castaño oscuro con unos pocos cabellos veteados de gris. Es un hombre sin duda atractivo pues su expresión apática invitaría a cualquier mujer a acercarse, lo que no quiere decir que él no las espantara después con sus secas palabras.
Tiene una única misión en la vida y la cumplirá por lo más sagrado, que son sus hijos. No hay nada más en su vida.
En el asiento del copiloto se encuentra un hombre algo más joven que el primero, por sus rasgos se adivinaría que son parientes –quizás hermanos- aunque éste sin duda no ha pasado por tanto como el mayor y se le ve con un brillo distinto en la mirada. Sus rasgos son más suaves y la nariz más regordeta, no tan llamativo como el anterior, más bien se ve como una persona totalmente corriente sin nada en particular.
-¿Crees que es aquí? –pregunta el menor rompiendo el silencio al que tanto se ha acostumbrado.
-Ya ha empezado –responde el otro, críptico.
Continuará…
Buenooo, aquí lo tenéis! Espero que haya merecido la pena el tiempo que ha pasado desde la última vez que posteé. Aquí ya sabéis lo que viene, coments y demás XD
Pronto el próximooo!
Saludooos,
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umi_natori-
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Edad: 18
Localización: Ahora mismo Valencia, mañana quien sabe. EEUU in the future, I hope.
Fecha de inscripción: 08/09/2008
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
El capi genial este mas movidito q los anteriores y ya metiendo 3 personajes de golpe XD
ta genial y bastante entretenido, se desvelan algunas cosas y aparece un nuevo y extraño sueño, sigue por dios no me dejes con la intriga, es como dejar una peli de suspense por la mitad XD
fallitos pos lo tipico pero alguno hay tamos perdiendo practica y lo digo por todos XD
por que, que iba asi separao y seria junto, luego lo de conocida por todos la mala leche no conocido, luego lo de los amigotes q se te fue y pusiste incluyo y era incluso, y pusiste siquiera podia llamar a eso musica y era ni siquiera, cosas asi (pa q veas q lo estudio a fondo XD)
Salu2!! sigue escribiendo aver cuando tengo tiempo yo pal mio q toy petao de examenes XD
ta genial y bastante entretenido, se desvelan algunas cosas y aparece un nuevo y extraño sueño, sigue por dios no me dejes con la intriga, es como dejar una peli de suspense por la mitad XD
fallitos pos lo tipico pero alguno hay tamos perdiendo practica y lo digo por todos XD
por que, que iba asi separao y seria junto, luego lo de conocida por todos la mala leche no conocido, luego lo de los amigotes q se te fue y pusiste incluyo y era incluso, y pusiste siquiera podia llamar a eso musica y era ni siquiera, cosas asi (pa q veas q lo estudio a fondo XD)
Salu2!! sigue escribiendo aver cuando tengo tiempo yo pal mio q toy petao de examenes XD
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Cuanto mas te acerques a la luz, Más grande se volverá tu sombra

Atem-
Cantidad de envíos: 16
Fecha de inscripción: 03/03/2009
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Ya que tu has poesteado el tuyo ya, Moe, pondré yo también el mio. Aunque no es como tu glamuroso final, sino uno más. (Descargo de responsabilidades porque no se en qué estado mental estube para escribir tanta paranoia junta XD)
Espero que os guste a quienes me leáis! Ahí va
Capítulo 15. Who is he, he is me or I am he. What the-
No confíes tu secreto ni al más íntimo amigo; no podrías pedirle
discreción si tú mismo no la has tenido.
Ludwig van Beethoven
-¡¿Qué coñ-?
Su reflejo le hace un gesto de silencio con los dedos y en un parpadeo desaparece y vuelve a verse reflejada su cara de sorpresa.
Chris se mueve a su lado y le mira.
-¿Pasa algo?
Él pega un respingo y niega la cabeza.
-No, nada…-pero su mirada no se ha despegado de la ventana.
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-¿Donde se supone que vamos? –preguntó el castaño por milésima vez desde que Alan le recogiera delante del instituto.
-No seas cansino, Sam –frota sus ojos con cansancio sin despegar la mirada del frente. Mira por el retrovisor para aparcar y por un instante le parece verse de nuevo a sí mismo con esa expresión tan fiera, como de depredador y con una sonrisa lobuna. –se me está yendo la cabeza, no pienso volver a beber nada de lo que me ofrezca Chris
Aparca finalmente el Impala y ambos chicos se bajan del coche, Sam mirando curioso todo a su alrededor, -mas por costumbre que por otra cosa-, y Alan empezando a arrepentirse de traer a Sam con él, no por nada, sino porque se siente muy cansado.
Se encuentran delante de una casa de tres pisos de color amarillo claro, la típica casa de película chick flick de las que Alan tanto se burla, pero ahí vivía él hasta hace pocos meses. Suspira y toma aire.
-Vamos –Sam le sigue como un perrito y Alan desde luego se lo diría solo por ver la cara que pone, pero como ha dicho, está cansado. Toca el timbre tres veces seguidas y espera. Sam se mueve a su lado expectante y con ganas de saber donde le lleva.- es tan crío
La puerta la abre una figura alta totalmente oculta por un periódico abierto. Alan sonríe, porque las cosas siguen igual y ríe.
-Sam aquí el hombre-periódico es mi padre –dice en seguida. Su padre baja el periódico y sigue teniendo esa cara de bonachón y sonríe a Alan y asiente siguiéndole el juego, porque las cosas siempre han sido así.
-Tú debes ser Samuel, ¿verdad? –saluda toda amabilidad y buenos modales.
Ambos chicos fruncen el ceño.
-Mejor Sam, Samuel suena –y el rubio hace un gesto muy explícito con su cara que vale por cualquier cosa que quisiera decir. Matthew entiende, por supuesto.
-Soy Matthew, llámame Matt o como te sientas mas cómodo–permite la entraba a ambos jóvenes y Sam no puede evitar comparar a este hombre con su padre –con el que todavía no se habla- y es francamente aterrador imaginárselos a ambos juntos en una situación cualquiera.
Sam sonríe tímidamente y entra, la cabeza algo gacha sin atreverse a mirar a nadie a los ojos o resultar demasiado curioso.
Alan bufa detrás de él en su oído y Sam pega un respingo, pero Matthew no se entera y se asoma por una puerta a la izquierda a pocos metros de la entrada.
-Cariño, Alan ha venido a vernos con un amigo
La mujer sale en cuanto oye el nombre de su hijo con una sonrisa radiante.
-¡Alan! –le revuelve el cabello toda efusiva y entonces se para delante de Sam con la sonrisa intacta.- tú debes de ser Sam, ¿verdad? Ya tenía ganas de que este hijo mío te trajera a casa, encantada de conocerte al fin Sam, soy Elisabeth –y ha dicho todo esto sin respirar a penas y con una voz dulce llena de sinceridad.-bueno, que hacemos aquí parados, vamos al comedor –exclama de repente y ambos la siguen por un corto pasillo hacia el mencionado comedor.
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En el rato que lleva aquí en casa de Alan ha llegado a la conclusión de que la familia de Alan es mejor que la suya, no en un sentido infantil de que la suya sea horrible, es sencillamente mejor. Ver la interacción entre sus padres, que casi con una mirada se entienden o el cariño que desprende el brillo de sus ojos o lo acogedora que se ve la casa. Se nota que adoran a su hijo y que su hijo les adora también a ellos, es una chorrada pero no sabe porque esperaba que al contarle Alan todo aquello de ser adoptado el trato con sus padres sería distinto. Una tontería, pero no sabe porque pensó así.
Siente algo de envidia también y se siente algo culpable por ello, por que su amigo no tiene la culpa de nada. A él también le gustaría tener esa relación que tiene Alan con su padre, algo que jamás alcanzará con James. Con su madre no tiene quejas, es su madre, le encanta Elisabeth y quiere a su madre, no las compararía nunca.
Son dos familias distintas, eso también lo tiene muy claro.
Y no sabe porque pero se siente fuera de lugar, es como estar detrás de un espejo y ver algo que te es totalmente ajeno. No es como aquella estupidez que ocurrió hace meses con su consecuente escapada a lo novia a la fuga. No, está todo muy claro para él.
Les observa hablar entre ellos con total familiaridad –son familia, ya- y vuelve a recordar como trató su padre a Alan y siente de nuevo vergüenza porque sin duda Alan no merecía ese trato y él tampoco merece que le estén tratando tan bien. ¿Se seguirían comportando igual si supieran como le trató su padre? ¿a su hijo?
A veces odia tener que estar dándole tantas vueltas a las cosas, pero no puede evitarlo. Recuerda vagamente que no llamó a su madre para decirle que se iba con Alan y que seguramente debería hacerlo.
-Hey –pega un pequeño brinco volviendo al mundo real y sonrojándose de vergüenza en el proceso.
-Perdona –la mirada de Alan destila esa preocupación que tanto echa en falta de Josh. Y maldice a su estúpida cabeza por ser tan nenaza. ¿Se me habrá ido la olla definitivamente?
-¿Te pasa algo?
-No, nada –intenta sonreír sin mucho éxito. Excusa, excusa.- es que recordé que no le dije a mi madre que me iba contigo –Alan no parece muy convencido, de todas formas le responde.
-Se lo dije yo, pero podemos irnos en cualquier momento que quieras, eh? Si te aburres o algo
-¡No! – y lo ha dicho demasiado alto porque ahora también le están mirando los padres de su amigo y seguro que piensan que es un bicho raro o algo. El rojo de sus mejillas aumenta. Siente calor, joder, necesita una pared para darse cabezazos contra ella por ser tan patético.
Alan le sigue mirando con el ceño fruncido. Se levanta agarrándole del brazo para levantarlo también.
-Vamos un rato a mi cuarto, ¿vale? Nos quedamos a cenar, mamá, ¿te importa?
-Por supuesto que no me importa. Divertíos chicos
Y hacen mutis por el foro.
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Acaban en el cuarto de Alan: es bastante grande y está lleno de dibujos colgados por las paredes de diferente tipo, tanto dibujos infantiles donde no sabes muy bien que son como más actuales. Hay dibujos como el de un extraño torbellino negro en un folio blanco, dibujos de personas bastante bien hechos y el que más le llama la atención por su “realismo”: representa una casa en llamas o al menos eso parece ya que el fuego sale por lo que parece ser una ventana, hay dibujado un niño pequeño rubio y de ojos verdes enfrente con lágrimas -o eso parece- en sus ojos y las manos como agarrando algo que es como un borrón negro pero que no está definido. Hay también dibujadas ambulancias de colores rojos chillones, un coche negro y una figura alta de pie al lado del coche mirando al niño. Es un dibujo algo extraño para tratarse de uno hecho por un niño, porque la fecha sin duda indica que fue hecho hace quince años o así.
El cuerpo de Alan le tapa la vista del dibujo y sus ojos verdes se clavan en él.
-¿Qué te pasa?
-No es nada, a ti si parece que te pase algo –se limita a decir para salirse de la tangente.
-Sam – hay reprimenda en su voz.
-No es nada, en serio
Alan suspira y Sam cree que habrá un momento en que se canse de lo pesado que debe ser aguantarle y pase de él. Y ese es un pensamiento muy deprimente y patético. Se aparta de él para mirar el dibujo que tanto le llamó la atención.
-¿Y ese dibujo? –pregunta curioso. Alan se gira y mira el dibujo señalado.
-Ah, éste. – ambos se acercan al dibujo- lo hice yo cuando tenía…unos cuatro años o así –y se queda un momento callado mirándole pensativo – se ve que después de que mis padres murieran sufrí un estrés post-traumático y dejé de hablar y los médicos no sabían qué hacer. Entonces un día mi madre me compró un bloc de dibujos y crayones y de golpe empecé a dibujar. Después de dibujar éste –señaló al mencionado –éste –señaló el del torbellino negro –y unos cuantos más –sonrió divertido. Señaló una zona donde había dibujos que representaban seres extraños como lobos, mujeres de pelo negro y vestido blanco con lágrimas en la cara, ojos rojos y amarillos escalofriantes. –hasta que no paré de dibujar todo lo macabro que se me ocurrió no hablé. Dice mamá –y volvió a sonreír- que un día la dibujé a ella, a papá y a mí y entonces le dije “¿te gusta?” y dejé de comportarme como el niño del sexto sentido
-A mi nunca se me ha dado bien dibujar –fue lo único que pudo contestar a eso el castaño. Ambos rieron entonces, igual Sam un poco más histérico que otra cosa, y el estrés del día fue diluyéndose entre las risas.
-Eres tan idiota
No pudo responder a eso, de verdad que no
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-Esta cena es demasiado pastelosa, es peor que ver Cuando Harry conoció a Sally
-¿Pastelosa? – Matthew apartó la mirada del televisor.
-Oh, sí. Absolutamente pastelosa
-Tú nunca has visto Cuando Harry conoció a Sally, Alan –refutó su madre sin apenas mirarle, de tan habituada que estaba a esos temas.
El rubio la miró entonces a ella.
-Lo sé, pero el título es lo suficientemente sugerente, seguro que tú la has visto, Sammy
Y Sam siente que se atraganta, traga saliva con dificultad. Pero hay una respuesta más extraña que la de Sam.
-Hace años que no te escuchaba decir ese nombre- suelta su madre de golpe con sorpresa. El rubio levanta una ceja.
-¿Si? –dice con la boca llena.
-De pequeño solías corretear por toda la casa gritando “Sammy” por todos lados –explica Matt con simpleza recordando esos tiempos.
Hacía escasos días que había traído a Alan a casa y éste había pasado su etapa de dibujos macabros. La pareja estaba absolutamente feliz de que el niño hablara, pero esa falsa sensación de alivio acabó muy pronto.
Matt llegaba de trabajar más pronto de lo habitual ya que su mujer le había dicho que tenía que salir un momento y no podía llevarse a Alan con ella. Ese pequeño de casi-cinco años que era la apuesta a una nueva vida, a una familia.
Cuando entró en la casa lo primero que se encontró fue al pequeño de pie en la puerta con sus grandes ojos verdes abiertos y mirándole. Como un muñeco, como decía su mujer.
-¿Dónde está Sammy? –le había preguntado de golpe con sus vocecita infantil. Matt se había agachado para quedar a su altura dejando la cartera en el suelo.
-¿Quién es Sammy, Alan? –repuso con voz suave, eran pocas las ocasiones donde el niño se dirigía directamente a ellos y debían intentar afianzar su seguridad para que continuara así.
-Sammy –repitió el niño con voz compungida. Tenía una expresión extraña, como triste, asustada, herida; como si se hubiera dado cuenta de algo, así de golpe.
Y era raro porque nunca había mencionado a ese tal Sammy ni siquiera con el médico, no entendía entonces el porqué. ¿Por qué ahora? ¿Un amigo imaginario, quizás?
Matt posó sus grandes manos en los hombros del pequeño para que Alan le dirigiera la mirada de forma directa, era un método que el médico les hacía seguir para que el niño no volviera a retraerse en su mundo como antes y progresara. Bien sabía el castaño que el niño había perdido a su familia a causa de un incendio hacia casi un año y que era un caso difícil. Era un niño con el que debían tener mucha paciencia, pero cada vez que veía la mirada que le dedicaba su mujer al niño se reafirmaba en su elección. Pero ver esa mirada perdida en un niño tan pequeño era duro. Primero había sido la pérdida del habla y la retracción en sí mismo, después pesadillas horribles que lo despertaban gritando, ahora que por fin podía hablar y había dejado de dibujar esos dibujos tan…extraños por no encontrar una mejor definición, le preguntaba qué dónde estaba Sammy.
Aunque él no sabía que hubiera hecho de perder a su mujer y no quería ni pensarlo.
Perder todo a tus padres, tu vida, tu mundo…debía ser desgarrador.
-Sammy –repitió de nuevo sacando a Matthew de sus pensamientos, se apartó del hombre y caminó arrastrando los pies repitiendo una y otra vez ese nombre. Matthew le seguía detrás cuidando que no le pasara nada. Su voz trémula dio paso a las lágrimas y a los gritos desesperados de “Sammy, Sammy”.
No pudo hacer mucho por él más que abrazarle hasta que finalmente el niño cayó dormido totalmente agotado, e impotente la pareja tuvo que presenciar como el niño se rompía a pedazos sin poder hacer nada una y otra vez. Un día dejó de llamar a Sammy y ellos no hablaron nunca más del tema.
-Ah –contesta Alan de repente, ausente. Vuelven a comer y a retomar la conversación, aunque Alan participa menos de lo que había hecho en un primer momento.
Cuando acaban de cenar Alan lleva a Sam a su casa y se dirige de nuevo a la suya.
No hablan durante el trayecto y Sam respeta eso, porque no tienen que estar hablando siempre de lo que les pasa y cuando Alan quiera hablar lo hará, no vale la pena forzar las cosas.
El rubio llega a su apartamento totalmente exhausto por las emociones de todo el día. Frota sus ojos con la mano dejándose caer en su cama.
-Arruiné el día –susurra en el silencio del cuarto. Y cree completamente en ello. No recordaba ya que hacía muchos años había sufrido tanto y ese nombre le tenía intranquilo. – ¿quizás mi padre biológico se llamaba Sam?...no-se refuta a sí mismo. Debe ser otra cosa y le frustra enormemente no poder recodar, las cosas serían más sencillas de ser así.
Se deja caer de espaldas sin siquiera molestarse en apagar la luz. Cuando se trasladó a su piso tuvo –Chris más bien- la magnífica idea de colocar un espejo en el techo encima de su cama, de forma que pudiera verse perfectamente…había comenzado con un broma y ahora resultaba de lo más pesado.
-¿Quien coño eres? –preguntó a su reflejo en el espejo, ese tipo extraño que era él pero a su vez no lo era.
Ese tipo que parecía tan duro, ese tipo que le miraba con una sonrisa burlona que le mosqueaba.
-No te lo puedo decir…todavía no –y fue la primera vez que le hablaba y la cosa resultó más bizarra si cabe. Su voz era la misma que la suya, más o menos, lo que pasa que más ronca y seca. Parecía el típico tío duro.
-¿Por qué?, joder…-se quejó cansado. El reflejo desapareció de nuevo frustrándole.
Sentía que un día de estos explotaría de tanto estrés que tenía acumulado, estaba cansado de ser siempre el que ayudaba a los demás, quien les consolaba, estaba cansado de ser el hermano mayor de todos…por una vez quería ser él el consolado, quería hablar con alguien de sus problemas y recibir consuelo…estaba tan cansado.
-Todo estará bien –se durmió con esa voz –de ese tío- arrullándole en la noche. Le transmitió seguridad y por hoy todo estaría bien.
Continuará…
Bueno, no es de los mejores, pero tocaba ponerlo y mira, ahi quedó. Ahora ha comentar!
Saludooooos,

Espero que os guste a quienes me leáis! Ahí va
Capítulo 15. Who is he, he is me or I am he. What the-
No confíes tu secreto ni al más íntimo amigo; no podrías pedirle
discreción si tú mismo no la has tenido.
Ludwig van Beethoven
-¡¿Qué coñ-?
Su reflejo le hace un gesto de silencio con los dedos y en un parpadeo desaparece y vuelve a verse reflejada su cara de sorpresa.
Chris se mueve a su lado y le mira.
-¿Pasa algo?
Él pega un respingo y niega la cabeza.
-No, nada…-pero su mirada no se ha despegado de la ventana.
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-¿Donde se supone que vamos? –preguntó el castaño por milésima vez desde que Alan le recogiera delante del instituto.
-No seas cansino, Sam –frota sus ojos con cansancio sin despegar la mirada del frente. Mira por el retrovisor para aparcar y por un instante le parece verse de nuevo a sí mismo con esa expresión tan fiera, como de depredador y con una sonrisa lobuna. –se me está yendo la cabeza, no pienso volver a beber nada de lo que me ofrezca Chris
Aparca finalmente el Impala y ambos chicos se bajan del coche, Sam mirando curioso todo a su alrededor, -mas por costumbre que por otra cosa-, y Alan empezando a arrepentirse de traer a Sam con él, no por nada, sino porque se siente muy cansado.
Se encuentran delante de una casa de tres pisos de color amarillo claro, la típica casa de película chick flick de las que Alan tanto se burla, pero ahí vivía él hasta hace pocos meses. Suspira y toma aire.
-Vamos –Sam le sigue como un perrito y Alan desde luego se lo diría solo por ver la cara que pone, pero como ha dicho, está cansado. Toca el timbre tres veces seguidas y espera. Sam se mueve a su lado expectante y con ganas de saber donde le lleva.- es tan crío
La puerta la abre una figura alta totalmente oculta por un periódico abierto. Alan sonríe, porque las cosas siguen igual y ríe.
-Sam aquí el hombre-periódico es mi padre –dice en seguida. Su padre baja el periódico y sigue teniendo esa cara de bonachón y sonríe a Alan y asiente siguiéndole el juego, porque las cosas siempre han sido así.
-Tú debes ser Samuel, ¿verdad? –saluda toda amabilidad y buenos modales.
Ambos chicos fruncen el ceño.
-Mejor Sam, Samuel suena –y el rubio hace un gesto muy explícito con su cara que vale por cualquier cosa que quisiera decir. Matthew entiende, por supuesto.
-Soy Matthew, llámame Matt o como te sientas mas cómodo–permite la entraba a ambos jóvenes y Sam no puede evitar comparar a este hombre con su padre –con el que todavía no se habla- y es francamente aterrador imaginárselos a ambos juntos en una situación cualquiera.
Sam sonríe tímidamente y entra, la cabeza algo gacha sin atreverse a mirar a nadie a los ojos o resultar demasiado curioso.
Alan bufa detrás de él en su oído y Sam pega un respingo, pero Matthew no se entera y se asoma por una puerta a la izquierda a pocos metros de la entrada.
-Cariño, Alan ha venido a vernos con un amigo
La mujer sale en cuanto oye el nombre de su hijo con una sonrisa radiante.
-¡Alan! –le revuelve el cabello toda efusiva y entonces se para delante de Sam con la sonrisa intacta.- tú debes de ser Sam, ¿verdad? Ya tenía ganas de que este hijo mío te trajera a casa, encantada de conocerte al fin Sam, soy Elisabeth –y ha dicho todo esto sin respirar a penas y con una voz dulce llena de sinceridad.-bueno, que hacemos aquí parados, vamos al comedor –exclama de repente y ambos la siguen por un corto pasillo hacia el mencionado comedor.
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En el rato que lleva aquí en casa de Alan ha llegado a la conclusión de que la familia de Alan es mejor que la suya, no en un sentido infantil de que la suya sea horrible, es sencillamente mejor. Ver la interacción entre sus padres, que casi con una mirada se entienden o el cariño que desprende el brillo de sus ojos o lo acogedora que se ve la casa. Se nota que adoran a su hijo y que su hijo les adora también a ellos, es una chorrada pero no sabe porque esperaba que al contarle Alan todo aquello de ser adoptado el trato con sus padres sería distinto. Una tontería, pero no sabe porque pensó así.
Siente algo de envidia también y se siente algo culpable por ello, por que su amigo no tiene la culpa de nada. A él también le gustaría tener esa relación que tiene Alan con su padre, algo que jamás alcanzará con James. Con su madre no tiene quejas, es su madre, le encanta Elisabeth y quiere a su madre, no las compararía nunca.
Son dos familias distintas, eso también lo tiene muy claro.
Y no sabe porque pero se siente fuera de lugar, es como estar detrás de un espejo y ver algo que te es totalmente ajeno. No es como aquella estupidez que ocurrió hace meses con su consecuente escapada a lo novia a la fuga. No, está todo muy claro para él.
Les observa hablar entre ellos con total familiaridad –son familia, ya- y vuelve a recordar como trató su padre a Alan y siente de nuevo vergüenza porque sin duda Alan no merecía ese trato y él tampoco merece que le estén tratando tan bien. ¿Se seguirían comportando igual si supieran como le trató su padre? ¿a su hijo?
A veces odia tener que estar dándole tantas vueltas a las cosas, pero no puede evitarlo. Recuerda vagamente que no llamó a su madre para decirle que se iba con Alan y que seguramente debería hacerlo.
-Hey –pega un pequeño brinco volviendo al mundo real y sonrojándose de vergüenza en el proceso.
-Perdona –la mirada de Alan destila esa preocupación que tanto echa en falta de Josh. Y maldice a su estúpida cabeza por ser tan nenaza. ¿Se me habrá ido la olla definitivamente?
-¿Te pasa algo?
-No, nada –intenta sonreír sin mucho éxito. Excusa, excusa.- es que recordé que no le dije a mi madre que me iba contigo –Alan no parece muy convencido, de todas formas le responde.
-Se lo dije yo, pero podemos irnos en cualquier momento que quieras, eh? Si te aburres o algo
-¡No! – y lo ha dicho demasiado alto porque ahora también le están mirando los padres de su amigo y seguro que piensan que es un bicho raro o algo. El rojo de sus mejillas aumenta. Siente calor, joder, necesita una pared para darse cabezazos contra ella por ser tan patético.
Alan le sigue mirando con el ceño fruncido. Se levanta agarrándole del brazo para levantarlo también.
-Vamos un rato a mi cuarto, ¿vale? Nos quedamos a cenar, mamá, ¿te importa?
-Por supuesto que no me importa. Divertíos chicos
Y hacen mutis por el foro.
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Acaban en el cuarto de Alan: es bastante grande y está lleno de dibujos colgados por las paredes de diferente tipo, tanto dibujos infantiles donde no sabes muy bien que son como más actuales. Hay dibujos como el de un extraño torbellino negro en un folio blanco, dibujos de personas bastante bien hechos y el que más le llama la atención por su “realismo”: representa una casa en llamas o al menos eso parece ya que el fuego sale por lo que parece ser una ventana, hay dibujado un niño pequeño rubio y de ojos verdes enfrente con lágrimas -o eso parece- en sus ojos y las manos como agarrando algo que es como un borrón negro pero que no está definido. Hay también dibujadas ambulancias de colores rojos chillones, un coche negro y una figura alta de pie al lado del coche mirando al niño. Es un dibujo algo extraño para tratarse de uno hecho por un niño, porque la fecha sin duda indica que fue hecho hace quince años o así.
El cuerpo de Alan le tapa la vista del dibujo y sus ojos verdes se clavan en él.
-¿Qué te pasa?
-No es nada, a ti si parece que te pase algo –se limita a decir para salirse de la tangente.
-Sam – hay reprimenda en su voz.
-No es nada, en serio
Alan suspira y Sam cree que habrá un momento en que se canse de lo pesado que debe ser aguantarle y pase de él. Y ese es un pensamiento muy deprimente y patético. Se aparta de él para mirar el dibujo que tanto le llamó la atención.
-¿Y ese dibujo? –pregunta curioso. Alan se gira y mira el dibujo señalado.
-Ah, éste. – ambos se acercan al dibujo- lo hice yo cuando tenía…unos cuatro años o así –y se queda un momento callado mirándole pensativo – se ve que después de que mis padres murieran sufrí un estrés post-traumático y dejé de hablar y los médicos no sabían qué hacer. Entonces un día mi madre me compró un bloc de dibujos y crayones y de golpe empecé a dibujar. Después de dibujar éste –señaló al mencionado –éste –señaló el del torbellino negro –y unos cuantos más –sonrió divertido. Señaló una zona donde había dibujos que representaban seres extraños como lobos, mujeres de pelo negro y vestido blanco con lágrimas en la cara, ojos rojos y amarillos escalofriantes. –hasta que no paré de dibujar todo lo macabro que se me ocurrió no hablé. Dice mamá –y volvió a sonreír- que un día la dibujé a ella, a papá y a mí y entonces le dije “¿te gusta?” y dejé de comportarme como el niño del sexto sentido
-A mi nunca se me ha dado bien dibujar –fue lo único que pudo contestar a eso el castaño. Ambos rieron entonces, igual Sam un poco más histérico que otra cosa, y el estrés del día fue diluyéndose entre las risas.
-Eres tan idiota
No pudo responder a eso, de verdad que no
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-Esta cena es demasiado pastelosa, es peor que ver Cuando Harry conoció a Sally
-¿Pastelosa? – Matthew apartó la mirada del televisor.
-Oh, sí. Absolutamente pastelosa
-Tú nunca has visto Cuando Harry conoció a Sally, Alan –refutó su madre sin apenas mirarle, de tan habituada que estaba a esos temas.
El rubio la miró entonces a ella.
-Lo sé, pero el título es lo suficientemente sugerente, seguro que tú la has visto, Sammy
Y Sam siente que se atraganta, traga saliva con dificultad. Pero hay una respuesta más extraña que la de Sam.
-Hace años que no te escuchaba decir ese nombre- suelta su madre de golpe con sorpresa. El rubio levanta una ceja.
-¿Si? –dice con la boca llena.
-De pequeño solías corretear por toda la casa gritando “Sammy” por todos lados –explica Matt con simpleza recordando esos tiempos.
Hacía escasos días que había traído a Alan a casa y éste había pasado su etapa de dibujos macabros. La pareja estaba absolutamente feliz de que el niño hablara, pero esa falsa sensación de alivio acabó muy pronto.
Matt llegaba de trabajar más pronto de lo habitual ya que su mujer le había dicho que tenía que salir un momento y no podía llevarse a Alan con ella. Ese pequeño de casi-cinco años que era la apuesta a una nueva vida, a una familia.
Cuando entró en la casa lo primero que se encontró fue al pequeño de pie en la puerta con sus grandes ojos verdes abiertos y mirándole. Como un muñeco, como decía su mujer.
-¿Dónde está Sammy? –le había preguntado de golpe con sus vocecita infantil. Matt se había agachado para quedar a su altura dejando la cartera en el suelo.
-¿Quién es Sammy, Alan? –repuso con voz suave, eran pocas las ocasiones donde el niño se dirigía directamente a ellos y debían intentar afianzar su seguridad para que continuara así.
-Sammy –repitió el niño con voz compungida. Tenía una expresión extraña, como triste, asustada, herida; como si se hubiera dado cuenta de algo, así de golpe.
Y era raro porque nunca había mencionado a ese tal Sammy ni siquiera con el médico, no entendía entonces el porqué. ¿Por qué ahora? ¿Un amigo imaginario, quizás?
Matt posó sus grandes manos en los hombros del pequeño para que Alan le dirigiera la mirada de forma directa, era un método que el médico les hacía seguir para que el niño no volviera a retraerse en su mundo como antes y progresara. Bien sabía el castaño que el niño había perdido a su familia a causa de un incendio hacia casi un año y que era un caso difícil. Era un niño con el que debían tener mucha paciencia, pero cada vez que veía la mirada que le dedicaba su mujer al niño se reafirmaba en su elección. Pero ver esa mirada perdida en un niño tan pequeño era duro. Primero había sido la pérdida del habla y la retracción en sí mismo, después pesadillas horribles que lo despertaban gritando, ahora que por fin podía hablar y había dejado de dibujar esos dibujos tan…extraños por no encontrar una mejor definición, le preguntaba qué dónde estaba Sammy.
Aunque él no sabía que hubiera hecho de perder a su mujer y no quería ni pensarlo.
Perder todo a tus padres, tu vida, tu mundo…debía ser desgarrador.
-Sammy –repitió de nuevo sacando a Matthew de sus pensamientos, se apartó del hombre y caminó arrastrando los pies repitiendo una y otra vez ese nombre. Matthew le seguía detrás cuidando que no le pasara nada. Su voz trémula dio paso a las lágrimas y a los gritos desesperados de “Sammy, Sammy”.
No pudo hacer mucho por él más que abrazarle hasta que finalmente el niño cayó dormido totalmente agotado, e impotente la pareja tuvo que presenciar como el niño se rompía a pedazos sin poder hacer nada una y otra vez. Un día dejó de llamar a Sammy y ellos no hablaron nunca más del tema.
-Ah –contesta Alan de repente, ausente. Vuelven a comer y a retomar la conversación, aunque Alan participa menos de lo que había hecho en un primer momento.
Cuando acaban de cenar Alan lleva a Sam a su casa y se dirige de nuevo a la suya.
No hablan durante el trayecto y Sam respeta eso, porque no tienen que estar hablando siempre de lo que les pasa y cuando Alan quiera hablar lo hará, no vale la pena forzar las cosas.
El rubio llega a su apartamento totalmente exhausto por las emociones de todo el día. Frota sus ojos con la mano dejándose caer en su cama.
-Arruiné el día –susurra en el silencio del cuarto. Y cree completamente en ello. No recordaba ya que hacía muchos años había sufrido tanto y ese nombre le tenía intranquilo. – ¿quizás mi padre biológico se llamaba Sam?...no-se refuta a sí mismo. Debe ser otra cosa y le frustra enormemente no poder recodar, las cosas serían más sencillas de ser así.
Se deja caer de espaldas sin siquiera molestarse en apagar la luz. Cuando se trasladó a su piso tuvo –Chris más bien- la magnífica idea de colocar un espejo en el techo encima de su cama, de forma que pudiera verse perfectamente…había comenzado con un broma y ahora resultaba de lo más pesado.
-¿Quien coño eres? –preguntó a su reflejo en el espejo, ese tipo extraño que era él pero a su vez no lo era.
Ese tipo que parecía tan duro, ese tipo que le miraba con una sonrisa burlona que le mosqueaba.
-No te lo puedo decir…todavía no –y fue la primera vez que le hablaba y la cosa resultó más bizarra si cabe. Su voz era la misma que la suya, más o menos, lo que pasa que más ronca y seca. Parecía el típico tío duro.
-¿Por qué?, joder…-se quejó cansado. El reflejo desapareció de nuevo frustrándole.
Sentía que un día de estos explotaría de tanto estrés que tenía acumulado, estaba cansado de ser siempre el que ayudaba a los demás, quien les consolaba, estaba cansado de ser el hermano mayor de todos…por una vez quería ser él el consolado, quería hablar con alguien de sus problemas y recibir consuelo…estaba tan cansado.
-Todo estará bien –se durmió con esa voz –de ese tío- arrullándole en la noche. Le transmitió seguridad y por hoy todo estaría bien.
Continuará…
Bueno, no es de los mejores, pero tocaba ponerlo y mira, ahi quedó. Ahora ha comentar!
Saludooooos,
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umi_natori-
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Localización: Ahora mismo Valencia, mañana quien sabe. EEUU in the future, I hope.
Fecha de inscripción: 08/09/2008
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Gran capitulo, muy entretenido y metiendo mas oscuridades en el pasado de los chicos, genial de verdad, y ademas se empieza a entrever de q serie procede este fic XD
fallitos y tal algun porque que deberia ser por qué y una interrogacion q solo fue final y no inicial, pero poco mas, no me voy a fijar en los fallos si toy entretenido leyendo XD sigue asii
salu2!
fallitos y tal algun porque que deberia ser por qué y una interrogacion q solo fue final y no inicial, pero poco mas, no me voy a fijar en los fallos si toy entretenido leyendo XD sigue asii
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Cuanto mas te acerques a la luz, Más grande se volverá tu sombra

Atem-
Cantidad de envíos: 16
Fecha de inscripción: 03/03/2009
Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
Bueno! Voy a postear, hoy tengo pocas ganas de poner chorradas XD
Así que nada, espero que siga gustando y tal. Aquí descubrimos algo más sobre esos personajes nuevos, no serán tan de relleno como otros que he "creado". Que sinó se llena el fic de personajes tipo Naruto.
Ahí va!!
Capítulo 16. What the others are doing
La mejor manera de cuidarte de tu enemigo es que él no sepa que lo es.
Goehte
Sólo hay que contar con uno mismo, y aún así, no mucho.
Anónimo
El plan es simple, uno vigila, el otro hace el trabajo “de campo”. El más joven del dúo, -dos años más, tampoco que fuera mucho- se llama Charles. Él es quien va a realizar el trabajo de campo, no vale para vigilar en absoluto.
Aunque el trabajo de campo tampoco es que sea de campo exactamente, sino más que nada investigar en los archivos de la biblioteca. Le resultó increíble que Eivan, así se llamaba su compañero y hermano mayor, hubiera descubierto tan rápido a su objetivo.
La cosa se estaba tornando como la serpiente que acaba mordiendo su propia cola, como el símbolo ouroboros. Y rezaba porque todo no acabara tan mal como él creía.
La puerta de la habitación del hotel se abrió y entró por ella su hermano con el rostro impertérrito de siempre.
-Tengo su dirección –soltó nada más quitarse la chaqueta de forma descuidada. El menor levantó la mirada del archivo que estaba leyendo –cogido de la biblioteca- y enarcó una ceja.
-¿Tan rápido?
-Por supuesto –dictó de forma seca, como si fuera ofensivo siquiera dudarlo. Cualquier persona se hubiera sentido ofendida por tal tono de voz, pero Charles estaba más que acostumbrado.
-Ya sabes que tenemos el tiempo limitado, no puedo estar mucho tiempo fuera del trabajo o Julie me matará
-Esa mujer es un demonio –dijo mientras echaba un trago a su cerveza reclinándose en una silla en lo que parecía algo de humor por su parte, aunque extraño y algo fuera de lugar para alguien como él. El otro rió sabiendo que en parte tenía razón, su mujer era todo un carácter, quizás por eso se discutiera tanto con Eivan, el carácter tan autoritario de ese hombre era difícil de aguantar.
-Nada que ver con lo que era antes –se dijo con nostalgia. Recordó entonces a aquel niño sonriente y travieso con el que jugaba de pequeño.
-¿Tu que tal llevas lo demás? –se reclinó en la incómoda silla y clavó sus ojos miel en el otro.
Charles suspiró.
-Lento, demasiado lento. Si tan siquiera todo esto estuviera por ordenador –dijo quejicoso. –de todas formas tenemos suerte de que sea abogado y tenga amigos en departamentos de policía de diversos estados. Creo que haciendo un par de llamadas conseguiré el expediente del caso y a partir de ahí las cosas serán más fáciles
Eivan agarró unos cuantos folios que tenía su hermano en el regazo y los ojeó descuidadamente.
-Atacará pronto –y la idea parecía gustarle bien poco a juzgar por su ceño fruncido –y quiero estar preparado para entonces, por lo pronto sería bueno avisarle
-¿Crees que sería lo mejor? ¿No crees que ya ha pasado por suficiente, acaso quieres destruirle de nuevo la vida? –cortó con dureza. Con Eivan todo era así, iba hacia su objetivo sin pensar en quien podía llevarse por delante.
-No hay otra cosa que podamos hacer, estamos todos marcados y si no lo hago yo lo hará él. Y no pienso permitir que acabemos todos muertos o peor, que escape de nuevo –su postura fue definitiva y tajante, no admitía réplica y Charles no pudo hacer más que suspirar.
Muchas veces había pensado en si las cosas hubieran sido distintas, en lo injusto que era todo esto para él y para su hermano. Él debía estar en casa con su mujer y sus hijos, no aquí revisando archivos y yendo a todas partes con una pistola en su bolsillo. Su hermano tampoco merecía encontrarse en esa situación. El chico merecía seguir ajeno a todo y disfrutando de su vida.
Pero la vida, como había dicho, no era justa.
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Frunció el ceño desaprobadoramente cuando contempló una docena de botellas vacías de cerveza en el asiento trasero del coche.
-No deberías beber tanto –regañó mirándole por el rabillo del ojo.
-Y tu no deberías meterte en mis asuntos –cortó el mayor arrancando el motor del coche. Charles suspiró otra vez y parecía ser lo único que hacía desde que habían llegado aquí.
-Bueno –retomó la palabra al cabo de unos minutos para acabar con ese silencio tan incómodo –tenemos el M.O, la lista de víctimas y a posibles sospechosos que encajen con el perfil.
-¿Recordaste meter a gente conocida de aquellos años?
-Sí, también a gente que tenía motivos para odiarte. Aunque de esos hay demasiados –murmuró con humor, el otro no se dio por aludido y el chiste murió allí.
Condujeron durante unos quince minutos hasta llegar a la zona universitaria de la ciudad. Cuando Eivan aparcó, se dedicó a contemplar a los jóvenes que en esos momentos salían apresurados de los distintos institutos.
El silencio volvió a sumergir el coche. Y Charles al momento pareció caer en algo.
-¿No pretenderás…? –preguntó incrédulo.
-No, solo quiero verlo –y aunque no le miró siquiera y sus palabras fueron muy neutras, para alguien como Charles que lo conocía tanto fue evidente que había algo de emoción en su voz.
-¿Ya le reconocerás? –pero a ésta cuestión no recibió respuesta y decidió también dedicarse a observar.
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-Sí, claro Jeffrey. Ya sé que la petición era extraña…sí, bueno…gracias, gracias…adiós
Y acabó la conversación con un amigo suyo de la universidad. Era de Lawrence como ellos y estaba especializado en la rama de criminología.
-¿Y? –inquirió Eivan.
Charles se dejó caer en la cama del motel.
-Me mandará un fax con el archivo del caso
-Bien –el mayor que ya había preparado una nueva salida, se dirigió hacia la puerta. Antes de salir se giró hacia su hermano –¿te traigo algo?
-Una caja de aspirinas –musitó el menor frotándose las sienes. –y por cierto, Eivan, ¿quien irá a explicarle todo esto al chico?
-Yo. Tú acaba de investigar tu parte –y salió dando un portazo.
Charles suspiró audiblemente.
-Tengo unas ganas de acabar con esta faena –cerró por un momento los ojos y como cada vez que recordaba a qué habían venido aquí le venían a la mente los gritos de un niño y sus súplicas desesperadas que se entremezclaban con las risas de otro niño de unos doce años, siempre con una tirita en su mejilla izquierda y un palo largo en sus manos.
“Corre, Charly. ¡Aquí está la cueva del dragón!”
Eso era un juego infantil, pero ahora se estaba metiendo de lleno en la verdadera cueva.
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Expediente del caso, Frederic Puckin
Después de recibir una llamada a las 20:54 debido a un incendio nos dirigimos a la zona, un barrio residencial de Lawrence (comprobar más datos en un folio anexo). Tardamos 6 minutos y cuando llegamos solo pudimos llegar a notificar la muerte de la mujer de 26 años llamada Mary Schodfield. Las causas de la muerte son desangramiento por apuñalamiento de arma blanca, -no encontrada en la escena-. Suponemos que el fuego pretendía acabar con las pruebas y asesinar a los hijos de la víctima de cuatro y trece meses. El marido de la víctima llegó a casa sobre las 20:00 de la noche y sacó a los niños de la casa…
Charles paró de leer el expediente para mirar a su hermano, éste tenía el rostro inexpresivo de siempre, pero se adivinaba su dolor si observabas sus puños cerrados cuyos nudillos estaban blancos de tanta presión.
-Si quieres…-murmuró tentativamente. Se estaba sintiendo mal hasta él leyendo sobre la muerte de su cuñada. La mirada de Eivan se tornó ceñuda. –ya lo he leído una vez, no es necesario que revisemos más, ¿no?
-Eso es lo malo. Hemos encontrado cuatro casos más aparte de éste, éste fue el comienzo. –empezó a decir señalando el pequeño montón de folios esparcidos en la cama que hablaban de crímenes brutales. –quiero saber porqué empezó con Mary. Si hay algún motivo para que fuera a por ella y si lo hay –su mirada se endureció –la lista de sospechosos se reduciría
-Como estás tan seguro de que…
-Porque le vi –cortó enseguida con ira mal contenida –vi a ese desgraciado saliendo de mi casa
La mirada de Charles no podía expresar más incredulidad.
-¿Le viste? ¿Pero cómo?
-Ese día acabé algo más pronto y me apuré por llegar a casa. Yo…yo le contaba cada día un pequeño cuento antes de dormir y sabía que Mary no quería que se quedara hasta muy tarde esperando a que llegara –paró de hablar muy metido en sus dolorosos recuerdos. Incluso Charles tragó saliva recordando el cariño que su hermano le había tenido a sus hijos.- cuando llegué a casa y llamé a Mary oí unas pisadas en el piso de arriba, pensé que era ella por lo que no me preocupé y fui a la cocina. Pero todas las luces estaban apagadas y me inquieté. De repente oí algo detrás y me giré lo justo para ver como un hombre salía corriendo por la puerta de casa. Lo único que vi claro de él era que era de constitución más pequeña que la mía y creo que tenía el cabello castaño claro, pero estaba todo bastante oscuro –volvió a detener su narración para clavar sus ojos miel en los de su hermano –estoy absolutamente seguro de reconocer algo de él por lo que vi y reducir sospechosos
-De acuerdo –dijo firme el menor. Dejó de lado el expediente detallado de los crímenes y agarró todas las fotografías de las que disponían, que eran pocas ya que el resto debían serles enviadas en breve. –empezaremos con éstas
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Se encuentran de nuevo en el coche observando detenidamente la universidad de Kansas desde hace unos veinte minutos si el reloj de Charles no falla.
Han salido bastantes jóvenes pero Eivan parece no haber reconocido a su objetivo. Y Charles, siendo como es, no pudo evitar decirlo.
-¿Estás seguro…?
-Sí, calla. –espetó secamente Eivan. Tenía la cabeza recargada en el asiento con una petaca en su regazo. Charles le había lanzado miradas llenas de reprimenda pero el otro le había estado ignorado o no se había dado cuenta. Votó por lo primero.
-Y cuando le veamos que
-Shh –soltó el otro incorporándose bien tieso con la mirada clavada en uno de los tantos jóvenes que salían. Sus ojos brillaron por un momento conmocionados. –ahí está
Puso en marcha el coche inmediatamente. Charles que también le había visto se quedó con la boca abierta.
-Es igualito a –pero parecía ser el día de hacer callar a Charles porque tuvo que quedarse con su frase a medias cuando el brazo de Eivan impidió que acabara de hablar.
-Vamos a vigilarle durante unos días –soltó de pronto arrancando del todo el coche y empezando a seguir al joven. –si veo que no corre peligro retrasaré la charla de la que tanto te quejas, pero se lo acabaré explicando todo de un modo u otro
-Bien –repuso el menor aliviado. La verdad es que le había impresionado también a él verle después de tantos años. De lejos no se le apreciaba tan bien, pero él estaba seguro de que esos ojos que tantas noches de insomnio le habían causado seguían allí. Fieros y decididos a defender lo que es suyo. Se preguntó por un momento lo que le diría de reconocerle.
Echándole una ojeada a su hermano pensó también en lo que estaría pensando él de todo esto.
-Ahora que me acuerdo, Eivan –dijo rompiendo (otra vez) el silencio que se había creado en la persecución. –también tendremos que localizar a
-Sí –respondió. –no me hace especial ilusión teniendo en cuenta que seguramente no sabe nada de esto, pero también es posible que vaya a por él
-Joder –bufó el abogado. No pasó por alto el detalle de que a su hermano le diera por hablar más, pero no dijo nada. –también deberemos ponernos a buscarle
-Tengo el número de teléfono de su casa –debido a la mirada sorprendida de su hermano, agregó –estaba en la guía telefónica- soltó como si fuera algo tan simple como ir a tomarse una cerveza a un bar –te encargo a ti localizarle ahora–iba a soltar un “¡¿ya lo has encontrado?!” lleno de conmoción, pero pensándolo bien no era tan raro que lo tuviera todo bien atado. Lo que si le extrañó es que le encargara a él el buscarle.
-¿No quieres ir tu? –se aventuró a decir no sin cierta sorpresa.
Pero en esta ocasión no recibió respuesta.
El joven siguió caminando ignorando totalmente a sus vigilantes. Charles pudo advertir algo raro en él porque cada poco rato observaba aparadores, puertas de viviendas, coches sin dejar de andar y sin ningún motivo que al menos a Charles le resultara normal.
-Que estará haciendo –se preguntó con curiosidad. Entonces le asaltó un pensamiento más alarmista –¿y si sabe que le seguimos?
-Te puedo asegurar que no tiene ni idea de que le siguen –dijo totalmente tranquilo el conductor, su copiloto le miró con suspicacia.
-De todas formas nunca había visto esa forma de andar. Rose y Dereck no han hecho eso nunca y tampoco nadie que conozca
-Eso no tiene nada que ver –soltó algo a la defensiva, pero Charles no quiso en ningún momento atacar la actitud del chico. Y pensándolo bien lo que había dicho tampoco es que tuviera mucho sentido, así que añadió.
-Lo sé, solo me extrañó –y el coche se volvió a quedar en silencio. Eivan jamás encendía la radio. Charles recordó, -no sabía muy bien porqué-, aquellos días en los que tenían 16 y 14 años y cogían “prestado” el coche de su padre con la música a toda potencia. Llenos de adrenalina y excitación.
Continuará…[b]
Particularmente me gusta cómo quedó el capítulo y la caracterización de estos personajes. Pero claro, yo soy quien escribe aquí XD
Probablemente tendrá fallitos por todos lados, pero para eso estan los coments. Pa' que me los digáis. Espero que os haya dejado con ganas de más!
Saludooooos,
Así que nada, espero que siga gustando y tal. Aquí descubrimos algo más sobre esos personajes nuevos, no serán tan de relleno como otros que he "creado". Que sinó se llena el fic de personajes tipo Naruto.
Ahí va!!
Capítulo 16. What the others are doing
La mejor manera de cuidarte de tu enemigo es que él no sepa que lo es.
Goehte
Sólo hay que contar con uno mismo, y aún así, no mucho.
Anónimo
El plan es simple, uno vigila, el otro hace el trabajo “de campo”. El más joven del dúo, -dos años más, tampoco que fuera mucho- se llama Charles. Él es quien va a realizar el trabajo de campo, no vale para vigilar en absoluto.
Aunque el trabajo de campo tampoco es que sea de campo exactamente, sino más que nada investigar en los archivos de la biblioteca. Le resultó increíble que Eivan, así se llamaba su compañero y hermano mayor, hubiera descubierto tan rápido a su objetivo.
La cosa se estaba tornando como la serpiente que acaba mordiendo su propia cola, como el símbolo ouroboros. Y rezaba porque todo no acabara tan mal como él creía.
La puerta de la habitación del hotel se abrió y entró por ella su hermano con el rostro impertérrito de siempre.
-Tengo su dirección –soltó nada más quitarse la chaqueta de forma descuidada. El menor levantó la mirada del archivo que estaba leyendo –cogido de la biblioteca- y enarcó una ceja.
-¿Tan rápido?
-Por supuesto –dictó de forma seca, como si fuera ofensivo siquiera dudarlo. Cualquier persona se hubiera sentido ofendida por tal tono de voz, pero Charles estaba más que acostumbrado.
-Ya sabes que tenemos el tiempo limitado, no puedo estar mucho tiempo fuera del trabajo o Julie me matará
-Esa mujer es un demonio –dijo mientras echaba un trago a su cerveza reclinándose en una silla en lo que parecía algo de humor por su parte, aunque extraño y algo fuera de lugar para alguien como él. El otro rió sabiendo que en parte tenía razón, su mujer era todo un carácter, quizás por eso se discutiera tanto con Eivan, el carácter tan autoritario de ese hombre era difícil de aguantar.
-Nada que ver con lo que era antes –se dijo con nostalgia. Recordó entonces a aquel niño sonriente y travieso con el que jugaba de pequeño.
-¿Tu que tal llevas lo demás? –se reclinó en la incómoda silla y clavó sus ojos miel en el otro.
Charles suspiró.
-Lento, demasiado lento. Si tan siquiera todo esto estuviera por ordenador –dijo quejicoso. –de todas formas tenemos suerte de que sea abogado y tenga amigos en departamentos de policía de diversos estados. Creo que haciendo un par de llamadas conseguiré el expediente del caso y a partir de ahí las cosas serán más fáciles
Eivan agarró unos cuantos folios que tenía su hermano en el regazo y los ojeó descuidadamente.
-Atacará pronto –y la idea parecía gustarle bien poco a juzgar por su ceño fruncido –y quiero estar preparado para entonces, por lo pronto sería bueno avisarle
-¿Crees que sería lo mejor? ¿No crees que ya ha pasado por suficiente, acaso quieres destruirle de nuevo la vida? –cortó con dureza. Con Eivan todo era así, iba hacia su objetivo sin pensar en quien podía llevarse por delante.
-No hay otra cosa que podamos hacer, estamos todos marcados y si no lo hago yo lo hará él. Y no pienso permitir que acabemos todos muertos o peor, que escape de nuevo –su postura fue definitiva y tajante, no admitía réplica y Charles no pudo hacer más que suspirar.
Muchas veces había pensado en si las cosas hubieran sido distintas, en lo injusto que era todo esto para él y para su hermano. Él debía estar en casa con su mujer y sus hijos, no aquí revisando archivos y yendo a todas partes con una pistola en su bolsillo. Su hermano tampoco merecía encontrarse en esa situación. El chico merecía seguir ajeno a todo y disfrutando de su vida.
Pero la vida, como había dicho, no era justa.
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Frunció el ceño desaprobadoramente cuando contempló una docena de botellas vacías de cerveza en el asiento trasero del coche.
-No deberías beber tanto –regañó mirándole por el rabillo del ojo.
-Y tu no deberías meterte en mis asuntos –cortó el mayor arrancando el motor del coche. Charles suspiró otra vez y parecía ser lo único que hacía desde que habían llegado aquí.
-Bueno –retomó la palabra al cabo de unos minutos para acabar con ese silencio tan incómodo –tenemos el M.O, la lista de víctimas y a posibles sospechosos que encajen con el perfil.
-¿Recordaste meter a gente conocida de aquellos años?
-Sí, también a gente que tenía motivos para odiarte. Aunque de esos hay demasiados –murmuró con humor, el otro no se dio por aludido y el chiste murió allí.
Condujeron durante unos quince minutos hasta llegar a la zona universitaria de la ciudad. Cuando Eivan aparcó, se dedicó a contemplar a los jóvenes que en esos momentos salían apresurados de los distintos institutos.
El silencio volvió a sumergir el coche. Y Charles al momento pareció caer en algo.
-¿No pretenderás…? –preguntó incrédulo.
-No, solo quiero verlo –y aunque no le miró siquiera y sus palabras fueron muy neutras, para alguien como Charles que lo conocía tanto fue evidente que había algo de emoción en su voz.
-¿Ya le reconocerás? –pero a ésta cuestión no recibió respuesta y decidió también dedicarse a observar.
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-Sí, claro Jeffrey. Ya sé que la petición era extraña…sí, bueno…gracias, gracias…adiós
Y acabó la conversación con un amigo suyo de la universidad. Era de Lawrence como ellos y estaba especializado en la rama de criminología.
-¿Y? –inquirió Eivan.
Charles se dejó caer en la cama del motel.
-Me mandará un fax con el archivo del caso
-Bien –el mayor que ya había preparado una nueva salida, se dirigió hacia la puerta. Antes de salir se giró hacia su hermano –¿te traigo algo?
-Una caja de aspirinas –musitó el menor frotándose las sienes. –y por cierto, Eivan, ¿quien irá a explicarle todo esto al chico?
-Yo. Tú acaba de investigar tu parte –y salió dando un portazo.
Charles suspiró audiblemente.
-Tengo unas ganas de acabar con esta faena –cerró por un momento los ojos y como cada vez que recordaba a qué habían venido aquí le venían a la mente los gritos de un niño y sus súplicas desesperadas que se entremezclaban con las risas de otro niño de unos doce años, siempre con una tirita en su mejilla izquierda y un palo largo en sus manos.
“Corre, Charly. ¡Aquí está la cueva del dragón!”
Eso era un juego infantil, pero ahora se estaba metiendo de lleno en la verdadera cueva.
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Expediente del caso, Frederic Puckin
Después de recibir una llamada a las 20:54 debido a un incendio nos dirigimos a la zona, un barrio residencial de Lawrence (comprobar más datos en un folio anexo). Tardamos 6 minutos y cuando llegamos solo pudimos llegar a notificar la muerte de la mujer de 26 años llamada Mary Schodfield. Las causas de la muerte son desangramiento por apuñalamiento de arma blanca, -no encontrada en la escena-. Suponemos que el fuego pretendía acabar con las pruebas y asesinar a los hijos de la víctima de cuatro y trece meses. El marido de la víctima llegó a casa sobre las 20:00 de la noche y sacó a los niños de la casa…
Charles paró de leer el expediente para mirar a su hermano, éste tenía el rostro inexpresivo de siempre, pero se adivinaba su dolor si observabas sus puños cerrados cuyos nudillos estaban blancos de tanta presión.
-Si quieres…-murmuró tentativamente. Se estaba sintiendo mal hasta él leyendo sobre la muerte de su cuñada. La mirada de Eivan se tornó ceñuda. –ya lo he leído una vez, no es necesario que revisemos más, ¿no?
-Eso es lo malo. Hemos encontrado cuatro casos más aparte de éste, éste fue el comienzo. –empezó a decir señalando el pequeño montón de folios esparcidos en la cama que hablaban de crímenes brutales. –quiero saber porqué empezó con Mary. Si hay algún motivo para que fuera a por ella y si lo hay –su mirada se endureció –la lista de sospechosos se reduciría
-Como estás tan seguro de que…
-Porque le vi –cortó enseguida con ira mal contenida –vi a ese desgraciado saliendo de mi casa
La mirada de Charles no podía expresar más incredulidad.
-¿Le viste? ¿Pero cómo?
-Ese día acabé algo más pronto y me apuré por llegar a casa. Yo…yo le contaba cada día un pequeño cuento antes de dormir y sabía que Mary no quería que se quedara hasta muy tarde esperando a que llegara –paró de hablar muy metido en sus dolorosos recuerdos. Incluso Charles tragó saliva recordando el cariño que su hermano le había tenido a sus hijos.- cuando llegué a casa y llamé a Mary oí unas pisadas en el piso de arriba, pensé que era ella por lo que no me preocupé y fui a la cocina. Pero todas las luces estaban apagadas y me inquieté. De repente oí algo detrás y me giré lo justo para ver como un hombre salía corriendo por la puerta de casa. Lo único que vi claro de él era que era de constitución más pequeña que la mía y creo que tenía el cabello castaño claro, pero estaba todo bastante oscuro –volvió a detener su narración para clavar sus ojos miel en los de su hermano –estoy absolutamente seguro de reconocer algo de él por lo que vi y reducir sospechosos
-De acuerdo –dijo firme el menor. Dejó de lado el expediente detallado de los crímenes y agarró todas las fotografías de las que disponían, que eran pocas ya que el resto debían serles enviadas en breve. –empezaremos con éstas
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Se encuentran de nuevo en el coche observando detenidamente la universidad de Kansas desde hace unos veinte minutos si el reloj de Charles no falla.
Han salido bastantes jóvenes pero Eivan parece no haber reconocido a su objetivo. Y Charles, siendo como es, no pudo evitar decirlo.
-¿Estás seguro…?
-Sí, calla. –espetó secamente Eivan. Tenía la cabeza recargada en el asiento con una petaca en su regazo. Charles le había lanzado miradas llenas de reprimenda pero el otro le había estado ignorado o no se había dado cuenta. Votó por lo primero.
-Y cuando le veamos que
-Shh –soltó el otro incorporándose bien tieso con la mirada clavada en uno de los tantos jóvenes que salían. Sus ojos brillaron por un momento conmocionados. –ahí está
Puso en marcha el coche inmediatamente. Charles que también le había visto se quedó con la boca abierta.
-Es igualito a –pero parecía ser el día de hacer callar a Charles porque tuvo que quedarse con su frase a medias cuando el brazo de Eivan impidió que acabara de hablar.
-Vamos a vigilarle durante unos días –soltó de pronto arrancando del todo el coche y empezando a seguir al joven. –si veo que no corre peligro retrasaré la charla de la que tanto te quejas, pero se lo acabaré explicando todo de un modo u otro
-Bien –repuso el menor aliviado. La verdad es que le había impresionado también a él verle después de tantos años. De lejos no se le apreciaba tan bien, pero él estaba seguro de que esos ojos que tantas noches de insomnio le habían causado seguían allí. Fieros y decididos a defender lo que es suyo. Se preguntó por un momento lo que le diría de reconocerle.
Echándole una ojeada a su hermano pensó también en lo que estaría pensando él de todo esto.
-Ahora que me acuerdo, Eivan –dijo rompiendo (otra vez) el silencio que se había creado en la persecución. –también tendremos que localizar a
-Sí –respondió. –no me hace especial ilusión teniendo en cuenta que seguramente no sabe nada de esto, pero también es posible que vaya a por él
-Joder –bufó el abogado. No pasó por alto el detalle de que a su hermano le diera por hablar más, pero no dijo nada. –también deberemos ponernos a buscarle
-Tengo el número de teléfono de su casa –debido a la mirada sorprendida de su hermano, agregó –estaba en la guía telefónica- soltó como si fuera algo tan simple como ir a tomarse una cerveza a un bar –te encargo a ti localizarle ahora–iba a soltar un “¡¿ya lo has encontrado?!” lleno de conmoción, pero pensándolo bien no era tan raro que lo tuviera todo bien atado. Lo que si le extrañó es que le encargara a él el buscarle.
-¿No quieres ir tu? –se aventuró a decir no sin cierta sorpresa.
Pero en esta ocasión no recibió respuesta.
El joven siguió caminando ignorando totalmente a sus vigilantes. Charles pudo advertir algo raro en él porque cada poco rato observaba aparadores, puertas de viviendas, coches sin dejar de andar y sin ningún motivo que al menos a Charles le resultara normal.
-Que estará haciendo –se preguntó con curiosidad. Entonces le asaltó un pensamiento más alarmista –¿y si sabe que le seguimos?
-Te puedo asegurar que no tiene ni idea de que le siguen –dijo totalmente tranquilo el conductor, su copiloto le miró con suspicacia.
-De todas formas nunca había visto esa forma de andar. Rose y Dereck no han hecho eso nunca y tampoco nadie que conozca
-Eso no tiene nada que ver –soltó algo a la defensiva, pero Charles no quiso en ningún momento atacar la actitud del chico. Y pensándolo bien lo que había dicho tampoco es que tuviera mucho sentido, así que añadió.
-Lo sé, solo me extrañó –y el coche se volvió a quedar en silencio. Eivan jamás encendía la radio. Charles recordó, -no sabía muy bien porqué-, aquellos días en los que tenían 16 y 14 años y cogían “prestado” el coche de su padre con la música a toda potencia. Llenos de adrenalina y excitación.
Continuará…[b]
Particularmente me gusta cómo quedó el capítulo y la caracterización de estos personajes. Pero claro, yo soy quien escribe aquí XD
Probablemente tendrá fallitos por todos lados, pero para eso estan los coments. Pa' que me los digáis. Espero que os haya dejado con ganas de más!
Saludooooos,
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umi_natori-
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Re: Share blood. (Fic o intento de XD)
buuen capi si q deja con ganas de mas, diria q se me alargan los dientes pero esq uno ta jodido XD
Mola se me asemejan a los personajes de Dean y Sam pero con otro caracter, dos tios vigilando y buscando informacion porque algo va aatacar y que han sufrido sucesos extraños. mola mola quiero maaaaaas XD
por cierto un fallo q tienes q he mirao y tienes muchas veces en los capis esq no distingues muy bien los por ques
aver si una clase de Atem sirve XD
Por qué --> es la union de la preposicion por y el qué interrogativo, sirve para cualkier pregunta
Ej: ¿Por qué has hecho eso? No se por qué has hecho eso.
porque --> para las respuestas es una conjuncion causal
Ej: Me enfadé porque no me avisaron.
porqué --> es un sustantivo que significa motivo y lleva con el determinantes
Ej: No se el porqué de la situación
Por que --> es la union de la preposicion por y el relativo que. equivale a el que, lo que, a el que...
Ej: la carretara por que pasamos
Hasta aki mi clase XD estudiad chicooos XD
Salu2!
Mola se me asemejan a los personajes de Dean y Sam pero con otro caracter, dos tios vigilando y buscando informacion porque algo va aatacar y que han sufrido sucesos extraños. mola mola quiero maaaaaas XD
por cierto un fallo q tienes q he mirao y tienes muchas veces en los capis esq no distingues muy bien los por ques
aver si una clase de Atem sirve XD
Por qué --> es la union de la preposicion por y el qué interrogativo, sirve para cualkier pregunta
Ej: ¿Por qué has hecho eso? No se por qué has hecho eso.
porque --> para las respuestas es una conjuncion causal
Ej: Me enfadé porque no me avisaron.
porqué --> es un sustantivo que significa motivo y lleva con el determinantes
Ej: No se el porqué de la situación
Por que --> es la union de la preposicion por y el relativo que. equivale a el que, lo que, a el que...
Ej: la carretara por que pasamos
Hasta aki mi clase XD estudiad chicooos XD
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Cuanto mas te acerques a la luz, Más grande se volverá tu sombra

Atem-
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